La era de los votantes fidelizados

por Ernesto Calvo, Marcelo Escolar y Andrés Snitcofsky

La suba de 10 puntos de Macri entre las primarias y las generales, obedeció más al aporte de los que abandonaron a los candidatos que habían elegido antes que a los nuevos votantes

Decía un colega hace algunos años que Argentina, como la Guerra de las Galaxias, tiene Frentes, Alianzas, Consensos, Movimientos, Propuestas, pero no partidos. En efecto, hace veinte años que el peronismo no compite bajo la etiqueta Partido Justicialista en una elección presidencial. Han pasado cinco elecciones desde que la UCR usó la venerable lista 3 en su boleta, cuando la profunda crisis de la Alianza le dio a Leopoldo Moreau tan sólo un 2,3% de los votos. El último presidente electo en una boleta partidaria fue Carlos Menem en 1995, y difícilmente veamos por muchos años otro presidente electo que no pertenezca a una coalición. Sin embargo, la lógica partidaria tiene una salud envidiable. Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner, Mauricio Macri y Miguel A. Pichetto, los candidatos que concentraron la amplia mayoría del voto ciudadano, suman más de cien años de experiencia política, pasando por los cargos que más peso tienen en Argentina, incluyendo ejecutivos nacionales, provinciales, jefatura de Gabinete y media docena de cargos legislativos. La fluidez de las alianzas electorales contrasta con la estabilidad de los espacios políticos, así como también con la longevidad de mucha de su dirigencia, algo novedoso en la política altamente competitiva de la Argentina en donde la supervivencia política ha sido siempre un lujo para pocos. Esto es aún más llamativo si consideramos el estado de la economía en los últimos años.

Lo mismo observamos del lado de los votantes, quienes muestran una consistencia notable en sus preferencias cuando las élites migran de coalición a coalición. Cambian las etiquetas, hay acuerdo entre nuevos socios y, sin embargo, la suma de las partes en cada espacio tiene una mayor estabilidad en votos que lo esperado por parte de las élites. Cuando Pichetto migró a Cambiemos, no hay votos del peronismo que lo acompañen. Cuando Moreau migró al FpV, fue aceptado por la nueva tribu y denostado por la que dejó. Quizá esta estabilidad política es un espejismo, listo a desvanecerse cuando el impacto de la crisis económica termine de hacerse presente. Por ahora, sin embargo, el voto de Cambiemos y del Frente de Todos en el 2019 se parece social, ideológica y territorialmente al voto de Cambiemos y del FpV en el 2015. La gran diferencia en esta elección fue la unidad del peronismo y no la migración de votos.

En el balotaje de la segunda vuelta del 2015, Daniel Scioli obtuvo un 48,66% de los votos, Alberto Fernández, por su parte, obtuvo un 47,79% de los votos en las PASO y posiblemente termine un punto por arriba de esos valores en el escrutinio definitivo de esta elección. El peronismo unido, en sus últimas tres elecciones (balotaje 2015, PASO 2019 y general 2019), obtuvo básicamente el mismo total de votos. Cambiemos, por su parte, obtuvo un 30,15% del voto en las PASO del 2015 y un 31,80% de los votos en las PASO de este año, mostrando que su base electoral está altamente fidelizada a pesar de la gravedad de los datos económicos. Dado que en las encuestas un 85% de los votantes reportan que este año su situación económica personal es peor que la de un año atrás, en el mejor de los casos la mitad del voto por el oficialismo la está pasando mal.

Entre las PASO de este año y la elección general, por lo tanto, lo único que cambio en el voto es la decisión estratégica de muchos votantes no cambiemitas de votar por su “segunda” opción, Mauricio Macri, para forzar un balotaje. Dado que llegar a una instancia definitoria requería que Alberto Fernández estuviera por debajo de 45% de los votos y que Mauricio Macri quedara a menos de diez puntos de distancia, gran parte del voto que prefirió a Macri sobre Fernández cambio de mano entre las elecciones PASO y la elección general. Entre el voto de terceras fuerzas que prefiere a Fernández antes que a Macri, sin embargo, votar a su partido preferido no alteraba el resultado final de la elección, por lo que votaron en forma sincera.

 

Para muestra basta un consenso

Para decirlo en pocas palabras, el votante de terceras fuerzas cuya preferencia era Macri antes que Fernández votó por el balotaje. El ejemplo más elocuente de este cambio es Consenso Federal, que según nuestros estimados perdió un 32% de votos que migraron hacia la fórmula de Cambiemos. Como contraparte, nuestros estimados del voto que la candidatura de Lavagna cedió a Fernández es básicamente cero.

 

 

Es decir, el voto que se fue de Lavagna busco forzar un balotaje mientras que no hubo votantes de Lavagna que migraron a Alberto Fernández. Esto se repitió en la mayoría de las terceras fuerzas, las que migraron en mucho mayor medida hacia Macri en lo que, a nuestro juicio, es un cambio estratégico. Aun cuando mucho se argumentó que el aumento de Macri podía ser explicado por el ingreso de nuevos votantes, la Figura 1 muestra que, si bien la participación aumentó más de 4 puntos, de 76,4% a 80,8% de los votantes, el voto Blanco/Nulo/Ausente se distribuyó en forma similar al resultado general de la elección.

Es decir, la ampliación del número de votantes no favoreció a Cambiemos. Sin embargo, vemos una mucha mayor transferencia del voto de terceras fuerzas a Mauricio Macri, lo que explica el aumento de alrededor de 10 puntos entre las dos elecciones.

La estrategia de Cambiemos de #SiSePuede logró capturar un número importante de votos para esta elección general, y sus consecuencias no son menores. Muchos pensaran que el esfuerzo fue en vano y que la elección ya estaba definida. Basta mirar la composición del Congreso para darse cuenta que esos nuevos 10 puntos son la diferencia entre tener paridad entre los bloques legislativos y no tenerla. El aumento de votos para Cambiemos ha cambiado la composición del Congreso, dado que el corte de boleta ha sido muy inferior al cambio en intención de voto. Como resultado, el peronismo tendrá que negociar con la oposición para poder implementar mucha de la legislación que será necesaria en este tiempo de crisis. La era del votante fidelizado es también la era de la grieta, de la paridad legislativa y del conflicto permanente. El #SiSePuede ha cambiado la composición del Congreso y asegurado que las negociaciones van a ser intensas y difíciles. En la era del voto fidelizado, la polarización en la elección general en lugar del balotaje, deja un Congreso con bloques grandes pero conflictivos. Veremos si tanto el Frente de Todos como Cambiemos logran sobrevivir unidos a los tiempos que se avecinan.

 

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Nota técnica sobre inferencia ecologica

La Inferencia Ecológica describe distintas estrategias de estimación de cambio de preferencias individuales a partir de datos agregados. En nuestro caso, implementamos el modelo de inferencia ecológica de King, Rosen y Tanner (https://gking.harvard.edu/files/gking/files/ecinf04.pdf). Para el análisis utilizamos los datos del escrutinio provisorio de las PASO 2019 a nivel de mesa y el escrutinio provisorio de la elección General 2019. Utilizamos en ambos casos el escrutinio provisorio, para asegurar consistencia en los errores de ambas bases de datos, y eliminamos mesas con claros errores de carga, tales como aquellas mesas con más votos que electores o con una suma de votos menor a 10 votos válidos. Luego de eliminar esas mesas de la muestra, el análisis comparó 92,751 mesas con votos a las fórmulas presidenciales en las PASO y en la Elección General. Votos Blancos, Nulos y no votos fueron computados en ambas elecciones del mismo modo, sustrayendo el voto de las listas del total de electores. El modelo de transferencias produce una Tabla de 11 (PASO) x 7 (General) transferencias de votos. Los intervalos de confianza son omitidos de la presentación.

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