Deselección centrípeta

por Luis Tonelli

Quedó atrás el tiempo de las construcciones imaginarias y llegó el turno de la política real que quedó en evidencia en el armado de las listas

 

En este país sí que pasan cosas locas. Resulta que tenemos un dramático cierre de listas –que fue especialmente dramático para los que se quedaron afuera–. También, hay que reconocerlo, fue una jornada muy difícil para los analistas políticos que se especializan en crear un mundo paralelo, cuando lamentablemente siempre habitamos en uno en donde al final se impone esa realidad llamada política.

Allí daban por hecho que dadas las ultimas noticias –la incorporación del compañero Miguel Angel Pichetto como candidato a vicepresidente–, se sumarían a Juntos por el Cambio y como por arte de magia, legiones de peronistas bonaerenses súbitamente macristas.

Antes también habían afirmado suficientes que Cristina Fernández de Kirchner se dedicaría a cuidar a su hija enferma en Cuba, alejándose de la política (cosa creída hasta las últimas horas del día 22 por Sergio Massa). Y que también Mauricio Macri iba a preferir quedarse en Los Abrojos o ceder su candidatura a María Eugenia Vidal, porque él lo había conseguido todo en la vida, y ser presidente le había sacado horas para practicar su putt. Bienvenidos al país real. A) El poder siempre sostiene la lapicera que hace las listas; B) nadie se jubila graciosamente cediendo su cetro a su segundo (o tercero) cuando su supervivencia depende de estar en actividad, y C) la política es el arte de lo posible. Solo que descubrir lo que es posible es el arte que manejan los políticos de verdad, y no los analistas.

Pero en general, los políticos intentan generar una posibilidad que piensan que le es favorable, y no una en la que queden afuera –obviamente, siempre hay mucha probabilidad que las cosas no sean como las pensaron, ya que los políticos de raza son grandes apostadores–.

Nadie esperaba que Cristina Fernández decidiera ser candidata a vicepresidenta y eligiera al que fue primero su amigo, luego su enemigo íntimo –tras renunciar ante la radicalización del populismo de kirchnerismo– y ahora su candidato a la Presidencia: Alberto Fernández.

Pocos esperaban que Macri se decidiera a “ampliar la coalición” y menos incorporando a Miguel Angel Pichetto, cuando Cambiemos se encaminaba más y más hacia una radicalización del gorilismo antiperonista digna del Almirante Rojas.

Si el Frente para Todos, coloca a un anti populista como Alberto Fernández, que se precia de ser profesor de Derecho, y la Nueva Política se digna a nombrar a un peronista de paladar negro como Pichetto, entonces lo que pasa en la Argentina es lo que también sucede en las democracias estables, según los modelos estándar de competencia política electoral.

O sea, dado que la población está en el centro del espectro político (no confundir con el espectro ideológico) entonces debo moderarme en mi extremismo para poder conquistarla y asi ganar las elecciones.

CFK tenía un incentivo adicional para “ir hacia el centro”: si su candidatura a presidente causaba un tembladeral en los mercados, se iba a poner en duda que ella pudiese gobernar al país cuando por su propia presencia podía generar un nuevo 2001. Por eso Alberto Fernández. Y por eso, los mercados no hicieron ni mu con la nueva.

Pero claro, es Argentina. O sea, un país en donde aunque los políticos se comportan como políticos “pashancoshas”. Y entonces, la competencia centrípeta (así se llama técnicamente a la dinámica que produce bipartidismo, ya que se deglute el centro, dada la tendencia hacia el centro de ambos polos) no se da en una elección. Se da, más bien, en una“ deselección” ya que ambas fórmulas contienen a los candidatos a presidente con mayor intención de voto, pero que a su vez ostentan una inédita imagen negativa que hace que en realidad mucho del voto que vaya a ellos está dirigido a impedir que el otro sea candidato.

Y esa dinámica mixta de competencia centrípeta en una “deselección”, es lo que genera la esperanza de los que están en el centro de sacar unos votos y que precisamente inquietan sobre manera a quien puede cederlos. Ya que esa pérdida pequeña los puede poner a tiro de perder en primera vuelta (y todo parece indicar que la fórmula Lavagna-Urtubey le saca más a Juntos por el Cambio que al Frente para Todos). Dicho lo cual, hay que ver si la formula de Les Fernández llega a obtener más de 40 puntos en primera vuelta sacándole 10 puntos de ventajas a su competidora.

Cosa que explica el carácter defensivo de ambas lapiceras en el armado de listas: la lapicera del armador del candidato a la reelección presidencial, Sir Marcos Peña, y la lapicera de la candidata a la vicepresidencia, Cristina. Ambos dos se aseguraron de 1) maximizar las chances electorales –incorporando a Sergio Massa y a Pino Solanas, el Frente para Todos–; afianzando la coalición originaria, en Juntos por el Cambio. 2) generar una masa crítica de leales para consolidar la ortodoxia –por caso de que los“ centristas” quieran hacer de las suyas–. Y obviamente, “pa tener un palenque ande rascarse” en caso de que eso de lo que nunca se habla pero siempre para alguno existe ocurra: la derrota.

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