Santa Fe: el PJ recuperó un distrito clave

por Mariano D’Arrigo

Por la importancia de la provincia y por haber cambiado de manos, el triunfo de Omar Perotti tendrá consecuencias sobre el tablero político nacional en los próximos años

 

Con la victoria de Omar Perotti en las elecciones santafesinas a gobernador el peronismo unificado pinta una nueva provincia de azul en el mapa político nacional. El triunfo del actual senador nacional impacta en dos niveles: resetea el ciclo político provincial y fortalece la fórmula Fernández-Fernández.

Perotti no sólo retuvo los 704.168 votos que obtuvo el Frente Juntos en las PASO (465.061 del ex intendente de Rafaela y 239.107 de María Eugenia Bielsa) sino que trepó hasta los 745.996 (40,54%).

Así, el gobernador electo disipó un interrogante que había sobrevolado la provincia después de las primarias: si retendría una porción decisiva de votos del “kirchnerismo silvestre” que había optado por María Eugenia Bielsa o si esos electores migrarían en cambio hacia Antonio Bonfatti, en rechazo a la oposición cooperativa de Perotti con el macrismo en el Senado nacional o por su ambigüedad –en los hechos, a favor del rechazo– en la votación sobre la legalización del aborto.

Las causas de la victoria del ex intendente de Rafaela son varias y diversas: el espíritu ecuménico que recorre el peronismo santafesino desde 2015, potenciado después de la candidatura presidencial de Alberto Fernández; el desgaste de la gestión socialista tras 12 años de gobierno, sobre todo, en materia de seguridad; y, last but not least, la debacle de Cambiemos (José Corral sacó 348.728 votos, 233.793 menos que Miguel Del Sel en 2015) que provocó una fuga de votantes amarillos hacia Perotti, atraídos por la consigna“ paz y orden” que condensaba una promesa de tranquilidad en las calles pero también mejoras en el terreno sociolaboral.

Precisamente, trabajo y seguridad serán los temas donde Perotti deberá mostrar –y pronto– soluciones concretas a un electorado exigente. En ambos casos, los desafíos son gigantescos.

El gobernador no maneja la botonera de la macroeconomía y tiene una cantidad limitada de herramientas para dinamizar la actividad y crear empleo, mientras que la tasa de homicidios triplica a la nacional (16 cada 100 mil habitantes contra 5,2) apalancada por la disputa entre bandas narco por el control del territorio pero también por la elevada proliferación de armas de fuego y su uso en la resolución violenta de conflictos interpersonales.

Estas y otras cuestiones Perotti deberá enfrentarlas en minoría en la Cámara de Diputados. Beneficiado por la Constitución provincial, que premia con 28 bancas sobre 50 al ganador de la elección, y la boleta única santafesina, que convierte a cada categoría en una elección independiente, el bloque del Frente Progresista liderado por el gobernador saliente Miguel Lifschitz tendrá mayoría en la cámara baja.

Así, en la arena legislativa el peronismo impondrá su mayoría en el Senado pero deberá negociar con Lifschitz para pasar cualquier ley.

Además, a la Cámara de Diputados llegará Amalia Granata junto a otros 5 diputados celestes; la mediática es otra favorecida por el sistema de votación santafesino. La única bandera de este espacio es la cruzada antiaborto, ¿Encontrará receptividad en Perotti? Al gobernador electo no le resultará fácil desmantelar pilares progresistas en esta área y girar a la derecha; por ejemplo, si quisiera retroceder con la producción pública de misoprostol o la aplicación en el sistema de atención primaria de salud del protocolo para abortos no punibles basado en el caso F.A.L: encontraría resistencia tanto en la Legislatura como en las calles.

Perotti enfrentará la oposición de un Frente Progresista que sufrió una derrota dura pero no terminal. Ironías de la historia: Bonfatti obtuvo casi 80 mil votos que Miguel Lifschitz en 2015, pero perdió. El FP sostuvo Rosario –es cierto, con un ex lilito como Pablo Javkin y rodeado de radicales frentistas pero críticos del liderazgo históricamente poco inclusivo en la toma de decisiones del socialismo– y el periodista Emilio Jatón le quitó a Corral la intendencia de Santa Fe. Además, controla intendencias importantes, como la de Villa Gobernador Gálvez y Venado Tuerto. En definitiva, tiene recursos y territorio para recuperarse y en cuatro años disputar de vuelta la provincia.

Antes debe mirar el tablero nacional: allí el Partido Socialista juega en este ciclo electoral con Lavagna pero le conviene una victoria de les Fernández: si Juntos por el Cambio pierde (y, eventualmente, se fragmenta) el Partido Socialista junto a sectores del radicalismo podría erigirse en vehículo privilegiado de representación de los sectores medios de la provincia.

Pero todo dependerá de lo que suceda en octubre y, posiblemente, en noviembre. En ese mapa Santa Fe ocupa un lugar destacado: con algo más de dos millones y medio de electores, es el tercer distrito electoral del país.

Ubicada en el corazón de la zona sojera, Santa Fe ha sido un distrito amable conel macrismo: en la presidenciales de 2015 perdió en la primera vuelta contra Scioli (37% a 34%) pero ganó en la segunda 51% a 48%.

En las legislativas de 2017 –cuando Cambiemos parecía colocar la piedra basal de una hegemonía de largo plazo– un ignoto Niky Cantard le sacó 12 puntos a Agustín Rossi y se impuso 38% a 26%.

Hoy el escenario aparece cuesta arriba para Macri. Al cierre de esta edición continuaba el veranito financiero, el dólar seguía planchado y la inflación en descenso, pero los datos de la economía santafesina dibujan un panorama crítico: según el organismo estadístico provincial (Ipec) la actividad económica cayó en marzo (último dato disponible) 5,3% interanual, mientras que la inflación de mayo fue 3,2% y alcanzó el 57,7% en los últimos doce meses. En tanto, según el Indec el desempleo para el Gran Rosario en el primer trimestre escaló al 11,7%, 1,6% más que la tasa nacional.

De esta forma, la cancha parece inclinada a favor de la oposición. Tras el triunfo en la provincia y el apoyo de Perotti a la fórmula Fernández-Fernández, el peronismo pica en punta para aumentar el caudal electoral del Frente de Todos. En la vereda opuesta, el macrismo necesitará que la economía repunte para agosto y octubre, o bien deberá compensar con ideología y logros en otros terrenos el deterioro material y la pérdida de apoyos de Cambiemos en Santa Fe.

 

 

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