Que se vayan todos (menos los gobernadores)

por Mariano D’Arrigo 

El poder de los jefes de gobierno provinciales se mantiene intacto y el sesgo oficialista en las elecciones locales se acrecentó por la mejor situación fiscal que tienen la mayoría de los distritos

En la política argentina todo lo sólido se desvanece en aire, salvo el poder de los gobernadores. En el ciclo electoral en curso se mantiene una constante de la política argentina pos restauración democrática: la capacidad de la mayoría de los jefes de gobierno provinciales para hacerse reelegir o imponer un sucesor, aún en contextos económicos recesivos.

Efectivamente, al cierre de esta edición los oficialismos provinciales triunfaron en siete de las ocho elecciones –entre primarias y generales– que se realizaron hasta ahora: Neuquén, San Juan, Río Negro, Chubut, Entre Ríos, Córdoba y La Pampa.

Según cómo se compute, Santa Fe puede ser la octava: Antonio Bonfatti fue el candidato más votado en las primarias pero el Frente Juntos (en el que pulsearon Omar Perotti y María Eugenia Bielsa) se impuso en la competencia entre espacios políticos.

Las causas de la fortaleza de los gobernadores son diversas. En principio, administran dos recursos clave: el calendario electoral y la caja. En este sentido, la politóloga y docente de la universidad estadounidense de Columbia María Victoria Murillo señala que “las elecciones desacopladas de la nacional ayudan a la dinámica provincial que beneficia a los oficialismos en las provincias, que mayormente tienen una situación fiscal relativamente favorable, lo que les permite mantener el aparato y hacer obra pública”.

En la misma línea, el politólogo y docente de la Universidad Torcuato Di Tella, Carlos Gervasoni, destaca que a partir del fallo de 2015 de la Corte Suprema sobre la coparticipación las provincias obtienen más dinero, “que hace que el 80 por ciento histórico de triunfos oficialistas tienda a mantenerse, incluso a aumentar, en este ciclo electoral”.

Efectivamente, según un trabajo del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) las provincias cerraron el ejercicio fiscal 2018 con un superávit primario de 0,4% del PIB, situación que no ocurría desde 2014.

Pero además de esas ventajas materiales, también incide la propia configuración de la oferta electoral. Mientras las distintas tribus peronistas sellaron listas de unidad, Cambiemos agregó al notorio drenaje de apoyos que viene sufriendo desde las legislativas de 2017 una serie de tensiones y divisiones, como sucedió en Córdoba.

El politólogo y docente de la Universidad Nacional de Rosario Lucio Guberman agrega un elemento más sobre el oficialismo nacional: no surgieron nuevos candidatos competitivos en los territorios: “Después de cuatro años de oficialismo nacional no se ve un crecimiento en la oferta cualitativa de dirigentes, son los mismos que antes de ser gobierno; de las 24 provincias no ha habido demasiada promoción de figuras a partir de la gestión”.

Justamente, la falta de circulación de los liderazgos es una característica que suele atribuirse a los sistemas políticos de las provincias, que aparecen reducidas a“ feudos” de caudillos provinciales. Sin embargo, ¿describe esa categoría la vida pública de la provincias?

Gervasoni, especialista en la materia, evalúa que en algunos distritos existen “regímenes provinciales híbridos entre democracia y autoritarismo”, donde conviven elecciones con prácticas como“ control de los medios, de castigo a los opositores, de escasa o nula división de poder”.

En ese lote de “provincias muy poco democráticas” ubica a Formosa, La Rioja, Santiago del Estero, San Luis y Santa Cruz.

“Son provincias rentísticas, que viven del federalismo fiscal y no de sus propios recursos –argumenta Gervasoni– en las que todos dependen del gobierno y nadie quiere ser opositor. Esto no pasa en otras provincias donde la democracia funciona razonablemente bien, como Mendoza, Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, la Ciudad Autónoma, Entre Ríos y Tierra del Fuego”.

Para Guberman, “más que feudos, hay provincias en las cuales el peso del aparato estatal y del sector público es lo suficientemente impactante en la economía, el empleo y la vida social de las provincias que si la gestión es relativamente aceptada alcanza para revalidar el título”.

En tanto, el politólogo e integrante de Observatorio Electoral Consultores Julio Burdman se manifiesta “totalmente en contra” de la etiqueta“ feudal” que suele aplicarse a ciertos distritos. “Es muy prejuiciosa y desconoce por completo las características del régimen político de las provincias”, plantea Burdman y agrega: “Al contrario, creo que se alcanzan mayores niveles de democraticidad en el nivel local que en el nacional”.

A pesar de que se prevé que la mayoría de las provincias mantendrán el mismo signo político, algunos distritos podrían cambiar de manos.

Un distrito clave es Santa Fe: arrastrado por la caída de la imagen del gobierno Cambiemos perdió terreno y el escenario de tercios se transformó en uno polarizado entre el Frente Progresista y el peronismo.

Para Burdman “el problema que tiene el socialismo es que pierda de Rosario, que era la balanza que lo empujaba hacia arriba”.

“El peronismo aparece fortalecido por la candidatura de Perotti –analiza Guberman–, el más al centro de los candidatos competitivos del justicialismo, en una alianza en espejo de lo que el peronismo nacional quiere: meter a los kirchneristas y a los no kirchneristas en una misma lista y encabezada por un perfil atrapa todo.

En Santa Fe eso pone en jaque la preminencia del socialismo, que ha quedado desdibujado en lo nacional; el escenario nacional ha permeado el escenario provincial”. Sin embargo, la madre de todas las batallas es la provincia de Buenos Aires. La decisión de no desdoblar las elecciones y atar la suerte de María Eugenia Vidal a la de Macri amenaza la continuidad de Cambiemos. Para Murillo los factores decisivos son“ la nacionalización de la elección y el impacto del conurbano bonaerense”.

A la alta competitividad del peronismo y el kirchnerismo en la provincia –que se incrementa a medida que se deteriora la situación socioeconómica– a Cambiemos se le suma una amenaza extra: la posibilidad de que se suture la grieta abierta en 2013, cuando Massa rompió con Cristina y lanzó el Frente Renovador.

Pero el fantasma de la unidad peronista no recorre sólo la provincia sino también la Argentina: el sorpresivo lanzamiento de la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner sacudió el tablero político. El rápido respaldo de ocho gobernadores a la movida –el pampeano Carlos Verna, la fueguina Rosana Bertone, el tucumano Juan Manzur, la santacruceña Alicia Kirchner, la catamarqueña Lucía Corpacci, el riojano Sergio Casas, el santiagueño Gerardo Zamora y el chaqueño Domingo Peppo– puso un gran signo de interrogación sobre la viabilidad de Alternativa Federal.

¿Cómo jugarán los gobernadores el partido nacional después de este cambio de escenario? Las opiniones de los analistas están repartidas.

Para Gervasoni hablar de los gobernadores peronistas como un colectivo coordinado “es una ficción, hace rato que los partidos políticos argentinos, no sólo el peronismo, están en decadencia; hay muchas facciones y organizaciones por provincia que partidos”. “Están asegurando su propia reelección cuando la tienen o esperando hasta último momento a ver qué hacen y con buenos motivos, por la volatilidad que hay en términos políticos –analiza–. Es mejor no jugarse, especialmente por la incertidumbre de si se va a consolidar una alternativa peronista no kirchnerista”.

En contraste, según Burdman “la gran mayoría se va a alinear con la nueva fórmula Fernández-Fernández” aunque planteó sus dudas sobre el cordóbes Juan Schiaretti: “No tiene muchas razones para jugarse en ese momento, le conviene ser ambiguo”.

Por el contrario, para Guberman, “a la mayoría de los gobernadores peronistas les queda más cómodo apoyar a un candidato del peronismo federal. No les resulta tan fácil la reconciliación con Cristina: los que ya estuvieron gobernando con ella en la presidencia tuvieron relaciones tensas, porque los gobernadores tienen una idea del peronismo como una suerte de liga de líderes provinciales y Cristina hizo varios intentos de nacionalizar el partido desde el gobierno, a través de La Cámpora y organizaciones como el Movimiento Evita”.

De acuerdo a Murillo, “da la impresión de que la fórmula Fernández-Fernández no logrará encolumnar a todo el PJ y parece difícil que Schiaretti se encolumne, parte de Alternativa Federal, incluido Lavagna, se ha manifestado ya a favor de continuar con la tercera opción diferente del Gobierno y del cristinismo”.

En este marco, para la investigadora la competitividad del peronismo federal y Lavagna depende en buena medida de cómo se mueva el gobierno: “Si el Gobierno continúa la estrategia de polarización y toma posiciones más extremas puede que Lavagna le reste votos, especialmente si parte de la UCR se le une. Si el Gobierno se mueve hacia el centro, le resta espacio a Lavagna y Alternativa Federal”.

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