La nueva Liga de Ganadores

por Luis Tonelli

La elección de Neuquén volvió a demostrar que las cuestiones locales son decisivas al momento de definir el voto

Quien busca interpretar lo sucedido en Neuquén desde una orilla u otra de la bendita grieta sólo puede equivocarse. Si algo significó el triunfo del implacable Movimiento Popular Neuquino en las elecciones del domingo ha sido precisamente una victoria en contra de esta cesura que divide la política nacional.

El kirchnerismo cometió un enorme error: quiso nacionalizar la elección neuquina y se entusiasmó con la candidatura unificada del peronismo alrededor del dirigente piquetero Ramón Rioseco. La ecuación era sencilla: aprovechar el deterioro de la imagen de Mauricio Macri, sumar las fuerzas peronistas, y pegar al MPN con el Gobierno Nacional.

O sea, tratar de imponer la grieta en la provincia, nacionalizando las elecciones. A tal punto de difundir un video en donde aparecía la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner con los candidatos neuquinos (y una sugestiva patente estratégicamente situada sobre el escritorio que rezaba “Cristina 2019”).

Después, lo de siempre en esta época de realidad virtual: fakenews, encuestas truchas por doquier, y el Gobierno Nacional, acordándose tarde del problema y haciendo suyoal candidato del partido provincial dominante (en desmedro del de su propia coalición, el legendario intendente de la ciudad de Neuquén, el radical Pechi Quiroga). Sin embargo, el electorado que le dio el voto al MPN, como lo viene haciendo en mayor o menor medida desde 1962 tiene obviamente sus preferencias nacionales, y tradicionalmente se ha inclinado en una gran proporción por los candidatos presidenciales peronistas.

Ese dato obnubiló seguramente al peronismo local, y al kirchnerismo nacional para difundir la idea que en Neuquén comenzaba un efecto dominó de triunfos hasta la victoria final, con la Dama reconquistando la Casa Rosada. A las simpatías peronistas presidenciales del votante medio del MPN le sumaban la candidatura del ex gobernador Jorge Sobisch que supuestamente iba a dividir el voto del MPN, facilitando los trámites. Doble equivocación entonces: 1) una cosa son las preferencias nacionales, al lejano, lejano, para un neuquino (“de los de Buenos Aires”, dirán), y otra cosa las preferencias locales (me pasa lo mismo en el fútbol: soy del Rojo de Avellaneda en la A, y del Cervecero quilmeño en la B, aunque a veces juegan en la misma división –¡grrrrr!–). El electorado del MPN, fiel a su movimiento como pocos, se encuentra partido en sus preferencias nacionales. 2) La candidatura del ex gobernador Sobisch no le restó un voto a Omar Gutierrez, ya que se trataba de votantes del MPN en interna feroz con el actual gobernador.

Así, la candidatura de Sobisch impidió que ese voto engrosara una opción de más peso electoral y fue funcional a la estrategia del MPN. Así, la ilusión duró poco. Los números siguieron siempre más o menos los de siempre (40-30-20) aunque tendiendo a convertirse en un formato de tres tercios. Los mensajes directos e indirectos de apoyo del Gobierno Nacional al candidato del MPN, y de no pocos dirigentes del PRO local llamando al “voto útil” le significaron al candidato de Cambiemos una merma de varios puntos en el sprint final –aunque sin ellos el Gobernador igual hubiera quedado reelegido–.

El ejemplo que brinda la estrategia del MPN en Neuquén seguramente será copiado por más de un gobernador en busca de su reelección en las elecciones provinciales que siguen. El gobernador peronista tratará de evitar la nacionalización de sus elecciones ya que, por un lado, la situación de las provincias es más holgada que la del Gobierno Nacional, gracias a todo el dinero que se le ha girado. Asimismo, no hará gala de su alineamiento con la ex Presidenta, ya que algunos de sus seguidores provincianos son furiosamente anti k. De todos modos, el cronograma del adelantamiento fue decidido hace tiempo por los mandamases provinciales. En los últimos meses, sin embargo, la ex Presidenta se puso las pilas, y salió a recorrer el espinel para lograr que en las elecciones provinciales el peronismo vaya unido.

Obviamente, dependerá caso por caso, pero cuando uno mira la lista de las provincias que desdoblan, y que partido está al frente, es idéntica al adelantamiento que Carlos Menem prohijó para qué en las elecciones presidenciales, Eduardo Duhalde no tuviera la tracción de los gobernadores peronistas (se repite en la historia, los presidentes salientes prefieren que gane el opositor, a que gane su delfín y los jubile). Claro que hoy la mayoría de las provincias siguen siendo gobernadas por el peronismo, y el Presidente no, lo cual funcionaría en contra, en vez de a favor de los candidatos herederos del General.

Convergen dos cosas ahí: el dinero para la campaña es limitado, y si se gasta en las provinciales, después la política local no tiene para gastar en la presidencial. Segundo, una vez elegido el gobernador, no tiene mayores incentivos de pelearse con un candidato que puede ser el presidente, por más gorilón que sea (y este no es el caso de Macri).

Obviamente, esta desconexión de las elecciones provinciales con las nacionales, es solo eso, y el electorado provincial puede estar por sí mismo, en contra de la re elección del presidente. Pero aquí estamos hablando de una cuestión de mecánica y tracción, que juega, en su medida, a favor de Macri (¡al menos una!).

En Neuquén, entonces, ha sucedido algo que quizás se vuelva corriente en la seguidilla de elecciones a gobernador que vamos a tener durante este año. Macri festejando todos los triunfos no kirchneristas como propios (aun cuando sean protagonizados por alguien que no proviene de Cambiemos –y mejor, si es radical el que pierde también–).Lo que el inefable Carlos Menem bautizó como la “liga de ganadores”.

¿Lo pensará así también el Presidente para Córdoba, donde la escandalosa división radical juega a favor de la reelección del Gobernador Juan Schiaretti?

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