Cambiemos, gestión de la ideología

por Ignacio Ramírez (*)

El apoyo al Gobierno es identitario y la oposición no ganará haciendo un inventario de la situación económica

 

Hace algún tiempo, no tanto, parecía que las ideológicas eran un vestigio del pasado, un género reservado para historiadores, arqueólogos o melancólicos. En el terreno del comportamiento electoral, “el fin de las ideologías” se tradujo en el llamado voto retrospectivo, o voto económico.

De acuerdo con este nuevo marco explicativo, el voto ya no estaba esencialmente atado a identidades sociales, lealtades partidarias u orientaciones ideológicas; lo que configuraba un mercado electoral (las analogías comerciales no eran conceptualmente inocentes) ideológicamente desregulado.

Pero entonces, desprovisto de inercias sociales y de sus atajos cognitivos clásicos, cómo elige y vota este votante líquido? La respuesta comenzaba proponiendo, o asumiendo, un vínculo más transaccional que identitario entre sociedad y gobierno, un vínculo pospolítico: votos a cambio de soluciones, confianza por resultados. Superadas las supersticiones ideológicas, el comportamiento electoral adoptaría ahora una forma racional. Según esta perspectiva, los votantes evalúanserenamente el desempeño del Gobierno: frente una gestión satisfactoria se impone el siga-siga, mientras que un balancenegativo abre las puertas a la oposición y alienta la alternancia. “Usted no cumplió, next”.

Al intentar interpretar el escenario argentino mediante el marco teórico descripto, se nos escapan la mayoría de los datos. Repasemos algunos: un 85% de argentinos considera que Cambiemos incumplió sus promesas, cerca de un 70% desaprueba la tarea de Gobierno y las percepciones económicas ya no tienen prácticamente espacio para continuar su pendiente descendente. Sin embargo, el macrismo continúa siendo electoralmente competitivo. En algunos distritos, incluso, la intención de voto de Mauricio Macri supera al respaldo que suscita la gestión, como si tales dimensiones estuvieran escindidas.

Durante el año muchos análisis han subrayado la sangría de popularidad que sufrió el Gobierno; sin embargo, el dato más enigmático –en la medida en que concibamos al voto como como a un frío balance de un desempeño de gobierno– surge cuando invertimos la mirada: existe un respaldo importante que sobrevive al fracaso económico. Este “respaldo inelástico” no está sostenido, como suele decirse para rellenar agujeros explicativos, por expectativas.

Mi tesis: el apoyo a Cambiemos es profundamente ideológico e identitario, Cambiemos adoptó a los huérfanos dela política de partidos que el 2001 había dejado a la intemperie de la representación política.Una segunda tesis: pese al discurso gerencial (gestión vs ideología) que articula públicamente, Cambiemos tiene plena consciencia respecto al material con que está hecho su competitividad electoral; pareciera trabajar con una hipótesis más sociológica que económica: la recesión no disuelve el antiperonismo (antikrichenrismo). En este sentido, la comunicación –y su estrategia política– del Gobierno Nacional ha estado estructurada sobre cuarto pilares fundamentales:

1 Agudizar la ruptura cognitiva que segmenta en dos bloques a la opinión pública: con el objeto de impermeabilizar emocionalmente a “su” electorado.

2 Gestión del clima ideológico: debilitado el control del contexto económico, Cambiemos fortalece la gestión del ambiente ideológico que envuelve y tiñe la discusiónpública. ¡Si no hay progreso, que haya orden!

3 Gestión narrativa del pasado: romper el principio básico del “voto retrospectivo” según el cual el Gobierno es el principal responsable del estado de cosas.

4 Politizar la desconfianza: aunque tampoco quiera mirarse en ese espejo, Cambiemos es hijo de la bronca – más que de una luminosa esperanza – de manera que sabe interpretar con bastante destreza esa corrosiva melodía social, para seguir siendo sujeto de la bronca y no objeto. La irrupción pública del PRO se explica, en parte, por la desconfianza en la Política, pero su vigencia tiene más que ver con una política de la desconfianza.

En síntesis, Cambiemos aspira a una reelección que no estará edificada sobre éxitos económicos ni credenciales de gestión. Bajo las condiciones en las que se desarrolla la política argentina (condiciones sobre las que el Gobierno trabaja de manera eficiente), la economía incide pero de ninguna manera determina los desenlaces electorales. En este sentido, la oposición deberá dejar de lado la racionalidad económica y asumir que no ganará las elecciones haciendo un inventario. El fracaso económico del Gobierno –percibido transversalmente por todos los segmentos de la opinión pública– sólo será el motor de un mayoritario voto castigo en la medida en que la oposición consiga que tal fracaso económico sea metabolizadosocialmente como un fracaso de la constelación discursiva e ideológica que legitima la actuación política de Cambiemos. Esa pelea aún está abierta y se libra con todaslas armas de la comunicación, nunca con un Excel.

(*) Sociólogo y director del Posgrado de Opinión Publica y Comunicación Política de FLACSO

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