D’Alessandro: “Si gana, Cambiemos debe repensar muy seriamente su funcionamiento interno”

Entrevista Martín D’Alessandro Presidente de SAAP

 

Para los partidos (o coaliciones), una elección (y más si es presidencial) supone un diálogo hacia afuera. Con el gran público. Para repasar lo hecho (si es el partido de Gobierno) y trazar un horizonte. Antes de eso (sobre todo, si es una coalición nueva en un país desacostumbrado a ellas), debe haber un diálogo interno, para cerrar filas, aunar posiciones y mecanizar el porvenir. Uno de los (varios) problemas que atraviesa Cambiemos hoy es que esos dos procesos ocurren en simultáneo. Mientras debe conseguir el apoyo para mantenerse en el poder (una tarea no fácil), también atraviesa un tenso diálogo interno entre sus socios mayores: el PRO y la UCR. Sobre estos temas, y otros, el estadista dialogó con el politólogo Martín D’Alessandro, presidente de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP).

 

¿Es posible ampliar Cambiemos, es decir, incluir nuevos partidos o sectores en la coalición y hacia dónde es deseable construir?

Algo de eso se percibe en las provincias. Por ejemplo, en Tucumán, Jujuy o La Rioja, por mencionar algunas, donde hay actores del peronismo adentro… Siempre es posible lograr nuevos acuerdos. Para eso hace falta voluntad política y perspectivas de lograr ciertos objetivos. Esto es una Verdad de Perogrullo, pero aun así muchas veces vemos movimientos políticos que no la tienen en cuenta. Como ya los politólogos sabemos bien, en nuestro país no hay un sistema político o un sistema de partidos, para decirlo de manera un poco más técnica, sino 25: un sistema con sus características de alianzas y competencia en el nivel nacional, y uno para cada una de las provincias. Por eso en algunas provincias hay alianzas, o incluso resultados electorales, impensables en otras o a nivel nacional. De allí que sea difícil transpolar esas particularidades a otros distritos o al nivel nacional. Sin embargo, creo que estamos en un momento de muchísima fluidez en cuanto a la configuración de la competencia nacional de este año, y hay múltiples conversaciones y hasta sugerencias públicas de ampliar Cambiemos e incorporar nuevos sectores. Particularmente no me animaría hoy a descartar ninguna posibilidad, aunque la coyuntura hace que sea una empresa difícil, porque Cambiemos no está en su mejor momento.

 

En 2015, en la Convención de Gualeguaychú, la UCR definió aliarse con el PRO y la CC y, además, competir en las PASO, tal como se hizo. No parece haber consenso, ni luce conveniente, hacer esa PASO hoy, ¿pero ayudaría, a los fines de integrar más a Cambiemos, integrar la fórmula con un radical, como se hace en la provincia de Buenos Aires?

Yo creo que sí ayudaría, en el sentido que Cambiemos está atravesando un período de muchas dificultades políticas, y sería provechoso que se diera a la sociedad y al propio electorado señales claras de que la coalición es capaz de entender y superar los problemas internos, que inevitablemente surgenen todo partido o coalición. En este sentido, una PASO como en 2015 o bien una fórmula equilibrada partidariamente no solamente sería más atractiva para una parte del electorado de Cambiemos que está enojada con el Presidente, sino además un indicador de que el partido del jefe de Estado no está encerrado ni creyendo que el escenario político es el mismo que hace cuatro años atrás. Sería inverosímil que el PRO reclamara la misma oportunidad que hace cuatro años.

 

En país donde las coaliciones de partidos gobernantes no son la regla, se lee que Cambiemos es una alianza electoral, y no de Gobierno. ¿Coincide con esa caracterización y, en tal caso, debería avanzarse en la dirección de una coalición de gobierno en un eventual periodo 2020-2023?

Sí, coincido. Diversos sectores de la UCR se ha venido quejando tanto en privado como públicamente de que muchas decisiones del Gobierno han sido tomadas de manera crecientemente aislada por el Presidente, y eso ha llevado incluso a poner en riesgo el acuerdo electoral, según surge de la lectura de los diarios. Si Mauricio Macri fuera reelecto, cambiar el estilo unilateral de Gobierno hacia adentro de Cambiemos debería ser un primer paso hacia una ampliación más abarcativa de su base de apoyo político Sería puro pragmatismo: las reformas que necesita Argentina precisan un consenso político que ya no se alcanzará solamente con Cambiemos, aun cuando funcionara como una coalición de gobierno efectiva. En el mejor de los casos, habría que cambiar personas, estilos, formas de apelación a la sociedad y, sobre todo, la forma de interpretar los problemas.

 

¿Cómo sería eso, operativamente? Además de la eventual fórmula, ¿debería conformarse una mesa política, elaborarse una plataforma de consenso…?

Con la experiencia de la Alianza entre 1999 y 2001 se pudo haber aprendido que era esencial institucionalizar los mecanismos de discusión y resolución de conflictos hacia adentro de la coalición. Pero Cambiemos decidió no hacerlo, quizás creyendo que habría una hegemonía amarilla que obturaría las disidencias, o bien que la distribución de algunos pocos cargos públicos a los aliados suprimiría los conflictos. Las coaliciones europeas muchas veces demoran meses en acordar documentos detallados que funcionan muy bien como contrato, como cemento político y como base para políticas de Estado. Pero lamentablemente en Argentina se cree que es una práctica ridícula, así que me cuido bien de recomendarlos. Desconfiamos de las instituciones para no restringir a los liderazgos, pero después cuando tarde o temprano los liderazgos entran en crisis, vemos que lo construido era un castillo de naipes a rescatar con almuerzos y fotos de última hora. Algo similar ocurre con las mesas políticas: se desarman o desvirtúan con mucha facilidad. Si Cambiemos ganara nuevamente las elecciones, creo que debería repensar muy seriamente su funcionamiento interno o tendría una vez más el mismo resultado.

 

Si Mauricio Macri es derrotado en octubre/noviembre, ¿puede sobrevivir Cambiemos?

Parece difícil, porque Cambiemos nunca pensó qué era, ni qué cosa quería representar. Dependiendo desde qué lado se lo esté mirando, Cambiemos se formó como la opción disponible para derrotar al kirchnerismo o bien como vehículo para llevar a un candidato competitivo al poder. Es decir, nuevamente, como alianza electoral y no como coalición de gobierno, ni mucho menos como proyecto de representación. Ahora resulta que es el instrumento electoral perfecto para que el kirchnerismo vuelva al poder, y Macri ya no es una promesa ni despierta mayores expectativas. ¿Pretendía Cambiemos representar algunos sectores sociales como para pensar que podría sobrevivir a una eventual derrota? Aun si esto tuviera algo de cierto, creo que las intenciones del PRO y de la UCR diferían: el PRO buscaba expandirse hacia el electorado peronista más que hacia el radical, pero esto es polémico y daría para otra conversación…

 

Uno de los datos salientes del arranque de 2019 es el poder de los oficialismos locales y, en rigor, los cambios de partidos en el escenario subnacional son y serán muy bajos en el actual ciclo, más allá de los cambios de nombres por imposibilidad de reelegir de los actuales gobernadores. ¿Qué explica eso?

Todos los oficialismos del mundo corren con cierta ventaja, porque tienen resultados para mostrar o incluso más visibilidad pública. En Argentina, los gobiernos provinciales muchas veces son muy poderosos, porque controlan una cantidad de recursos políticos y económicos que les dan una ventaja muy considerable respecto de las oposiciones. Por ejemplo, en las provincias en las que el empleo público es muy alto, los gobiernos aprovechan políticamente su condición de empleador, o desarrollan mecanismos de clientelismo a partir de la distribución sesgada de bienes públicos. A estos factores bien conocidos deben sumarse las prácticas de corte autoritario que en varias provincias manipulan las instituciones electorales, incluida la Justicia Electoral o incluso restringen de manera más o menos abierta las actividades de los opositores.

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El XIV Congreso Nacional de Ciencia Política

Se acerca el XIV Congreso Nacional de Ciencia Política, a realizarse en UNSaM entre el 17 y 20 de julio. ¿Qué expectativas hay y cómo se eligió el eje del encuentro, signado por la palabra “incertidumbre”?

Los congresos de la SAAP ya son tan masivos (en 2017 tuvimos 500 paneles y en 2019 esperamos más aún) que es difícil pensar temas que crucen a todos los subcampos temáticos y disciplinares que tiene la ciencia política. En 2019 la palabra clave es, efectivamente, “incertidumbre”, pero también “reordenamientos” y “transparencia”. Tanto en el nivel de la política internacional, como en el regional o doméstico, estos términos son representativos de problemas que están afectando la estabilización del funcionamiento de la democracia y de la capacidad de las dirigencias de representar y canalizar los conflictos. El mundo y el país que tenemos por delante requerirán cada vez más del pensamiento sistemático y la evidencia empírica para la búsqueda de soluciones. Si esto es correcto, la ciencia política tendrá cada vez mayor relevancia en las próximas décadas.

+info: https://congreso14.saap.org.ar/

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