¿Hay un debate Kicillof – Kulfas?

por Julio Burdman

Ambos economistas tienen lecturas distintas sobre el segundo mandato de Cristina y las estrategias futuras

 

Todo sugiere que un gobierno encabezado por Alberto Fernández tendría rasgos distintivos respecto de los de Néstor y Cristina Kirchner. Si todo es diferente –el escenario global, la región, la coyuntura económica y tal vez la sociedad misma–, es esperable que también lo sean los estilos, las políticas, los acuerdos, las expectativas. Para no hablar, claro, de las personas y sus circunstancias.

También habrá, por supuesto, continuidades. Una muy evidente que la etapa 2003 – 2015 le hereda al 2020 en forma directa es toda una generación de economistas “heterodoxos”, de unos cuarenta y pico de años en promedio, que ingresaron a la gestión pública durante al kirchnerismo. Que hoy tienen una influencia intelectual importante dentro del Frente de Todos, y que seguramente ocuparán lugares no menos importantes a partir de diciembre. Tal vez, con más protagonismo del que tuvieron antes.

La heterodoxia, por definición, es diversa. Aunque para los “mainstream” sean todos lo mismo, circulan definiciones (neokeynesianismo, desarrollismo, neoestructuralismo, peronismo y un largo etcétera) que señalan diferencias de enfoque. Igualmente, los economistas del Frente de Todos (Axel Kicillof, Matías Kulfas, Emanuel Alvarez Agis, Miguel y Fernando Peirano, Cecilia Todesca y varios más) tienen cada uno su identidad propia. Todos hacen un balance general favorable sobre la experiencia 2003-2015. Pero hay algunos detalles que los distinguen a la hora de explicar los problemas que tuvo el segundo gobierno de Cristina. Que terminó con números declinantes en materia de crecimiento, creación de empleo privado, inversión y balance externo.

La discusión sobre ese punto es clave, porque de ahí se derivan las ideas sobre lo que hay que hacer en el futuro. Es el kilómetro cero del debate. Todos los antes mencionados opinaron al respecto, aunque tal vez haya que destacar dos nombres, Kicillof y Kulfas, porque escribieron libros al respecto, y representan dos visiones distintas.

Los dos publicaron recientemente a través de la editorial Siglo XXI. Son, en realidad, productos distintos que tienen que ver con los trayectos que cada uno viene siguiendo. Por lo tanto, hablar de “debate” puede sonar un poco exagerado porque no hay textos equivalentes contrapuestos. Kicillof, tras haber parido dos libros de teoría económica en 2006 y 2008 -antes de ser ministro- para la academia, en los últimos años lanzó textos de formato más político, para el público más amplio posible, ya en el plano de la carrera electoral. Así salieron “Diálogos sin corbata” (2016) y “Y ahora, ¿qué?” (2019), libros de conversaciones y entrevistas en los que presenta sus visiones e ideas-fuerza para el 2020. En cambio, Kulfas trabajó en un registro más propositivo y con lenguaje de las políticas públicas en “Los tres kirchnerismos” (2016) y el compilado (con Guido Zack) “Pensar la economía argentina” (2018).

Sintetizando los argumentos, para Kicillof el problema medular del segundo gobierno de Cristina fue la restricción externa causada por el déficit energético. Dice, literalmente, que la Argentina se quedó sin nafta. En su evaluación, el gran faltante de dólares provino de la necesidad de importar energía en una circunstancia fatal, porque se dio en un contexto de petróleo caro y de alto costo de importación. Agrega que Argentina estaba en una tendencia de recuperación de la producción que recién iba a dar frutos en 2018, pero su gestión finalizaba en 2015.

Para Kulfas hay que sopesar más los factores internos. Reconoce el contexto externo desfavorable y la cuestión energética que señala Kicillof, pero enfatiza que el impacto particular que tuvo en la Argentina el enfriamiento económico global de 2012 fue producto de una “acumulación de desequilibrios internos”. Sostiene que la autonomía de la economía argentina (o sea, su menor vulnerabilidad) respecto de los ciclos internacionales debió ser construida desde el desempeño propio. Y ahí, además de la gestión macro, pone otro foco sobre lo que él denomina el “tercer kirchnerismo”: las políticas destinadas a la estructura productiva no dieron resultados. Así como lamenta los problemas de productividad en el sector energético, dice que el desarrollo del entramado industrial “sin cambios en su morfología” terminó generando aumentos en las importaciones y más déficit externo.

Las diferencias, por lo tanto, giran alrededor de acentos que cada uno pone sobre distintas variables. A su vez, de ahí saldrían prioridades distintas a la hora de establecer un programa. O distintos tonos y etiquetas. Sin embargo, hay que destacar que estas opiniones no se van a cruzar. Al menos, no en un futuro inmediato. Kicillof será el gobernador de la provincia de Buenos Aires y eso lo convierte en un político consumado. Y, en breve, absorbido plenamente por la criatura bonaerense. Kulfas, en cambio, suena para la gestión nacional. Van a tener que conversar, y cada uno tendrá que responder a sus públicos y sus metas de Excel. Pero recordemos esos diagnósticos iniciales, porque en son parte de lo que se jugará en el período que viene.

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