G-20: política exterior y otro capítulo de la grieta

por Tomás Múgica

Ante la Cumbre de Líderes vuelven a ponerse de manifiesto las dos lecturas que existen sobre la inserción en el mundo de Argentina y que ha sido motivo de fuertes debates

 

Se aproxima la Cumbre de Líderes, el momento culminante de las actividades del G-20 bajo la presidencia argentina. Debilitado por la crisis económica interna doméstica, el gobierno de Mauricio Macri intentará hacer del evento una ocasión para mostrar que una nueva Argentina está naciendo. La reunión de los principales Jefes de Estado en nuestro país será contabilizada en el haber de una administración con pocos éxitos para mostrar, como respaldo a un país que “vuelve al mundo” tras un (supuesto) aislamiento.

Claro que no todos están de acuerdo con esta mirada. En la antesala de la reunión, el gobierno y su principal oposición, el conglomerado de fuerzas que se agrupa en torno al liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner, proponen interpretaciones divergentes de la Cumbre de Buenos Aires. La política exterior es un terreno en el cual se manifiesta la polarización política doméstica.

Para el gobierno de Cambiemos el G-20 tendrá cuatro significados principales. En primer lugar, será la ocasión de mostrar a los miembros del Grupo, a los organismos internacionales y a los inversores extranjeros su firme compromiso con su agenda de reformas. El mensaje que busca transmitir es claro: Macri es el presidente que, a un costo político alto, está decidido a terminar con la Argentina populista. Se trata de un gobierno responsable que cumple –y cumplirá– sus compromisos, tanto con los acreedores privados como con el FMI, aunque ello conlleve un severo ajuste a nivel doméstico. En este terreno, el discurso de fondo Macri no ha cambiado; sólo que ahora la salida del populismo se produce mediante la vía ortodoxa, que por imperio de la circunstancias reemplaza al inicial gradualismo. Ante sus interlocutores externos, el gobierno busca hacer de la necesidad virtud.

Segundo, Macri exhibirá una vez más su cercanía política con Occidente, especialmente con Estados Unidos: el apoyo norteamericanofue decisivo en el logro del acuerdo con el FMI y su posterior ampliación, sin el cual la Cumbre muy probablemente tendría lugar en condiciones económicas inclementes. En ese sendero, el gobierno aspira a anunciar avances sustantivos en el ingreso de Argentina en la OCDE, un club de países ricos dominado por Estados Unidos –el miembro que con mayor énfasis apoya el ingreso de nuestro país– y Europa.

Tercero, intentará avanzar en la construcción pragmática de vínculos económicos con los demás estados participantes, más allá de diferencias ideológicas existentes en algunos casos. Como es habitual en las Cumbres de Jefes de Estado, el Presidente mantendrá una serie de reuniones bilaterales, en las cuales abordará cuestiones como el postergado Acuerdo Mercosur-UE y la inversión de empresas de los países del G-20 en Argentina, especialmente en las áreas de infraestructura y energía.

Cuarto,el gobierno buscará demostrar que un país mediano como Argentina puede jugar un rol constructivo en los grandes temas de la agenda internacional. En su calidad de anfitrión, el gobierno argentino espera contribuir al logro de una declaración final positiva, que muestre avances en temas conflictivos de la agenda internacional –tensionada por intereses y visiones divergentes sobre el proceso de globalización– entre los cuales sobresalen la guerra comercial entre Estados Unidos y China y las acciones conjuntas respecto al cambio climático.

 

CFK: LA CRITICA AL NEOLIBERALISMO

La mirada optimista de Cambiemos contrasta con la lectura de la Cumbre que se hace desde el kirchnerismo. Aun cuando sus organizadores destacan que no se trata de una Contracumbre, el Foro Mundial de Pensamiento Crítico organizado por Clacso (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales) ha oficiado de ámbito para la expresión de voces críticas a nivel latinoamericano, tanto frente al G-20 como, más en general, frente al proceso que atraviesa el capitalismo a nivel global. El Foro reúne a algunos de los principales referentes políticos e intelectuales de la izquierda regional, como Dilma Rousseff, Fernando Haddad, Alvaro García Linera, Gustavo Petro, Chantal Mouffe y Marta Harnecker.

Pero al celebrarse en Argentina la presencia estelar del evento fue es la de CFK, quien utilizó su exposición en la jornada inaugural para exponer su mirada sobre los procesos políticos a nivel regional, incluyendo el que atraviesa nuestro país.En la visión de Cristina, el neoliberalismo (entendido como sujeto político conformado por los sectores dominantes, con una correspondiente ideología que justicia y encubre esa dominación)es el enemigo principal de los movimientos políticos populares en América Latina. Actúa fundamentalmente mediante un proceso de colonización ideológica queexalta el individualismo –en cuanto egoísmo– y rompe los lazos de solidaridad; proceso en el cual juegan un rol decisivo los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales,mediante el cual se genera falsa conciencia en algunos sectores-como los trabajadores industriales de altos salarios y los pequeños comerciantes y empresariosocultándoles la verdadera naturaleza de sus intereses. Puesto de otra manera, la ideología neoliberal oscurece la importancia decisiva de las condiciones colectivas para el desarrollo individual. Mientras tanto, se niegan posibilidades de consumo a las mayorías y se intenta denigrar a quienes demandan mayor bienestar llamándolos populistas.

Esas condiciones favorecen emergen gobiernos como el de Macri; un gobierno electo por el voto popular, pero que no ejerce el poder. Si los gobiernos populares constituyen un contrapeso a los poderes fácticos (las grandes empresas y medios de comunicación entre los más destacados)los gobiernos neoliberales están al servicio de quienes detentan el dominio real de la sociedad. La trayectoria de Cambiemos viene a confirmar ese apotegma: se trata de una administración tutelada por el FMI –y por tanto, de manera indirecta, por las potencias occidentales que controlan ese organismo;un simple gestor de políticas contrarias a los intereses de las mayorías, impuestas desde el exterior–. La democracia se vacía de contenido: votamos, pero gobiernan otros, a quienes no votamos.

En su crítica al neoliberalismo, CFK retoma –con tono militante– muchos de los temas
que había expresado como Presidenta en las reuniones del propio G-20, en las cuales solía presentarse como portavoz de los demandas de las mayorías frente a los intereses de las elites. En esa línea en Londres 2009 habló del fracaso del neoliberalismo y en Cannes 2011 señaló que el mundo atravesaba una fase de anarco-capitalismo. Implícitamente, el panorama presentado en su exposición en el Foro de Clacso asume que el G-20 continúa siendo una caja de resonancia de los poderosos, con poco espacio para los críticos. El retroceso de los gobiernos populares en la región contribuye a ese resultado.

Frente a ese panorama, la expresidenta aboga por la creación de un “frente social cívico patriótico en el cual se agrupen todos los sectores que son agredidos por las políticas del neoliberalismo”. Como parte de esa propuesta, que busca constituir un sujeto político de base social lo más amplia posible, reivindica la categoría de Pueblo, como contracara del individuo meritocrático exaltado por Cambiemos.

Vista desde la política interna, entonces, la reunión que tendrá lugar en Buenos Aires –de alto impacto más por los asistentes que por los resultados esperables– constituye un episodio más de nuestra larga historia de polarización política. Si Cambiemos entiende que la Cumbre del G-20 es un momento decisivo en la postergada modernización de la Argentina, para el kirchnerismo y sus aliados se trata de un paso más en el retroceso del país hacia la noche neoliberal.

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