Opinión pública: la foto del verano

por Facundo Matos Peychaux

Quien diga que sabe quién ganará las elecciones presidenciales que se realizarán en octubre de este año, miente. Quien busque la respuesta en las encuestas, se engaña.

 

A más de seis meses de las PASO presidenciales, prevalecen los interrogantes por sobre las respuestas y es poco lo que pueden anticipar los sondeos de opinión pública. La oferta política no está completamente definida. Las coaliciones electorales que competirán no se terminaron de forjar y muchas de las candidaturas no se lanzaron todavía: los dos liderazgos de mayor centralidad en la política actual, Mauricio Macri y Cristina Fernández, todavía no lo hicieron. El electorado no se ha involucrado fuertemente aún y probablemente no lo haga por varios meses más, al menos en el plano nacional.

La seguidilla de comicios provinciales que da el primer frenesí electoral a los años impares no comenzó (aunque falta menos de un mes). Y todavía no se conoce cuál será la coyuntura económica, política, social y global con la que se votará ni qué ejes estructurarán la elección de los y las votantes esta vez.

Leer encuestas buscando encontrar quién ganará, en este contexto –y en la mayoría–, no tiene sentido.

La intención de voto es el número más taquillero, pero el menos preciso. El nivel de conocimiento de los candidatos y las candidatas, su imagen positiva y negativa, la inclinación o el rechazo indeclinable del electorado a votar por uno u otro espacio, la preferencia por opciones oficialistas u opositoras, las expectativas personales y para el país, las preocupaciones y la predisposición a tomar riesgoso el conservadurismo en las elecciones de los y las votantes son datos que pueden resultar más interesantes para pensar la opinión pública que la intención de voto. Como señala el consultor mexicano Roy Campos en El Búnker CP, “ las encuestas en las campañas políticas sirven para todo menos para saber quién va a ganar”.

En ese sentido, las fotos tomadas entre diciembre y enero por distintas consultoras, encuestadoras y estudios de opinión pública muestran algunas tendencias del momento:

1. Continúa el escenario de polarización simétrica. Sujétense al DeLorean: vamos a una nueva elección simétricamente polarizada, como la segunda vuelta presidencial de 2015 y la pelea bonaerense en 2017. Macri y CFK retienen el apoyo de un tercio del electorado cada uno, según todos los sondeos. El margen que los separa, en favor de uno u otro según qué encuesta, no es estadísticamente significativo y, por ende, arroja un empate técnico. Habrá que esperar para ver cómo se desenvuelve.

Esta polarización obtura toda tercera vía, como la Alternativa Federal que embanderan Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey. Ambos pierden imagen positiva y continúan relegados al tercer puesto, sin chances de ingresar en un eventual balotaje. Macri tampoco logra salir del pendiente y llega al último año de su primer mandato con el máximo nivel de rechazo desde que comenzó su Gobierno, según Córdoba & Asociados y otras mediciones, pero conserva – al igual que Cristina– un núcleo duro de su base electoral fidelizado.

2. Se mantienen las alternativas por derecha a Cambiemos. El economista José Espert y el diputado nacional Alfredo Olmedo lanzaron sus candidaturas a presidente y cosechan suficientes votos para sobrevivir a las PASO, según distintas encuestas.

Aunque marginales como opciones electorales, son capaces de presentarle un riesgo al oficialismo. Con críticas a la gestión económica de Cambiemos desde la ortodoxia económica liberal en el caso de Espert y con posturas conservadoras y radicalizadas en lo político y lo social en el de Olmedo, uno y otro logran atraer a una porción del electorado que votó a Macri y hoy está desencantado por la gestión. En un escenario de empate técnico, esta fuga de votos podría costarle caro al Presidente.

A retener a ese grupo de votantes apunta en parte la radicalización de la agenda anticorrupción y contra la delincuencia del Gobierno desde principios de año.

Por otra parte, un caudal de votos elevado para estas opciones extremistas sería un dato nuevo en la Argentina reciente. Si la presencia de Cambiemos en la centroderecha obtura la posibilidad de que estas alternativas ganen mayor fuerza o fue lo que posibilitó que emergieran en un principio al correr el umbral ideológico hacia la derecha es un debate abierto que merecería una columna aparte.

3. El terreno para Cambiemos es la (in)seguridad. Toda elección tiene su tema estructurante: un problema en torno al cual se define el voto. No se trata de decirle al electorado qué votar –cosa que intentarán todos los partidos por igual– sino en base a qué deben decidir su voto. Lo explica Dick Morris en El nuevo príncipe: “La batalla para controlar una elección es una batalla entre los temas entre sí a fin de (cada que cada partido logre)destacarse”. El que quiere Cambiemos para estas elecciones es la (in)seguridad.

La intención tiene lógica: la (in)seguridad es, junto a la economía, una de las principales preocupaciones de la población. Pero a diferencia de la cuestión económica, donde el Gobierno tiene más errores que aciertos para mostrar, la problemática en torno a la (in)seguridad lo beneficia: la gestión del Gobierno en el área es mejor valorada que en economía y su imagen crece entre los y las votantes más preocupados por la (in)seguridadque la economía, según la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP) de diciembre de la Universidad de San Andrés.

Cambiemos aparece ante los y las votantes como la fuerza que puede garantizar una mejora en el área, aunque es superado por el kirchnerismo como opción para mejorar la problemática económica, según D’Alessio IROL – Berensztein. Ambas preocupaciones, además, se mueven en sentidos opuestos: cuando una aumenta, la otra disminuye, según un seguimiento de la opinión pública durante 2018 realizado por el Grupo de Opinión Pública.

Si el oficialismo logra que la campaña y la decisión del voto se muevan en el terreno de la seguridad, tendrá más chances de ganar.

4. Demanda opositora hay, lo que faltan (o sobran) son ofertas. Seis de cada diez votantes se inclinarían por una opción opositora si las elecciones fueran hoy, según diversas encuestas. Un dato demoledor para el Gobierno… si no hubiera tantas alternativas electorales opositoras. La atomización de la oposición, no obstante, se mantiene e inclina las chances en favor de la continuidad.

Así todo, ningún sondeo muestra una presión irrefrenable de alternancia en la opinión pública, un kuukien favor del cambio, según el término japonés que refiere –según explica Mario Riorda en Cambiando– a una “atmósfera creada respecto a una situación en la cual los involucrados se compelen en ella. Refleja la opinión de la mayoría, pero ejerciendo presión política, social y psicológica, para cumplir con el pensamiento del grupo”.

Ni pareciera existir una voluntad ciega por conseguir la alternancia: un cambio no es cualquier cambio. Para eso, quizás mejor sea la continuidad.

5. Los y las votantes llegan con apatía y desconfianza a las elecciones. Casi sin excepciones (Cristina sería una, para Poliarquía), cae la imagen positiva de todas las figuras de la política argentina, incluida María Eugenia Vidal. La inmensa mayoría, de acuerdo a la ESPOP, se encuentra en terreno negativo hoy. El Índice de Confianza del Consumidor y el de Confianza en el Gobierno, que elabora la Universidad Torcuato di Tella (UTDT) están en caída libre desde fines de 2018, solo interrumpidos por breves períodos de estabilidad, no de recuperación. Las expectativas personales y sobre el país caen incluso cuando se consulta sobre 2020. Un cuarto del electorado todavía no opta por ninguna variante electoral cuando se le consulta su intención de voto.

La apatía y la desconfianza son comunes a un espectro transversal del electorado e interpelan por igual a todos los partidos políticos, los posicionamientos ideológicos o los antecedentes políticos de la dirigencia política.

El desgaste del kirchnerismo en sus últimos años de Gobierno, sumado a los pobres resultados de la gestión de Cambiemos y la inexistencia de alternativas viables de gobierno parecen haber encerrado al electorado aún más en un laberinto del desencanto en el que ya estaban inmersos. Latinobarómetro mostró que Argentina acompañó en 2018 el “annus horribilis” de la región, en el que caen el apoyo a la democracia, la confianza en las instituciones, la percepción de la situación económica actual y futura a nivel personal y de país, la pérdida de identificación con los partidos y la aprobación del Gobierno, y aumentan la percepción de desigualdad.

Manuel Mora y Araujo define la opinión pública a grandes rasgos como un flujo dinámico de opiniones públicas y privadas sobre asuntos públicos, mutuamente influenciables entre individuos, grupos e instituciones. Como una foto, las encuestas pueden capturar la imagen de un instante en ese intercambio dinámico, pero eso no quiere decir que la imagen extraída abarque todo lo que hay para ver ni que la opinión pública se congele desde entonces hasta el próximo estudio. Habrá que seguir leyendo encuestas.

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