Una tarde en el Congreso de la SAAP

por Luis Tonelli

Protagonistas de la transición a la democracia recordaron hechos que aún hoya siguen siendo determinantes en la política argentina

 

Cada dos años tiene lugar el Congreso de la Sociedad Argentina de Análisis Político,
la asociación más importante del país que nuclea a politólogos y analistas políticos de todos los lugares del país. Este año el Congreso se realizó en el campus de la UNSAM y, como en cada edición, fue una buena oportunidad para que quienes estudian la política argentina (desde aquí o en el exterior) intercambiaran trabajos y opiniones.

No voy a hacer un racconto de todas las actividades del Congreso que, por sus dimensiones demandaría una investigación en si misma (actividad que cedo al presidente de la SAAP, Martin D’Alessandro, que una vez más demostró que la eficacia en la organización puede ir de la mano de la buena onda constante). Aquí me ocuparé de un solo panel inscripto en el Programa sobre Memoria de las Transiciones democrática que dirige mi amiga Gabriela Ippolito-O’Donnell y que reunió a Ricardo Gil Lavedra (uno de los jueces que juzgó a las Juntas Militares, Horacio Jaunarena, ministro de Defensa del gobierno de Alfonsín) y Jesús Rodríguez (quien fue diputado nacional y ministro de Economía en el momento en que desató la crisis económica de 1989) para que analizaran,desde la distancia que otorga el tiempo, la democratización llevada a cabo en los ’80.

Cuando hoy a muchos les parece natural y hasta inevitable que luego de Malvinas, Argentina tuviera democracia, en el relato por momentos conmocionante y emocionante de los protagonistas quedo muy claro que la incertidumbre y las dificultades enormes fueron los que prevalecieron en esos años. Al decidir juzgar las cúpulas militar y guerrillera la Argentina había iniciado un camino inédito en una región plagada de regímenes autoritarios, y en donde solo en Brasil se llevaba a cabo una “abertura” en cámara lenta y controlada por los militares.

Mientras España con su transición pactada era el caso convertido en el modelo estándar de la disciplina acerca de una democratización que lleva a buen puerto, en Argentina Raúl Alfonsín había ganado las elecciones y, su primera decisión fue anular la autoamnistía dictada en el último acto del gobierno militar (y que el peronismo se había comprometido
a mantener).

Jesús Rodríguezhizo un resumen de los problemas económicos mayúsculos que enfrentó Alfonsín cuando asumió (desde el 13% de déficit fiscal hasta el mega endeudamiento, inflación y recesión) tras lo cual sostuvo un punto importantísimo: la transición por el colapso del régimen autoritario tras la derrota de Malvinas no había fomentado ni el consenso ni la cooperación entre las fuerzas políticas que tuvieron que organizarse en tiempo récord para competir electoralmente. En Chile, en cambio, la presencia fuerte de Pinochet y los enclaves autoritarios en el régimen democrático (cuya transición se inició recién en 1988) prohijó una mayor cooperación y consenso de las fuerzas políticas, resultado si se quiere paradójico pero beneficioso para la democracia chilena).Este patrón conflictivo en la política argentina, señaló Jesús, se ha mantenido hasta el presente, y es quizás la herencia más gravosa de esa difícil transición. Ricardo Gil Lavedra, quien fue uno de los jueces de la Cámara que juzgó a las cúpulas militares, puso énfasis en el hecho inédito del juicio a los militares de la dictadura, hecho inédito sobre el cual la Argentina sentó la jurisprudencia y la metodología de lo que después se conoció como “justicia transicional”. El presidente Alfonsín pretendía tanto juzgar a la cúpula militar como reincorporar a las Fuerzas Armadas como poder de la democracia. Sin embargo, la Comisión de la Memoria CONADEP (primera en su género y después imitada en muchísimos países) hizo públicas las atrocidades cometidas por la dictadura, y el peronismo, que había intentado cerrar el pasado y ahora corría por izquierda a Alfonsín, dejó que las cosas adquirieran dinámica propia. Los intentos de reencauzar el proceso se dieron en el marco de los levantamientos militares (las leyes de punto final y obediencia debida) que tergiversaron las intenciones originales del presidente Alfonsín. La crisis del gobierno radical, y el desencanto de la ciudadanía abrieron la puerta para la reversión que el gobierno peronista de Carlos Menem realizara con la amnistía para las cúpulas militares y guerrilleras.

Horacio Jaunarena expuso crudamente los momentos críticos en que Alfonsín le pidió
que fuera a obtener la rendición de Aldo Rico quien tras una reunión durísima en Campo
de Mayo solo comenzó a acceder a deponer las armas cuando Jaunarena le señaló las
imágenes de un televisor cercano colocado oportunamente que reflejaban el apoyo en las
calles y en las plazas de todo el país al presidente Alfonsín advirtiéndole que no sabía
hasta cuando iba a poder contener la presión popular por dirigirse a Campo de Mayo.

Jaunarena resaltó el hecho clave de que por primera vez en la historia argentina, el pueblo había salido a defender la democracia, tornando irreversible la transición. En el excelente thriller documental de Sergio Wolff “Esto no es un golpe”, se lo ve a Jesús Rodriguez haciendo esfuerzos en la puerta del regimiento para que la gente enardecida no ingresara y se provocara un baño de sangre (la tensión del momento se refleja en el nimio hecho de que Jesús no había reparado que se había puesto el pullover con el cuello en v en su espalda).

Los asistentes que colmaban la sala –y entre los que recuerdo estaban Marcelo Cavarozzi, Andrés Malamud, Ruth Diamind, Maite Ortega, Diego Martínez, Juliana Montani, Martín D’Alessandro– de estar participando de algo que iba muchos más allá de una reunión académica, de un momento en que éramos conscientes de nuestro ADN singular
democrático, con sus contradicciones y tensiones, hecho que se vio reflejado en las numerosas preguntas.

Fue una tarde singular en el Congreso de la SAAP, casi una epifanía desde la cual comprender mejor nuestro atribulado presente.

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