Bastante más que una gran encuesta

por Néstor Leone

Por la polarización, las PASO se viven como una general anticipada. El peso del duelo en la PBA y el juego de las diferencias 

 

1. INSTRUMENTO

Las PASO nacieron como una necesidad y se convirtieron en un instrumento virtuoso. En julio de 2009, el gobierno de Cristina Kirchner estaba en su peor momento. Acababa de perder las elecciones de medio término, con Néstor Kirchner como primer candidato a diputado en la provincia de Buenos Aires, frente Francisco de Narváez. Y la crisis, espiralada, parecía retroalimentarse, casi sin interrupción. En pocos meses, el kirchnerismo había resignado el amplio y heterogéneo arco de simpatías construidas desde 2003 y se había quedado reducido a adhesiones más consustanciadas, pero circunscriptas a esa minoría intensa. Ante esa situación de debilidad extrema, los Kirchner intentaron salir airosos con decisiones de alta audacia, inventiva y creatividad políticas. Entre ellas, la convocatoria a un diálogo amplio que tenía como objetivo reformar algunas reglar del juego electoral para adaptarla a los cambios del nuevo mapa político y generar condiciones para la construcción de cierta normalidad. El gobierno de Cristina ganaría tiempo, desconcertaría a la oposición y recuperaría la iniciativa, condiciones necesarias para su reelección holgada en 2011. Mientras que las PASO, entonces cuestionadas, se convertirían en el instrumento ordenador para que aquella oposición fragmentada permitiera, en los hechos, la conformación Cambiemos, cuatro años más tarde.

 

2. PASO Y DESPUES

Las primarias, por cierto, contribuyeron a ordenar la oferta electoral y a reducir la fragmentación. Gradualmente. Las necesidades políticas más coyunturales de los últimos meses sumaron realineamientos en el mismo sentido. Y aceleraron los tiempos. Las dos minorías intensas que predominaron en el último quinquenio se convirtieron entonces en frentes electorales más amplios en desmedro de terceras fuerzas posibles. Cambiemos devino Juntos por el Cambio para sumar al presidente del bloque Justicialista como precandidato a vice e intentar sumar sectores residuales del peronismo más conciliador; y el Frente para la Victoria se convirtió en Frente de Todos, con la unidad del peronismo como horizonte. De modo que la polarización en ciernes se anticipó como oferta ya polarizada al cierre de listas, con los dos frentes entre el 80 y el 85% de los votos en la mayoría de las encuestas. Y sin terceras vías que superen el 20%, como en 2015. Los segmentos sociales independientes, despolitizados y votantes lábiles, claves a la hora de construir mayoría, persisten en su distancia hacia esos dos núcleos duros, pero parecen también dispuestos a adelantar sus preferencias (o sus rechazos ponderados), convirtiendo a las PASO en bastante más que en una encuesta general. La fórmula Fernández-Fernández, por caso, apuesta a que una victoria por varios puntos en esta instancia pueda establecer un nuevo clima político y se convierta en un escenario difícil de revertir para el oficialismo. Las chances del espacio de ganar en primera vuelta, por cierto, son más robustas que en las de un eventual balotaje. En Juntos por el Cambio comparten esa lectura, y apuestan a una carrera de más largo aliento.Y a generar condiciones para esa carrera de más largo aliento sea posible.

 

3. DUELO

Por su peso demográfico, la provincia de Buenos Aires lleva el mote de “madre de todas las batallas” en términos electorales. Néstor Kirchner, que mucho hizo para imponer el término, construyó su su ascenso a la presidencia, en 2003, desde el aparato justicialista bonaerense.Y Mauricio Macri llegó a la presidencia, en 2015, con el peso simbólico de la victoria de María Eugenia Vidal frente Aníbal Fernández. De manera retroalimentada. El alto porcentaje de corte de boleta a favor de Vidal (7%) en aquellas generales, desde un piso modesto, permitió que Macri llegara al balotaje con viento a favor. En esta ocasión, el escenario parece otro. La gobernadora conserva números parecidos a los que le permitió ganar, pero Axel Kicillof, el candidato del Frente de Todos, retiene el volumen de la fórmula Fernández-Fernández, por encima de la performance del otro Fernández. Con dos datos adicionales: la imagen de Macri es una pesada carga (sobre todo, en el conurbano) y el tercer espacio en competencia entonces (Frente Renovador) hoy está dentro del Frente de Todos. Cómo operará en la cabeza de los electorales, al momento de ingresar al cuarto oscuro, estas percepciones en tensión, es algo que desvela a unos y otros. Las primerias intervenciones de campaña deV idal muestran esta incomodidad en el oficialismo. También los arrebatos de populismo discursivo para no resignar la agenda de campaña.

 

4. TERRITORIOS

Es posible que, tanto en las PASO como en las generales, no haya tantos cambios de mano en términos territoriales. Respecto de 2015, por lo menos. La nueva versión de Cambiemos se impondrá en la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, el interior de la provincia de Buenos Aires y tendrá buenas performances en el resto de la región centro. Mientras que el Frente para la Victoria ampliado (reformulado, digamos) es más que probable que tenga su fuerte en el conurbano bonaerense, retenga la Patagonia y haga más que buena elección tanto el noroeste como el nordeste. La cuestión estará entonces en las diferencias. En la campaña de sintonía fina. En cuánto podrá descontar Fernández en Córdoba o cuánto significará en el total la posibilidad de revertir Santa Fe, por ejemplo. O cuánto del apoyo esperado (vital, diríase) de los gobernadores peronistas al Frente de Todos podrá neutralizar Miguel Angel Pichetto. Porcentajes absolutos y relativos, en definitiva, que pueden definir si habrá o no balotaje o inclinar la balanza para un lado o para el otro en una elección ajustada.

 

5. DISCURSOS

El mayor expertise de campaña parece tenerlo Juntos por el Cambio. Tiene antecedentes que lo avalan, como PRO o como Cambiemos. Posee también los resortes de los tres principales estados y la buena voluntad de la mayoría de los grandes medios. Cierto conservadurismo consuetudinario de los electorales puede también jugar a su favor. Los más diversos indicadores socioeconómicos (cualquiera, inversión incluido), en tanto, aparecen como dura radiografía. Concentrarse en la crítica economicista es la fácil tentación y el riesgo del Frente de Todos. Mientras que la construcción de una idea de futuro más inclusivo, el desafío ante una fuerza que propone discutir pasado, evita el presente y propone (de manera más o menos implícita) un menú de reformas más o menos ortodoxas (laboral, a la cabeza) como respuesta inexorable a la crisis.

 

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