El padre, el hijo y el movimiento obrero

por Pedro Fernández (*)

Nos encontramos frente a la mejor oportunidad de generar un crecimiento en la institución sindical sin precedentes en las últimas décadas

 

La inseparable unión de la Santísima Trinidad dada por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo es uno de los pilares fundamentales de la religión católica.

Sin temor a equivocarnos podemos hacer una extrapolación política y afirmar que la unión entre Juan Domingo Perón, Evita y el movimiento obrero es un vínculo indisoluble que se forjó entre los años ’40 y ’70 y que perdura hasta hoy. A pesar de los cambios circunstanciales de los líderes del peronismo, será una página imborrable de la Historia Argentina.

Las instituciones políticas y gremiales son dinámicas y muchísima agua ha corrido bajo el puente desde los años señalados a la actualidad.

Así, desde la muerte de Perón y Evita, el sindicalismo argentino ha sorteado mil vicisitudes, incluidos los procesos militares tan nefastos que vivió el país.

Su poderío, casi intacto, se reacomodó a partir de 1983 con la vuelta de la democracia, pero la necesaria figura de un líder no encontró en el candidato a Presidente de entonces, Italo Luder, el referente que el movimiento obrero esperaba.

Más aún, ni Carlos Saúl Menem, ganando por el peronismo y con doble período de Gobierno, pudo estar ni cerca de conquistar el corazón de los popes sindicales.

El paso fugaz pero estabilizador de Eduardo Duhalde puso en escena nuevamente a un esperado peronista al poder, quien además venía acompañado de una esposa militante, con experiencia política y excelente oratoria. No obstante, “Chiche” Duhalde fue una figura fuerte en lo provincial como primera dama del Ejecutivo bonaerense pero opacada a nivel nacional. Néstor Kirchner vuelve a poner a la maquinaria peronista en funcionamiento pleno. Un Presidente justicialista elegido por el pueblo con una primera dama carismática y con un sindicalismo peronista sin reciclado de dirigentes, pero con renovadas voluntades de protagonismo político-sindical. La vieja trilogía parece sellar nuevamente la alianza eterna.

Pero Néstor no fue Perón ni Cristina, Evita.Y su mandato solo duró un período.

La coronación de Cristina Fernández como Presidente permitió por un tiempo continuar el romance con inversión de roles.

Pero la muerte del líder santacruceño lo cambia todo en poco tiempo.

El Secretario General de la CGT rompe con el alineamiento a Cristina y con ello vuelve a fracturarse la“ sagrada trilogía” y el movimiento obrero se encuentra nuevamente sin un referente político que le marque el liderazgo.

Unidad Ciudadana fue el nuevo sello de Cristina y el sindicalismo argentino, desorientado y sin un referente político incuestionado, miraba con desolación la pérdida nuevamente del padre y del hijo. Perón, Evita y Néstor muertos, y Cristina abandonan do el partido histórico.

Luego, vuelve a perder el peronismo dividido y un Gobierno no justicialista en manos de Mauricio Macri asume el poder.

El movimiento obrero vuelve a crujir y al poco tiempo la conducción de la CGT recae en cabeza de tres dirigentes sindicales mientras que la oposición también se fractura produciendo la dispersión del movimiento justicialista.

A poco de terminar el mandato macrista con una derrota en las urnas, y fundamentalmente en la economía, el sindicalismo sigue estupefacto frente a la tamaña crisis económica y política sin encontrar liderazgos, ni siquiera tibios.

El peronismo gana nuevamente el poder. Una nueva oportunidad nos pone frente a un viejo desafío.

Basados en el hecho de que Perón y Evita seguirán vivos por siempre en el corazón de muchos, pero que están ausentes por defunción en la vida política argentina, es momento de que nazca una nueva dirigencia gremial que se autoreferencie y cuyo máximo líder pertenezca al propio espacio gremial. Que se mueva con independencia y sin fanatismos en la defensa de los derechos de los trabajadores argentinos, con miradas modernas y razonables frente a los enormes cambios sufridos por el trabajo de este siglo.

Nos encontramos frente a la mejor oportunidad de generar un crecimiento en la institución sindical sin precedentes en las últimas décadas.

Ojalá nuestros dirigentes tengan la grandeza y la madurez que requieren los nuevos tiempos.

 

(*) Secretario General de APOC Provincia de Buenos Aires

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