Contrafáctico

por Luis Tonelli

Tanto en el oficialismo como en la oposición se siguen analizando que hubiese pasado de haberse tomado otras decisiones

 

Una elección para confirmar candidatos que ya lo estaban de antemano se convirtió en un evento político crucial que des-eligió virtualmente a un presidente, y eligió virtualmente a su sucesor -cuando en realidad, falta al menos la elección entre candidatos, y luego, si fuera necesario un balotaje entre los dos más votados-.

O sea, el efecto colateral de esta encuesta generalizada que fueron las PASO nos hace vivir en un futuro que, como todo futuro, todavía no fue. Que quizás podría ser diferente a lo que se piensa que será. Aunque, como dice el sociólogo Niklaus Luhmann, “la materialidad que asume el presente se basa en las expectativas que sus integrantes se construyen sobre lo que ocurrirá en lo inmediato”.Y esas expectativas, hoy, lo dan a Alberto Fernández presidente y a Maurició Macri, ni siquiera como “pato rengo”, sino como un palmípedo cuadrapléjico que quizás ya no podrá ser reelegido, pero tampoco encumbrar a un sucesor.

Asi, una de las letanías sobre las ruinas, contrafáctica, gira alrededor de la diferencia que hubiera causado el desdoblamiento de las elecciones de la provincia de Buenos Aires de las nacionales, que supuestamente le hubieran dado la reelección a María Eugenia Vidal. Claro qué sobre esto, en el revisionismo de las expectativas que generaron la sorpresa de las PASO. ahora se invierte y se dice “si Vidal perdía sola, esto no era agonía, era hecatombe anticipada”.

Sin embargo, las elecciones desdobladas de la provincia de Buenos Aires se hubieran dado con anterioridad de la unión del peronismo posibilitada por Alberto Fernández.Y con Massa y Kiciloff en bandos diferentes, o incluso el Frente Renovador de potencial aliado a la gobernadora, no solo ella hubiera tenido más chances, sino que también el gobierno nacional las iba a tener. Finalmente, los números dicen que Alberto Fernández obtuvo casi los mismos votos que Daniel Scioli en el balotaje de 2015, y Macri hizo una tremenda elección sacando los votos que había logrado en la primera vuelta del 2015.

Un peronismo no unificado, se hubiera dispersado en dos o tres ofertas en las PASO, neutralizando la dispersión que tuvo el voto no peronista entre las ofertas de Juntos por el Cambio, Lavagna, Espert, Gómez Centurión, etcétera. O sea, el resultado habría ido más equilibrado. La primera vuelta no hubiera encumbrado a un ganador, y entonces, todo hubiera quedado en quien podía constituir un exitoso partido del balotaje.

De todas maneras, este análisis lineal, soslaya la bomba política que habría sido que la gobernadora Vidal apareciera desobedeciendo al Presidente, como saltando del barco oficial antes, para evitar su succión, admitiendo de antemano su posible hundimiento. Pero el terreno de los contrafácticos, en estas circunstancias de volatilidad dinámica, casi es una práctica más acorde con la literatura fantástica que con el análisis político. Las cosas no se hicieron, las cosas no fueron así, y de nada sirve llorar sobre la leche derramada.

Lo mismo el que sostiene que si Lavagna hubiera aceptado participar de una PASO con Urtubey, Massa y Pichetto, o bien que, una vez ganado en su distrito, el gobernador Schiaretti hubiese encumbrado una fórmula para el peronismo racional, los compañeros no se hubieran unido, y la brillante jugada de CFK no habría sucedido, o al menos, no hubiera tenido un efecto tan contundente.

Otro contrafáctico, esta vez del otro lado de la grieta, es de último momento, y proviene de las usinas más rancias del pensamiento K. Este que, dando las elecciones ganadas, comienza a mover sus alfiles ya no contra Macri, sino para marcarle territorio a Fernández. Precisamente, esta especie sostiene que “quizás” no era necesario encumbrar como candidato a alguien que fue tan cruelmente opositor de La Cámpora y de la propia Cristina Kirchner, que la mufa contra Macri era tal que se hubiera ganado igual.

Contrafáctico que se da de bruces contra el hecho de la sumatoria de lideres peronistas que permitió la sumatoria de votos peronistas. Pero que habilita a que, dando ganada de sobra la elección venidera, las avanzadas K le marquen de antemano la cancha al quizás futuro presidente. Así aparecen los/las Grabois, las/ los Justicia Legitima y hasta el intelectual de la clausurada Carta Abierta, Horacio González animándose contra el centrismo albertista.

Por supuesto, esto hace que los que leemos la borra del café como medio de vida, ya avizoremos un futuro de conflictos internos peronistas, que son un clásico histórico, en su contagio a la sociedad toda. Pero no nos adelantemos. El oficio de tarotista puede dar buenas ganancias a quien lo ejercita para realizar futurología de las vidas personales, pero pareciera que no los es tanto para la política (incluso cuando tratamos de ejercerla a través de metodologías más o menos“ científicas”).

Así que, esperemos que la historia por venir nos sorprenda (y gratamente). ¡Que ya es hora que así suceda!

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