Reacomodamiento electoral e incertidumbre regional

por María Victoria Murillo (*)

El nuevo peronismo está anclado en un conurbano, que ya no es industrial sino piquetero, mientras que el no peronismo se asienta en la pampa gringa y en las grandes urbes

 

El domingo 27 de octubre se demostró que dos coaliciones bien definidas, sociológica y geográficamente, dominan la política electoral argentina. El voto por clase social y por geografía que divide al peronismo del no-peronismo no sorprenden. Se cerró la crisis política abierta 2001, que había fragmentado a ambas coaliciones, dándoles tal vez un nuevo cariz, e incluso una nueva sociología. El nuevo peronismo está anclado en un conurbano que ya no es industrial sino piquetero. El nuevo no-peronismo está firmemente enraizado en la pampa gringa y en las urbes más vinculadas la economía global por producción o educación. Las coaliciones electorales se han estabilizado y se reconocen tanto en el pasado remoto del peronismo-anti-peronismo que emergió hace más de medio siglo, como en el más reciente que refiere al “que se vayan todos” y a su reemplazo por lo que pareció una nueva era de hegemonía kirchnerista en el contexto de un boom de materias primas que permitió a toda América Latina reducir sus niveles históricos de desigualdad. En este momento de convulsión regional e insatisfacción con las élites políticas, ¿cómo leemos a la elección argentina?

Argentina se sumó a un proceso regional de democratización que coincidió con la crisis de la deuda en los ochenta. Le siguieron las reformas de mercado en los noventa, la crisis de representación a fin de siglo, y la ola de izquierda a comienzo del nuevo milenio. Incluso la elección de Mauricio Macri parecía augurar una nueva ola de presidentes de derecha, a la que se sumarían Sebastian Piñeira en Chile, Iván Duque en Colombia, Abdo Benítez en Paraguay, el renunciado Pedro Pablo Kuszynski en Perú, y, por supuesto, Jair Bolsonaro en Brasil. Incluso en Ecuador que había elegido la continuidad con Lenín Moreno, su giro político parecía confirmar la tendencia. Sin embargo, las protestas regionales están poniendo límites a las políticas de muchos de estos presidentes. Tanto es así que Argentina aparece como excepción dada la dramática crisis económica que vive. Pareciera que acá las soluciones se buscan por la vía de las urnas y no en la calle.

Piñeira clamaba que Chile era un “oasis” regional justo antes de que estallaran protestas unificadas por múltiples reclamos y por su denuncia al aislamiento de las élites políticas. Es notable el contraste con la elección del domingo 27 de octubre en Argentina donde la combinación de recesión, inflación, desempleo, y pobreza hubiera hecho que ningún observador internacional se sorprendiera con un estallido social. Si bien la política proporcionó alternativas en la búsqueda de soluciones, la pregunta es si las mismas llegaran a tiempo para evitar que la paciencia de la población se acabe. Los números de Latinobarómetro y LAPOP son preocupantes ya que el apoyo a la democracia en Argentina está casi en los niveles de 2001 y es más bajo en que la mayoría de los países de la región. ¿Qué podrá hacer este nuevo sistema político bipolar para evitar la crisis de representación que se está esparciendo por la región?

Los dos polos de la política argentina son coaliciones políticas no solamente porque se han conformado con la suma de espacios preexistentes que resultaron de la fragmentación anterior, sino porque sus liderazgos no son hegemónicos y esto puede generar tanto incentivos para representar diferentes sectores como para polarizar. El peso del kirchnerismo y del peronismo tradicional en el nuevo gobierno se verán con mayor claridad después de diciembre, pero la existencia de dos polos no es un secreto. El peronismo del conurbano y los movimientos sociales puede entrar en tensión con el peronismo de los sindicatos y los gobernadores provinciales. El no peronismo también refleja tensiones de liderazgo tanto en el PRO como en la UCR, basadas en diferentes visiones del peronismo y la gobernabilidad –una división que recuerda a clivajes históricos del anti-peronismo en Argentina–.

Las tensiones al interior del peronismo pueden tanto hacer más difícil el tratamiento legislativo o la ejecución de políticas federales, como facilitar la comunicación con los sectores más vulnerables que de otro modo no tienen más opción que la protesta social para que los escuchen. El modelo bifronte puede servir también para negociar con los actores económicos que deberán involucrarse en la resolución de la crisis económica amenazando con una posible radicalización. Es decir, las tensiones al interior del peronismo por su carácter sociológico pueden hacer más difícil la toma de decisiones, pero también pueden ayudar a mantener a los jugadores en la mesa en lugar de patear el tablero. La expansión social del peronismo, que se amplió con el cambio de estructura económica, genera tensiones agudizadas por la recesión, pero también otorga canales políticos de representación. Sin esos canales pueden ser mayores los riesgos para la legitimidad del sistema político.

En el polo no-peronista se pone en juego la disputa política y su lectura del peronismo. Esto puede ser clave para definir gobernabilidad legislativa y las políticas públicas –especialmente ahora que el gobierno peronista no tendrá mayoría propia en ambas cámaras–. El riesgo de un voto que pareciera impermeable a la crisis es que puede generar incentivos para una oposición polarizada que lleve al inmovilismo frente a la crisis actual. Dicha polarización impondría costos a la gobernabilidad y puede causar tensiones que erosionen la unidad de una coalición que podría transformarse en una alternativa política de largo plazo.

Tanto la polarización y el bloqueo del polo no-peronista como los conflictos internos no resueltos del peronismo pueden reducir la capacidad de respuesta del sistema político. Cuando los sistemas políticos no responden a sus votantes y la paciencia es corta, la protesta es el principal mecanismo de rendición de cuentas tanto para nuestra ciudadanía, como para la de los países vecinos.

(*) Columbia University Tw @VickyMurilloNYC

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