El fin de un ciclo: en la hora y con ayuda del VAR

por Daniel Buquet (*)

La derrota del Frente Amplio era previsible por el deterioro de los indicadores económicos y la inseguridad creciente, pero los partidos tradicionales no lograron capitalizar su retroceso

 

El domingo 24 de noviembre, el candidato del Partido Nacional Luis Lacalle Pou triunfó sobre el oficialista Daniel Martínez por un estrecho margen. Tan estrecho que la proclamación oficial deberá esperar que se contabilice un pequeño conjunto de votos “observados” (1,5% del total). El resultado, que pone fin a un ciclo de quince años de gobiernos de izquierda en Uruguay, no es nada sorprendente, pero no se esperaba que fuera tan ajustado, al punto que el partido derrotado lo celebró como si fuera una victoria. Aparentemente, unas declaraciones de último momento y muy inconvenientes del candidato de la extrema derecha, convocando a los militares a votar a Lacalle, habrían producido un pequeño vuelco favorable para el candidato del Frente Amplio, aunque insuficiente para revertir el resultado.

¿Podría haber ganado el Frente Amplio? Tal vez, pero ya desde hace algún tiempo todo indicaba que iba a perder. En primer lugar, porque en las democracias sanas hay alternancia y el FA llevaba ya tres periodos consecutivos de gobierno. En segundo lugar, porque diversos indicadores económicos y sociales empezaron a mostrar señales negativas durante el último periodo de gobierno de la izquierda; cierto estancamiento económico y, sobre todo, incremento del desempleo. Finalmente, porque la inseguridad pública se ha vuelto crecientemente la principal preocupación ciudadana y el FA no ha logrado mostrarse efectivo en su combate.

Pero el retroceso del FA no fue capitalizado por los partidos tradicionales, a los que había desplazado del poder en 2005. De hecho, todos los partidos con representación legislativa sufrieron pérdidas, aunque de diversa magnitud. No sólo blancos y colorados perdieron votos, también otros dos pequeños partidos, uno a la izquierda y otro a la derecha del FA. El descontento con el gobierno se combinó con un descontento con el sistema, que condujo al sorpresivo suceso de un nuevo partido de ultraderecha que llevó como candidato al último comandante en jefe del ejército. Aunque la estabilidad del sistema político uruguayo se destaca en el mundo, también sufre los impactos de la creciente desconfianza en la política y los políticos. El resultado es el parlamento más fragmentado en la historia del país, que se transforma en el principal problema del nuevo gobierno.

El cambio de gobierno va a implicar una inflexión en la orientación de las políticas públicas, que mostrarán seguramente un moderado giro a la derecha. Pero, para llevarlo adelante, el presidente electo deberá concretar la coalición de gobierno“ multicolor” que pregonó durante toda la campaña, a partir de la alianza electoral que lo llevó a la victoria. Su principal aliado es el Partido Colorado, el otro partido tradicional uruguayo con quien los blancos ya han gobernado juntos. Pero a diferencia de aquellos gobiernos, ambos partidos no alcanzan la mayoría legislativa y deberán necesariamente incluir al nuevo partido de ultra derecha. Por el momento no resulta claro en qué condiciones el general Manini, a pesar de haberlo apoyado electoralmente, estará dispuesto a integrar el gobierno.

El principal obstáculo para lograr un acuerdo firme es el abultado déficit fiscal de cinco puntos del PIB que deberán reducir. No resultará fácil lograrlo si se tiene en cuenta el acuerdo muy genérico firmado por los socios de la coalición electoral que sostiene que no habrá ningún “retroceso” en materia social. El presidente electo tendrá que lograr acuerdos más específicos con los otros dos partidos en diversos aspectos. El plan es incluir todas las medidas acordadas en un único proyecto de ley que será promovido bajo la forma constitucional de “urgente consideración”, que le da al Parlamento un plazo perentorio de 90 para su tratamiento. Pero no será simple conjugar visiones que tienen tonos claramente liberales en lo económico con otras que se muestran más progresistas y estatistas y otras más que tienen acentos conservadoras y nacionalistas. Habrá que hilar muy fino en muy poco tiempo. Tal vez algunos hilos se rompan.

 

(*) Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República 

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