Los motivos del voto: el interrogante de cada elección

por Lucas Klobovs (*)

La realidad demuestra que el voto puede obedecer diversas causas y habrá que ver cuál es la que predomina para interpretar adecuadamente el resultado de las próximas elecciones

En octubre habrá elecciones para elegir el nuevo Presidente y, si bien, restan algunos meses para el inicio formal de la campaña electoral, los posibles candidatos ya alistaron los motores. Mauricio Macri, en el discurso apertura de la sesiones ordinarias del Congreso dejó en claro su estrategia de polarizar con el kirchnerismo. La ex presidenta, por ahora, se mantiene en silencio; mientras el peronismo se debate en una posible interna entre Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey y Roberto Lavagna. Cada uno (junto con el resto de los candidatos de otras fuerzas) y a su manera, tratarán de persuadir a los ciudadanos. Pero, más allá de lo que hará cada candidato, la pregunta es ¿cuáles son los motivos por los cuales una persona elige una alternativa electoral y no otra?

Existen muchas teorías o hipótesis que se podrían resumir, en líneas generales, en cuatro: 1. Determinismos sociales; 2. Motivos ideológicos o partidarios; 3. Preferencias macroeconómicas u otras temáticas y 4. Teorías comunicacionales.

La primera escuela explica el voto en función de las características sociodemográficas del individuo. Es decir, según esta corriente los grupos de pertenencia, la edad, el género, el lugar de residencia, la clase social y la religión (entre otras variables) pueden condicionar el voto hacia un candidato. Por lo tanto, los mensajes, publicidades y discursos políticos tendrían como objetivo primordial reforzar actitudes preexistentes de los ciudadanos, antes que convencer a otros. Siguiendo este razonamiento, los ciudadanos que viven en el Gran Buenos Aires votarían a Cristina Kirchner por vivir en esa zona del país.

En la actualidad, este tipo de análisis perdió protagonismo dado que la capacidad explicativa del voto que tienen estas variables es cada vez menor. Por otro lado, pertenecer a un grupo social no es la causa directa del voto. Más bien, pertenecer a un determinado grupo significa que la persona tiene una estructura mental o determinadas relaciones que la impulsan a votar por un dirigente y no por otro.

La segunda corriente señala que el voto depende de cuestiones ideológicas del votante o por simpatía partidaria. Esta teoría supone que todos los ciudadanos tienen una ideología estable y consciente o simpatizan por algún partido político. La falta de autodefinición ideológica de los ciudadanos y la escasa identificación con los partidos políticos que se observan en las encuestas, permiten aventurar una menor influencia de esta teoría. Martín Watternberg ya lo describía en su libro “The rise of candidate-centered politics” (1991) donde describe el surgimiento de una nueva era política (surgida en la década del ’80 en Estado Unidos y extendida al resto de los países), cuyo centro es el candidato y ya no el partido político.

La teoría de las preferencias económicas u otras temáticas considera que el elector evalúa a los candidatos en función de diferentes temas que son importantes para él. Puede ser la economía, la inseguridad, el aborto, etcétera. O también una elección puede transformarse en un plebiscito para el oficialismo y, por lo tanto, el elector vota en función de lo que hizo el gobierno (voto retrospectivo) o puede votar en función de las expectativas y demandas de corto plazo (voto prospectivo).

Vale destacar que no todos los temas impuestos en la agenda mediática ejercen un condicionamiento en el elector. Además, generalmente no hay un único tema o issue que presiona sobre el ciudadano de manera determinante, de modo que el objetivo de todo consultor es descubrir las temáticas que tienen impacto en los ciudadanos.

Por último, las teorías comunicacionales argumentan que los electores votan según un mapa perceptual que ellos mismos construyen a partir de diferentes fundamentos: grados de confianza, eje kirchnerismo vs. no kirchnerismo, vieja política vs. nueva política, entre otras cuestiones. Cada ciudadano construye el posicionamiento de cada candidato a partir de factores condicionantes internos, de procesos comunicacionales y de la interacción con otras personas.

Estos modelos teóricos son, justamente, teorías. La realidad demuestra que el voto es un factor multicausal y habrá que ver cuál termina siendo el decisivo. Por ejemplo, Helmut Norpoth se preguntó cómo fue posible que el Partido Demócrata no pudiera retener la Presidencia en las elecciones de Estados Unidos del 2000 si todos los indicadores económicos eran positivos. Evidentemente el factor económico no fue el determinante.

La próxima elección de Presidente se vislumbra competitiva y con final abierto. Y el tiempo dirá qué corriente de pensamiento explica mejor el resultado electoral que tendremos en octubre. Son interrogantes que intentaremos responder cuando se cuenten los votos de los argentinos.

 

(*) Poliarquía

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