Cristina, la senatejedora

por Miguel De Luca y Andrés Malamud

El cierre de listas trajo sorpresas. Y también una nueva versión de un clásico: desconfiá de los griegos, incluso cuando te hacen regalos

 

La pelea por el Senado pintaba como una panzada para el gobierno. Razones sobraban: históricas, políticas y numéricas. Venía con envión: en 2017, la cosecha de senadores en el tercio de provincias más peronistas había resultado mejor de lo previsto (renovaba tres, ganó 12). Ahora correría en terreno amistoso: tocaba el recambio del tercio menos peronista: CABA, Chaco, Entre Ríos, Neuquén, Río Negro, Salta, Santiago del Estero y Tierra de Fuego. Las cuentas le sonreían: Cambiemos arriesgaba apenas cuatro senadores sobre veinticuatro y podía ganar nuevos en las cinco provincias donde no tenía siquiera uno con sólo asegurarse el segundo lugar – aunque fuera con derrotas poco dignas (ver tabla). Contaba, además, con una ayudita de algunos gobernadores –peronistas o de fuerzas provinciales– que, al adelantar sus propias reelecciones, esterilizaban su capacidad de arrastre.Y tenía la misma ventaja en tres distritos que votaban separados por mandato constitucional (Chaco y Tierra del Fuego) o por calendario a contramano (Santiago del Estero).

Pero pasaron cosas y ¡zas!, en vez de amenazar al peronismo con una odisea en el Senado, 2019 encontró al gobierno navegando a la deriva. En medio de la tormenta, Macri decidió amarrarse a Ulises Pichetto para completar la travesía.

Mientras tanto, como Penélope, una senadora tejió y tejió. Con una mano bordó una fórmula presidencial para ofrecer la paz al círculo rojo y a los caudillos peronistas. Con la otra hilvanó una formidable mesnada de incondicionales para que la escolte en la alta Cámara. El esmero puesto en esta urdimbre supera al del desquite propinado al Efialtes de Tigre.

El armado muestra que Cristina pretende algo más que tocar la campanita. Si ganan les Fernández, ella liderará un contingente de parlamentarios devotos.Y si pierden, también. Con ocho años como senadora y cuatro como diputada, Cristina sabe que el talón de Aquiles de los presidentes es el Senado. Sobre todo, de los no peronistas. Pero el Senado también es clave para la nominación y el control de los jueces, que ya habrán tomado nota del caballo que les insertaron en Troya.

A la hora del poroteo, las cuentas están así. En CABA, Cristina sumará un escaño seguro: Mariano Recalde heredará el derecho al goce de Pino Solanas. En Neuquén encabeza Oscar Parrilli, otra banca firme a menos que salga tercero debajo del MPN y de Pechi Quiroga (y si esto sucede, ya sabemos el epíteto que merecerá Parrilli). Desde Tierra del Fuego, la postulación a diputados de la gobernadora Rosana Bertone y del actual senador José Ojeda despejó el camino para un binomio camporista puro: Matías Rodríguez y María Eugenia Duré. Por si el experimento falla, está el muletto de FORJA. En Río Negro encabeza el kirchnerista Martín Doñate y pretende renovar Silvina García Larraburu. Si pierde, Cristina retendrá una banca leal; si gana, sumará otra.

En Entre Ríos Cristina acordó wine-towine: postulan Edgardo Kueider (de Bordet) y Estefanía Cora (La Cámpora). En Chaco habrá duelo doble entre Peppo y Capitanich: atención entonces, no sólo a quién ganará la gobernación sino a los suplentes y la paridad, porque también por ahí se colarán cristinistas. Salta y Santiago del Estero son distritos menos fértiles, o quizás no. Todo depende, respectivamente, de un segundo lugar del Frente de Todos y de los acuerdos con el gobernador Zamora.

En resumen, más de media docena de incondicionales se sumarán a las amazonas, o sea Anabel Fernández Sagasti (Mendoza), María de los Angeles Sacnun (Santa Fe), Ana Almirón (Corrientes), Nancy González (Chubut) y Ana María Ianni (Santa Cruz).

Y si Cristina ascendiera a la vicepresidencia sería sucedida por otro fiel, el segundo en la boleta bonaerense de 2017: Jorge Taiana.

Un bloque peronista unificado tendría, como siempre, quorum propio en el Senado. Y para aquellos que no quieran unirse abundarán los tratamientos griegos: ostracismo, cicuta o el monte Taigeto.

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