“Argentina es el único país qué pasó de desarrollado a estar en desarrollo”

En diálogo con el estadista, el politólogo Aníbal Nicolás Saldías (PhD de la Universidad de Toronto) e investigador del Wilson Center de Estados Unidos, ofrece su visión sobre las elecciones que se avecinan en Argentina y Uruguay, analiza las causas del extravío relativo de Argentina y, también, mensura el impacto regional del ascenso de Jair Bolsonaro en Brasil.

 

El 27 de octubre, hay elecciones presidenciales en Argentina y estamos, coinciden todos, ante un escenario polarizado y competitivo, con Macri y Cristina como mainplayers. Siempre son importantes las presidenciales, pero éstas parecen particularmente pivotales porque enfrentan a las dos principales figuras de la política criolla, contrastan modelos muy distintos y tienen implicancias a futuro también distintas para el curso de Argentina. ¿Qué opinión tiene usted sobre la bifurcación que se abre?

Ambos ofrecen modelos de país buen definidos con visiones muy distintas sobre cómo funciona la economía. Macri ofrece medicina dura a los votantes con una receta de ajustes estructurales y ajuste. Su meta es bajar costos para mejorar la competitividad. Argentina necesita exportar más para crecer a largo plazo y conseguir los dólares necesarios para financiarse sin recurrir a la deuda o la inflación. Esa idea fue reforzada por el programa del FMI, que demanda un mercado laboral más flexible y una reforma previsional para bajar costos aún más. El desafío mas grande para Argentina es aumentar la productividad para evitar que el país compita por sus bajos precios. Macri fue elegido para deshacer la pesada herencia de los Kirchner, pero pocos se dieron cuenta de cuán profundo era el desafío y no pudieron (o quisieron) comunicar la gravedad de la crisis. El desafío inicial para Macri era un tipo de cambio sobrevaluado, un sector público sobredimensionado, subsidios masivos y una sistema de bien estar no financiado. Deshacer esta red de medidas populistas no es atractivo para los votantes. Especialmente, Macri se enfrenta a una fuerte resistencia de los“ insiders” como los sindicatos o empresas protegidas por regulaciones laborales y proteccionistas. Macri y el FMI consideran que las medidas proteccionistas son una barrera para el crecimiento. Aunque no es todo negativo para las reformas de Macri. Al igual que Estados Unidos a fines de la década del ’70, la desregulación de Macri en el sector de la aviación es popular. Con la introducción de una serie de aerolíneas y nuevas rutas y aeropuertos, el precio de las tarifas aéreas en Argentina ha disminuido. Sin embargo, esto está ejerciendo presión sobre los sindicatos y los operadores tradicionales como Aerolíneas Argentinas para reducir costos, algo difícil para una aerolínea que una vez estuvo fuertemente protegida y subsidiada por el Gobierno. Además, hay temores de que no todas las aerolíneas sobrevivan. Esto es similar a lo que sucedió en Estados Unidos en la década del ’80, con gigantes como Pan Am desapareciendo. Sin embargo, hoy en día, decenas de millones de personas vuelan más que antes y los consumidores están mejor. Para ponerlo en términos simples, un trabajador es un consumidor y sus intereses no están claros desde el principio. Macri podría enfatizar el aumento en el excedente de consumo de sus reformas para obtener apoyo popular. El punto de vista de Cristina sobre la economía se basa en una visión de izquierda keynesiana, donde la demanda es la fuente de crecimiento con una buena dosis de escepticismo hacia los déficits presupuestarios y la inflación como un problema. En su opinión, el Estado corrige las fallas del mercado. Su opinión tiene un serio problema de identificación: los mercados pueden fallar debido a la intervención del gobierno, lo que justifica una mayor intervención del gobierno. Es un círculo vicioso. Bajo su mandato, esta visión expansiva era viable ya que los precios de los productos básicos eran altos y las tasas de interés eran bajas. Bajo su mandato, el gasto del Gobierno pasó de 15,4% en 2007 a 24,9% en 2015, algo sin precedentes en la región. Gran parte de ese aumento se destinó a subsidios y empleo público. El Gobierno lo financió a través de un aumento de los impuestos, incluidos los impuestos sobre las ventas y la famosa “maquinita”, lo que llevó a la inflación. Los impuestos a las ventas, los subsidios y la inflación son regresivos, ya que están mal orientados. Los impuestos sobre las ventas y la inflación reducen la capacidad de consumo de los pobres, ya que son las menos protegidas por las paritarias. La pobreza comenzó a aumentar antes de Macri, a partir de 2014 y empeorando gradualmente. El enfoque keynesiano de Cristina es popular en el corto plazo, ya que mantiene el consumo con pocos de los costos incurridos por la población, ya que el Gobierno asume los costos con los déficits. En el mediano a largo plazo, el gran déficit presupuestario de Argentina es imposible de mantener, a menos que el Estado esté dispuesto a aceptar más deuda, inflación o una carga fiscal mucho mayor. Los argentinos rechazaron ese modelo en 2015. En 2019, los argentinos tendrán que elegir entre estos dos modelos, pero el problema para un gobierno de Cristina será mucho mayor que para Macri. El mundo ha cambiado drásticamente desde “la década ganada”, y ahora es “la década perdida”. Argentina está “priceada” afuera de los mercados crediticios, debido a su alto riesgo: es muy probable que el riesgo país aumente si vuelve Cristina. El acuerdo con el FMI actuará como una camisa de fuerza en sus prioridades políticas. Las reformas estructurales profundas en Brasil presionarán a Argentina para que haga reformas para no perder competitividad. Todas las encuestas muestran que, si Macri llega a la segunda vuelta, ganaría contra Cristina. Creo que la mayoría de los argentinos son conscientes del riesgo. La pregunta es, ¿puede Macri llegar a esa segunda vuelta?

 

Argentina y Uruguay votarán el mismo día, será una gran jornada electoral rioplatense porque también vota Uruguay. Los expertos dicen que la gran pregunta es quién ganará la interna del Frente Amplio (FA), que tiene casi asegurada su permanencia en el poder. ¿Es tan así y quién tiene más chances de imponerse en el FA?

Primero, el FA no es el favorito para ganar en 2019. Por primera vez desde 2005, la elección será competitiva y el FA puede perder. Las encuestas muestran que la aprobación del FA ha declinado registrar mínimos, con 87% de los encuestados diciendo que el partido está mal gestionado. Esto se ha traducido en tasas muy bajas de apoyo para el partido, con 46%. Esto se debe a una serie de factores, pero el rápido aumento de la delincuencia, las percepciones de corrupción, el débil mercado laboral y la falta de voluntad del FA para condenar a (Nicolás) Maduro ha dañado seriamente la reputación internacional de Uruguay. Si ganara el FA, es casi seguro que perderá su mayoría parlamentaria. Desde 2005, el partido ha tenido el control de ambas cámaras del Congreso. Esta sería la primera vez que el FA se vería obligado a unirse, en coalición, con partidos de la oposición. El primer problema es que no está claro qué partido querría formar una coalición con el FA. Para que el presidente obtenga una mayoría estable, tendría que dar importantes cargos de gabinete a los partidos de la oposición. No está claro cómo eso puede afectar a la interna del FA, ya que la izquierda (Partido Comunista o MPP) dudará mucho en compartir el poder con la derecha. La interna del FA es la más competitiva de su historia, con cuatro candidatos. Los principales candidatos son el intendente de Montevideo, Daniel Martínez y Carolina Cosse, Ministra de Industria. Martínez es un alcalde popular y ha estado dispuesto a enfrentarse a sindicatos poderosos, lo que demuestra que es probable que empuje a los sindicatos a aceptar las reformas. Cosse sería la primera candidata a la presidencia y fue una exitosa presidenta de Antel, la empresa estatal de telecomunicaciones. Aunque pueden tener calificaciones personales positivas, no está claro si es suficiente para disipar los sentimientos negativos que muchos tienen para el FA como partido. Si tuviera que adivinar quién sería el candidato probable, sería Martínez con Cosse como su vice.

 

Volvamos a Argentina, un país que usted ha estudiado con detalle. En un artículo reciente plantea que el decopuling de Argentina del resto del mundo no es tan antiguo como el que dice Macri, que habla de setenta años de extravío. Usted plantea como año pivotal a 1974. ¿Qué falló desde entonces?

Esto es complicado, así que daré mis ideas preliminares. Argentina es el único país que ha pasado de ser un país desarrollado a un país en desarrollo y su ingreso per cápita es inferior al de Chile y Uruguay. Esto es un enigma ya que Chile o Uruguay no tienen economías más complejas o más capital humano. La tasa de inflación de Argentina es la más alta de la región, excepto Venezuela. El riesgo país argentino siempre es más alto que Chile o Uruguay. Lo que separa a Argentina de Chile y Uruguay es la calidad de sus instituciones, principalmente el Estado de Derecho. Los inversores tienen recelos de invertir en Argentina debido a un Poder Judicial débil, un historial de impagos y altos niveles de corrupción. Simplemente, no hay previsibilidad. Las élites argentinas han sido incapaces de formar un consenso político sobre las políticas económicas básicas. Macri o Cristina no existe en Chile o Uruguay, ya que no hay debates serios sobre “el modelo”. Este es un debate anticuado en otras partes de la región. La segunda razón tiene que ver con que Argentina no se adapta a los mercados globales cambiantes. Argentina no aprovechó el crecimiento de las redes transnacionales de producción que llevaron al crecimiento en el este de Asia. En cambio, Argentina siguió mirando hacia adentro con políticas industriales que conservaban altos niveles de vida para cada vez menos personas. Argentina ha priorizado la redistribución sobre el crecimiento. El enigma es que, con un crecimiento bajo o nulo, hay menos que redistribuir, pero más demandas de redistribución, el segundo círculo vicioso de la Argentina. Además, los debates en Argentina tienen un carácter binario, es decir, la famosa grieta, cuando la respuesta a la globalización es un equilibrio sobrio de intereses y costos.

 

Hay una frase que dice que hay cuatro tipos de países en el mundo: desarrollados, en vías de desarrollo, Japón y Argentina. ¿Tiene algo exageradamente excepcional Argentina o, simplemente, arrastra problemas que otros países han dejado atrás?

Es cierto que Argentina es un país excepcional, ya que su desarrollo inicial fue rápido. En tres décadas (1880-1910), pasó de ser un país rural y parroquial a un país rico y cosmopolita que atrajo a millones de inmigrantes. Gino Germani señaló que lo que separaba a Argentina de otros países latinoamericanos era el ritmo de su desarrollo inicial. Sin embargo, el desarrollo económico y social de Argentina no fue igualado por sus instituciones políticas. Importantes segmentos de la elite económica, la Iglesia, la inteligencia y el Ejército se mostraron escépticos de la democracia. No es de extrañar entonces que Argentina experimentara seis golpes de Estado después de 1930. En las décadas de 1930 y 1940, el auge del nacionalismo como una ideología entre estas elites llevó al auge del peronismo, algo muy bien resumido por Federico Finchelstein. El desarrollo único de la política argentina, una mezcla de ideologías locales y transnacionales, creó un país con pocos paralelos en el mundo. Argentina sigue asediada por el legado de su pasado, pero también es un país que ha logrado avances serios e importantes en la promoción de los derechos humanos y la causa de la democracia en la región, como lo demuestra el liderazgo de Macri en Venezuela.

 

¿Cómo impacta el ascenso (sorpresivo, por cierto) de Jair Bolsonaro en Argentina? En los últimos tiempos se especuló si surgiría un candidato similar aquí. Por ahora, eso no ha ocurrido. Sin embargo, y más allá de eso, imagino que Brasil será un espejo para Argentina, y también para los inversores internacionales. En resumen, ¿Bolsonaro es una buena noticia para Cambiemos o lo puede dejar en off-side?

El surgimiento repentino de candidatos de extrema derecha en las elecciones de 2019 sugiere que el efecto Bolsonaro es real. Por ejemplo, Alfredo Olmedo se lanzó en una plataforma socialmente conservadora y con mano dura y sus números en las encuestas son similares a las de Felipe Solá. No creo que él tenga una gran base de apoyo, ya que Argentina carece de una comunidad evangélica fuerte como Brasil. El problema es que podría llegar sacarle votos a Macri en la primera ronda para permitir que un peronista tradicional gane y compita con Cristina. Como dije antes, el desafío para Macri no es vencer a Cristina en la segunda vuelta, sino llegar a ella. Las nuevas políticas de mano dura de Macri y el lugar privilegiado otorgado a la ministra Patricia Bullrich, e incluso la posibilidad de que ella sea su candidata a la vicepresidencia, es señal de que necesita apuntalar su base.

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