Un duelo electoral entre mendigos

por Nicolás Solari

A la debilitada coalición oficialista, que perdió gran parte de su apoyo, se le oponen, por ahora, alternativas opositoras igual de declinantes y esa situación empareja la competencia electoral

F alta poco más de seis meses para la elección presidencial, Cambiemos afronta una parada difícil en la lucha por la supervivencia política. El escenario en el que se juega el ajedrez electoral muestra una recesión económica que no afloja, una inflación mensual por arriba del 3%, una seguidilla de aumentos en las tarifas de servicios públicos y mucho nerviosismo en los mercados internacionales, tal cual expuso la reciente mini corrida del dólar. La conjunción de esos factores genera un lógico desosiego en millones de argentinos, que ya sufrieron el año pasado la erosión de su poder adquisitivo.

En este contexto, no es extraño que la coalición oficialista exhiba los peores índices de aprobación de su corta historia. El contraste es abrumador. Hace exactamente cuatro años, la Convención radical se decidía a sellar una alianza con el PRO y la Coalición Cívica, dando forma a la estructura político electoral que enfrentaría y derrotaría al kirchnerismo. Macri, el líder indiscutido del espacio, estaba culminando un exitoso segundo mandato al frente de la Ciudad de Buenos Aires. A nivel nacional, era además el dirigente mejor evaluado del país con una imagen positiva superior al 50% y una negativa cercana al 20%.

Tras un breve ciclo político expansivo, que tuvo su apogeo en las elecciones legislativas de medio término, el macrismo entró en una espiral descendente, espoleado por la reforma previsional, la fallida reforma laboral, el progresivo aumento de las tarifas de servicios públicos, las corridas contra el peso, el acuerdo con el FMI, el paquete de austeridad fiscal, la causa de los cuadernos, la recesión económica y el repunte de los índices de inflación, pobreza y desempleo.

Hoy, a cuatro años de que los radicales aceptaran articularse en Cambiemos, la coalición muestra indisimulables tensiones internas. El adelantamiento de las elecciones provinciales en los distritos de Jujuy, Mendoza y Corrientes, y el persistente reclamo para que la Casa Rosada habilite una interna presidencial donde el radicalismo intentaría desafiar a Macri, son las señales más evidentes de los cortocircuitos que imperan entre la UCR y el PRO. La resistencia radical tiene su origen en dos factores: primero, Cambiemos es una exitosa coalición electoral que no evolucionó en coalición de gobierno, por lo que los socios minoritarios tienen fuertes incentivos para desafiar al socio mayor; segundo, Macri no es el mismo dirigente de hace cuatro años atrás, su imagen negativa es hoy de alrededor del 50% y su positiva flota apenas por arriba de los 20 puntos. Además, la fama de administrador eficiente que traía de su paso por la Ciudad de Buenos Aires desapareció con la devaluación del peso, el aumento de la inflación y el parate económico. El hombre es esclavo de sus palabras, y las de Macri fueron claras: la inflación es un problema fácilmente solucionable y su gestión debe ser juzgada por la evolución de la pobreza, la unión de los argentinos y la lucha contra el narco. En el balance general, el macrismo ha sido deficitario en su gestión y en sus promesas.

Lo anteriormente expuesto evidencia la vulnerabilidad de Cambiemos de cara al proceso electoral de este año. Aún así, dicha debilidad no parece haber sido necesariamente acompañada por el fortalecimiento del campo opositor. A esta altura del 2015, tanto el candidato presidencial del FpV, Daniel Scioli, como el de UNA, Sergio Massa, tenían una imagen positiva rayana a los 50 puntos. Hoy, Cristina Kirchner posee en los sondeos conocidos una imagen favorable inferior a 35 puntos, mientras que Massa no supera el 25%. Además, tanto la ex presidenta como el tigrense afrontan sus propios problemas para expandir sus bases electorales: la primera, por los múltiples casos de corrupción que avanzan en la justicia; el segundo, por sus constantes zigzagueos políticos.

Así las cosas, a la debilitada coalición oficialista se le contraponen, por ahora, liderazgos alternativos no menos declinantes. La oferta opositora termina emparejando de ese modo una cancha inicialmente desnivelada, y abre el escenario para una elección reñida que, frente a la pobreza de los candidatos, promete combinar océanos de críticas, ataques y difamaciones con dosis homeopáticas de nuevas propuestas, ideas y soluciones.

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