Mac Allister versus Kroneberger y sus secuelas

por Miguel De Luca y Andrés Malamud

 

Perico (1997) o la mesa 86 de Necochea (2003) fueron pura anécdota. Pero hay elecciones pequeñas que pasan a la Historia por imprevistas consecuencias

Cada cuatro años, el caucus de Iowa y las primarias de New Hampshire abren la temporada del roadshow político de mayor audiencia global: la votación presidencial en Estados Unidos. Desde la década de 1970, los pormenores de la selección de candidatos en ambos estados concentran una atención mediática y generan unos efectos políticos muy por encima de su peso en votos, que es ínfimo. En un ciclo electoral que se extiende por un año y en donde la política y el entretenimiento se mezclan cada vez más, medios y redes tratan los resultados de Iowa y New Hampshire como a la salida de la marmota Phil para predecir la duración del invierno. Si para la mayoría hablar del clima y de política es aburrido, hay que inventar el lado divertido. De las consecuencias que se ocupen los economistas o, mejor, los que aciertan alguna vez: politólogos y meteorólogos.

Hace poco les tocó Mac Allister versus Kronebergere los apellidos calzan, no compitieron ni en el Midwest ni en New England. En todo lo demás la contienda parece calcada. La Pampa constituye el 0,85 por ciento del padrón nacional, y en la primaria de Cambiemos votaron apenas 30 mil personas. El resultado del 17 de febrero tuvo una repercusión fuerte, amplificada, extendida… y para muchos inesperada. En el PRO se desayunaron con lo que la vieja política sabe por política, pero más sabe por vieja: que para los radicales no hay nada más importante que una interna. Tras la derrota, los amarillos tumbaron de un soplo las precandidaturas a gobernador en Santa Fe y Entre Ríos y le bajaron el copete a más de un aspirante en otras provincias. En adelante, apuestas seguras. En la UCR, en cambio, inflaron el pecho y los desafiantes brotaron como hongos después de la lluvia. Algunos aprovecharon para colgarse de Guga Lousteau y reclamar competencia en las PASO presidenciales. Sólo olvidaron consultar a Guga Lousteau.

En el escenario actual, con el encadenamiento de primarias, elecciones provinciales (algunas con boleta única, otras con voto electrónico, las peores con ley de lemas), votaciones nacionales y segundas vueltas, la carrera presidencial argentina se asemeja mucho, pero mucho, a la sucesión de ciclos escalonados de las primarias estadounidenses. En consecuencia, es posible que una votación muy pequeña provoque efectos descomunales y, también, inesperados, o al menos no previstos por los estrategas de campaña. Por eso mismo, quizá resulte útil trazar dos comparaciones con la política electoral gringa: una basada en la secuencia temporal, otra en los riesgos para el presidente.

La primera. Después de la sorpresiva (risas) victoria del Movimiento Popular Neuquino viene abril, el mes más cruel. Todos, TODOS los domingos de abril hay una PASO en alguna provincia. El calendario electoral sigue el 12 de mayo: Córdoba y La Rioja eligen gobernador. Y luego tenemos el “superdomingo”: el 9 de junio se vota en Chubut, Entre Ríos y Tucumán (y además, hay PASO en Mendoza). Para esa fecha, menos del 20 por ciento del padrón nacional habrá expresado alguna preferencia, pero Cambiemos habrá tenido pocas chances, si alguna, de anotarse un poroto. Atentos entonces, como en Estados Unidos, al momentum y al efecto “bola de nieve”: el momentum es el envión psicológico establecido por una seguidilla de victorias o derrotas; la bola de nieve, el efecto contagio producido por ese momentum.

La segunda. En Estados Unidos, los presidentes que buscan su reelección generalmente la logran… siempre y cuando no sean desafiados en una primaria. Incluso la mera existencia de rivales internos puede considerarse un indicador de que las perspectivas no son buenas. En 1968, Lyndon Johnson se bajó de la reelección cuando comprobó que Eugene McCarthy y Robert Kennedy le disputaban con fuerza dentro de los demócratas. En 1976, el republicano Gerald Ford perdió en la general después de una durísima pelea contra Ronald Reagan. En 1980, Jimmy Carter venció con esfuerzo a Ted Kennedy en la primaria demócrata, sólo para que después Reagan le diera una paliza en el colegio electoral. Y en 1992 George Bush padre también perdió la reelección, después de chocar en la primaria contra Pat Buchanan.

Difícilmente la UCR le haría algo semejante a Mauricio Macri. No será por responsabilidad de gobierno sino por respeto a los principios históricos: la interna es cosa de radicales.

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