Táctica y estrategia en la jugada de CFK

por Néstor Leone

La fórmula FF como ingeniería electoral pero también como esquema de gobierno posible. Los cambios en el tablero

1. SORPRESA Y MEDIA

El kirchnerismo, como nominalidad política y como proceso histórico, tiene varias marcas de agua. Más allá de que no se pueda hablar de una experiencia unívoca o sin matices, intensidades y cursos diversos, en tensión o contradictorios, según los momentos, las relaciones de fuerza o las adversidades. Una de esas marcas puede ser su “decisionismo” para hacer de la iniciativa política una ideología de la acción. Otra, la creatividad. Cuando fue gobierno resignificó algunos términos, desempolvó otros, permitió albergar a una pluralidad de miradas o se resguardó en su núcleo duro. E intentó construir mayorías vía transversalidad, concertación plural o asunción firme del timón justicialista, con suerte diversa, pero convencido siempre de la necesidad de no abandonar la iniciativa. Sin los resortes del Estado desde 2015, ese “decisionismo” y aquella creatividad tuvieron condicionantes más marcados, que no impidieron que pudiera convertirse en el espacio opositor más consecuente sin perder centralidad. Sobre todo, a medida que las políticas de ajuste del gobierno de Cambiemos se convirtieron en indicadores socioeconómicos acentuadamente negativos. La decisión de su líder, Cristina Kirchner, de adelantar el anuncio de la fórmula de Unidad Ciudadana, más de un mes antes del cierre oficial de listas y con ella como vice de Alberto Fernández, se inscribe dentro de esas improntas. Nadie esperaba el mensaje, ni lo que contenía. Y sacudió el tablero. A tal punto que todas las discusiones públicas subsiguientes giraron alrededor de esa jugada. Para interpretar razones, prever resultados y especular sobre cambios posibles en las estrategias de rivales y posibles aliados. El objetivo, en términos de ingeniería electoral, resulta evidente: neutralizar, sumar o reducir a una mínima expresión al peronismo disidente, “federal” o antikirchnerista. No obstante, es posible pensar que fueron, tantas o más relevantes, las razones en términos de construcción de un esquema de gobernabilidad posible. A partir de diciembre de 2019, en un escenario que poco se parece a 2007 o 2011.

 

2. CAMINO A OCTUBRE

La unidad opositora o que el PJ recupere sus funciones como partido nacional fueron dos demandas que atravesaron la discusión dentro del peronismo durante buena parte de los tres años de gobierno de Cambiemos. Y, de alguna manera, funcionaron como formas de negar el liderazgo de Cristina Kirchner, ya en el llano. O de acotarlo. Como cierre de una etapa y apertura posible de otra, diferente. Paradojas de la política, hoy el realineamiento de la oposición se produce, de hecho, con Cristina como conductora de sus tiempos y movimientos y el PJ, luego de la intervención judicial, asume públicamente su liderazgo. Sin funcionar estrictamente como partido nacional, es cierto. Pero con la mayoría de los gobernadores, jefes territoriales sin capacidad de trascender más allá de los límites de sus provincias, encolumnados detrás de una estrategia que los excede. En ese sentido, el anuncio de la fórmula FF fue sorpresa, pero también confirmación de ese estado de cosas. Cristina encabezaba la mayoría de las encuestas de intención de votos en el camino hacia las PASO de agosto y hacia las generales de octubre. Pero la dificultad para construir mayoría desde esa ventaja la convencieron de dar un giro táctico. La reacción positiva de un grupo numeroso de dirigentes a los que se pretendía interpelar le dio fuerza simbólica y material a la acción y pudo cumplir con las expectativas iniciales. No obstante, quedan abiertas varias incógnitas. Si ese gesto de mayor apertura, de diálogo posible con esos actores, podrá lograr la confluencia esperada en términos de armados electorales, más allá de esa reacción positiva inicial. Y, sobre todo, si le permitirá ampliar el caudal de votos que Cristina por sí misma ya cosechaba. Los esfuerzos del núcleo dirigente de Alternativa Federal por mantenerse en pie y la indecisión de Sergio Massa muestran límites, pero que lejos están de ser determinantes. Mientras que el despliegue en campaña de Fernández responderá esa otra incógnita. Más allá de que el camino al cierre de listas pueda traer nuevas sorpresas. Variadas y en distintas veredas.

 

3. CONTEXTOS

La decisión de Cristina fue analizada como un gesto de moderación hacia el establishment o hacia el círculo rojo, luego de la conflictividad con esos sectores durante sus
mandatos. Como una jugada para descomprimir la polarización creciente, eso que los medios se empecinan en llamar grieta, camino a convertirse en profecía autocumplida. Y como una señal de realismo político ante un escenario ciertamente complejo. En ese sentido, la expresidenta había señalado varias veces en los últimos meses que el próximo gobierno iba a necesitar de una coalición más amplia que el frente electoral que le hiciera ganar las elecciones. La mención de un nuevo contrato social en la presentación de su libro“ Sinceramente”, como contracara del acuerdo de consensos básicos que propuso el Gobierno, iba en ese sentido. Lo mismo, la mención de José Ber Gelbard y su pacto social para el interregno de Héctor Cámpora y el tercer gobierno de Perón. El precio en baja de los commodities que el país exporta, la guerra comercial entre Estados Unidos y China, la dureza mayor de la gestión Trump con las experiencias que no se condicen con su mirada geopolítica o el giro político de la región durante el último quinquenio hacia experiencias conservadoras o de derecha, acotan márgenes, generan un contexto menos proclive para caminos disruptivos. En tanto, la herencia que deja el gobierno de Macri, con un endeudamiento externo creciente, compromisos de pago en el horizonte cercano y la necesidad de renegociar para no caer en default requerirá de dosis parejas de firmeza, cintura política y pragmatismo. Cosas que Cristina, supone, estará en condiciones más limitadas de proporcionar. Porque esa polarización creciente dejaría una legitimidad de origen “partida”. Porque las expectativas sociales de los sectores que la acompañan estarán bastante por encima de lo que ella pueda brindar como reversión del ciclo anterior. Por lo menos, en lo inmediato.

 

4. COMANDO UNIFICADO

En ese sentido, la candidatura de Alberto Fernández, en su reemplazo, con ella como sustento necesario, aparece como contención posible de demandas cruzadas y como rearticulación de actores en conflicto. A la espera de poder reconstruir una especie de comando unificado de decisiones, a la manera del que ella tenía con Néstor Kirchner. Fernández fue el primer jefe de Gabinete del largo ciclo kirchnerista y el que sintetizó los trazos gruesos de la gestión de Néstor Kirchner, con la transición poscrisis, la transversalidad como manera de sumar en la diferencia y ciertos rasgos de económica con superávits gemelos, apelación a la idea de burguesía nacional como concepto a desempolvar y grados mayores de autonomía relativa. Se sabe: tras el denominado “conflicto del campo” sobrevinieron las diferencias y los caminos divergentes. En ese sentido, Cristina considera que el aquel escenario de urgencias económicas y necesidades políticas internas sobre el que tuvo que trabajar con Néstor Kirchner se parece a éste. Mientras echa de menos que el contexto global y regional sea otro. ¿Tendrá Cristina otra carta debajo de la manga para jugar sobre el cierre de listas, otro golpe de efecto? ¿O será ésta su oferta definitiva?

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