Crisis…pero primero ajuste

por Ernesto Calvo

Existen incentivos para que el peronismo se una porque la división se pagará en términos de capital social y político

 

Hace algunas semanas, en un grupo de WhatsApp que tenemos con varios colegas, la pregunta que presentó uno de ellos fue sobre la estrategia del Gobierno en el momento de la corrida cambiaria, ¿ajuste o crisis? Ajuste, dijimos todos, pero después crisis. Por supuesto, no hablábamos de nuestras preferencias respecto de ambas opciones, sino de la decisión política que esperábamos del macrismo. Salir a tomar deuda, sobreactuar la política, rasgarse las vestiduras con la pesada herencia y después, con adusto pesar, anunciar que el horno no está para bollos y que, por tanto, en lugar de pan comemos carbón.

En vísperas del colapso económico del 2008 en Estados Unidos, una nota de Paul Krugman en el NewY ork Times comentaba las diferencias entre la economía familiar y la economía nacional. El ajuste, notaba Krugman, libera recursos económicos y balancea las cuentas de la economía familiar. Esto se debe a que el ingreso de la familia es externo, exógeno, y no se ve afectado por la decisión de cortar gastos y reducir el consumo. En la economía nacional, sin embargo, el ajuste no solo disminuye el gasto sino también los ingresos de todos los que viven en el país. Es decir, enfría la economía y reduce la cantidad de recursos que son generados por los ciudadanos. Vivir en el ajuste no es vivir con lo propio, es vivir con menos que lo propio. Por eso, después del ajuste, viene la crisis.

Es cierto que los ingresos por la exportación de productos agrícolas, como la economía familiar, son externos al mercado interno. Por eso el Gobierno puede esperar que venga una buena cosecha y nos salve a todos. Pero una buena cosecha no compensa la pérdida de un par de puntos del PBI este año y otro par de puntos el año próximo. Mientras tanto, la participación de la deuda pública en el PBI sigue subiendo, la cantidad de dólares que precisa la economía son mayores que los dólares que entran y las necesidades de financiamiento del gobierno exceden su capacidad de reducir gastos. Al paso que vamos, con la constante reducción de ministerios, la última reunión gabinete va a ser una partida de truco entre Mauricio Macri y Marcos Peña.

El mejor equipo en cincuenta años comenzó su gobierno parado en un pozo que tenía un modesto tamaño y, quejándose de la pesada herencia, comenzó a cavar. Mantuvo el tipo de cambio apreciado, incrementó en forma desorbitada la deuda externa, expandió instrumentos de corto plazo para financiar sus necesidades de capital y después se sentó a bailar entre globos y guirnaldas. Finalmente, pidió un préstamo al FMI, una nueva pala para seguir cavando, cada vez más profundo. Cavando por un año y medio, esto es, hasta que lleguemos a las elecciones de 2019.

En Washington, un colega bien posicionado en los organismos internacionales me decía: “Los números son un espanto”.Continuaba,“ la nueva línea de crédito va a calmar a los mercados porque por ahora pueden entrar y beneficiarse de las altas tasas de interés locales, sabiendo que los recursos frescos del FMI pueden financiar la salida temprana de capitales”. El hecho de que la nueva línea de crédito puede financiar la fuga de capitales fue una fuente de preocupación importante entre funcionarios del organismo, no así entre los políticos del macrismo. La plata del FMI no va a financiar fuga de capitales, afirmaron en el Gobierno. Tienen razón, todos sabemos que la plata del FMI libera otras fuentes de recursos y son estos otros recursos los que se usan para financiar la fuga de capitales. Lo que entra en el bolsillo izquierdo libera fondos para que los pague el bolsillo derecho. ¡Pero el bolsillo izquierdo nunca pagó un mango!

Conforme nos aproximamos a 2020, el agotamiento de la línea de crédito del FMI y la inhabilidad de acceder al mercado de capitales debería ser anticipada por los operadores locales. De ahí que, afirmaban mis colegas, después del ajuste viene la crisis. Claro, una crisis que se anticipa en vísperas de la asunción de un nuevo gobierno, ya sea que sea reelecto Macri o que el peronismo unifique sus piezas y gane la elección. Es una crisis con capital político fresco… lo cual es mejor que una crisis con capital político exhausto. Supongo que este es el cálculo que deben estar haciendo en la Casa Rosada.

 

DESPUES DE LA CRISIS, LA POLITICA

Pensamiento cínico, dirán algunos, pero el razonamiento no está necesariamente equivocado. Una crisis en el momento de asunción del nuevo gobierno da un horizonte de acción muy largo en términos políticos. Es la diferencia entre ser un De La Rúa en 2001 o un Néstor Kirchner en 2005. Es por eso que el costo de no unificar al peronismo en el 2019 puede ser extraordinariamente alto. No es tan sólo el costo social de dejar la crisis en manos de Cambiemos, lo cual no es un detalle menor. Es también el costo político de dejar al macrismo a cargo de la poscrisis.

Quizá son estos pensamientos los que están produciendo reacomodamientos en el peronismo. A esta altura queda claro que las divisiones de hoy se pagan con el capital social y político de mañana. Las fracturas en el massismo, las defecciones dentro del pichetismo, las prácticas colaborativas como ocurrió con el Consejo de la Magistratura, dan cuenta de que, aunque el horno no está para bollos, el peronismo prefiere pan antes que carbón. Las divisiones internas del peronismo le han dado a Cambiemos no sólo un Presidente sino también el control de las provincias más grandes y la capacidad para llevar adelante políticas económicas contrarias al interés de los votantes del peronismo y también profundamente irresponsables. Es un costo que pagan los votantes y, con ellos, los diputados, senadores, gobernadores e intendentes.

En tan sólo cuatro meses comienza el un nuevo ciclo electoral. El peronismo todavía está lejos de poder consolidarse como espacio político. Es suficiente con que Cristina Fernández decida competir por afuera para que la unidad del peronismo salte por los aires. Sin embargo, el espectro de la poscrisis empieza a cambiar la tónica del dialogo partidario. Veremos si las distintas vertientes están dispuestas a cederle el largo plazo a Cambiemos o si los tiempos que corren permiten limar asperezas internas. Después del ajuste viene la crisis, creemos muchos. En el peronismo todavía tienen que decidir si después de la crisis viene Cambiemos.

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