El primer ministro de Economía de Alberto Fernández

por Miguel De Luca y Andrés Malamud

 

No sabemos quién será, pero podríamos levantar apuestas sobre cuánto durará y cuánto poder tendrá

Bob Haldeman, jefe de gabinete de Richard Nixon, decía que todo presidente necesitaba un hijo de perra que hiciera el trabajo sucio. Además del encargado de esta ingrata tarea, todo gobierno requiere un ministro de Economía. Los presidentes que intentan prescindir de uno u otro, y ni que hablar de ambos, la terminan pasando mal. Muy mal. Si no, pregúntenle a Macri.

En Argentina, los presidentes peronistas suelen tener más claro que los no peronistas la necesidad de contar con estos jugadores en el equipo de gobierno. Incluso Néstor, que tras la salida de Lavagna probó con ser él mismo su ministro de Economía. Porque como en 1990 ponderaba Tato Bores en su monólogo número dos mil: “Con la mishiadura aparecieron los ministros de economía. ¡Lo que no queda muy claro es si la mishiadura trajo a los ministros de Economía o si los ministros de Economía trajeron la mishiadura! ¡Lo que pasa es que hace 30 años que tenemos las dos cosas!”

Se acerca el 27 de octubre y Alberto dibuja su gabinete. ¿Qué puede anticiparse hoy de sus posibles integrantes? ¿Y qué de sus jugadores base?

Para el trabajo sucio, Alberto designará a alguien de su confianza y lealtad. Como ambas cualidades escasean en política, los nombres en danza son siempre pocos.

Y quien llegue al Palacio de Hacienda difícilmente acompañará al jefe de Estado hasta el último día de su mandato. Basta observar la experiencia de los demás presidentes de la democracia (ver tabla).

Los ministros de Economía inaugurales duraron, en promedio, poco más de un año. Mientras esa fue la duración típica entre los ministros de presidentes no peronistas, entre los peronistas los tenemos de dos tipos. Por un lado están los fusibles (Roig-Rapanelli, Remes Lenicov y Lousteau), que son poco resistentes a las crisis; y por el otro los heredados (Cavallo y Lavagna), que sobrellevaron períodos más tranquilos y fueron considerados progenitores del modelo económico del momento (al punto que despertaron los celos de los presidentes Menem y Kirchner, que terminaron deshaciéndose de ambos). Dos de los tres fusibles (Roig-Rapanelli y Remes Lenicov) asumieron tras presidencias que terminaron mal y eran de signo opuesto. Cavallo y Lavagna, en cambio, fueron heredados de gestiones más exitosas y del mismo partido. Si preguntan por Lorenzino, me quiero ir.

Por la herencia que lo espera, la situación que eventualmente afrontará Alberto es más cercana a la de Roig-Rapanelli y Remes que a la de Cavallo y Lavagna. Quien acepte su primer convite para ministro estará exhibiendo un nivel de patriotismo o inconsciencia digno del Guinness.

El legado que recibe un ministro de Economía al asumir es una de las variables que explican su duración. Las otras dos son el precio internacional de las materias primas y la tasa de interés de la Fed. La diferencia entre el legado y los dos factores internacionales es que los últimos pueden mejorar.

Pero además de la duración en el cargo importa el poder que se dispone. En su libro“ 7 ministros”, el periodista Ezequiel Burgo resumió en tres reglas la influencia de los titulares de economía. El poder del ministro es inversamente proporcional: 1) al ciclo económico, 2) al conocimiento o gusto presidencial por la economía y 3) al poder de otras dependencias del gabinete. ¿Qué condiciones le esperan a quien asuma el 10 de diciembre?

La combinación de un mundo turbulento y un país semiquebrado no augura una pronta recuperación de la economía: el ciclo apunta para abajo. Por su experiencia en la supervisión de seguros, la banca pública y la jefatura de gabinete, Fernández difícilmente se abstendrá de influir sobre el manejo de la política económica. Y dada su promesa de gobernar “con los gobernadores” y con otros dirigentes tradicionales del peronismo, es esperable que su gabinete esté integrado por pesos pesados. Las tres condiciones son negativas para quien maneje la hacienda pública.

En síntesis, si Alberto Fernández gana las elecciones, su primer ministro de Economía será probablemente débil y efímero. Y si no, agarrate Alberto.

 

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