Mejor economía, menos creatividad

El deterioro de los indicadores económicos despertó la imaginación política y hasta en el oficialismo debaten las fechas más convenientes para las elecciones 

 

Algunas hipótesis sobre las cuales en Cambiemos fundamentaban su optimismo para las elecciones de 2019 están siendo puestas en duda. Esa circunstancia lleva a que comiencen a analizarse diversas ingenierías electorales como la adecuación de los calendarios electorales.

Con pocas posibilidades de concretarse, pero que reflejan un clima de época en el oficialismo.

La reconciliación de algunas figuras del peronismo con Cristina Kirchner, las dificultades económicas, las restricciones del llamado peronismo republicano para armar una oferta electoral competitiva que se asegure que la oposición seguirá fragmentada y los riesgos de una polarización extrema, encendieron las luces de alarma en Cambiemos. Y el acuerdo alcanzado por distintas facciones del peronismo en el caso del Consejo de la Magistratura, que además generó tensión entre los socios de la coalición oficialista, confirmó las peores sospechas. El Grupo A está de vuelta pero con otros actores

Hasta ahora, la estrategia electoral del oficialismo partía de la base de que con su núcleo de apoyo duro, la oposición dividida, la candidatura de Cristina que tiene un techo, el temor a la vuelta al pasado y una leve mejora de la economía en los próximos meses, alcanzaban para ganar. Es decir que no hacía falta pensar en nuevos estrategias para mejorar las perspectivas electorales. Así lo entendieron todos los que hablaron con Marcos Peña en las últimas semanas.

Pero en Cambiemos son cada vez más los que piensan que hay que comenzar a analizar algunas variantes. Peña insiste en que la demanda ordena la oferta pero hay quienes consideran que también se debe construir desde el lado de la oferta. En esa línea, algunos intendentes del GBA muestran entusiasmo con la idea de separar las elecciones municipales de las provinciales y nacionales. Otros, en La Plata, analizan la posibilidad de desdoblar las elecciones de autoridades de la provincia de Buenos Aires de las presidenciales porque suponen que una fuerte polarización a nivel nacional con Cristina puede amenazar la reelección de María Eugenia Vidal. Pero desdoblar sería un mal mensaje para el electorado porque implica reconocer que ir pegado a la boleta de Macri es más una carga que un aporte para los candidatos locales. Por lo tanto, el desdoblamiento podría darse en otras provincias gobernadas por Cambiemos, como Jujuy y Mendoza, pero no en la de Buenos Aires.

 

OTRO CAMINO

También está el debate sobre la fecha de los comicios porteños pero en este caso se piensa en la unificación y no la separación. Recientemente se modificó la legislación y ahora pueden unificarse los comicios locales con los nacionales y de esa manera Macri y Horacio Rodríguez Larreta podrían potenciarse mutuamente. Sin embargo, hay quienes sostienen que conviene mantenerlas separadas porque Cambiemos podría necesitar un triunfo importante antes de las Paso de agosto porque en la mayoría de las elecciones locales previas ganarían candidatos del arco opositor al Gobierno Nacional.

El mayor cambio del escenario político es que ya no puede descartarse un acuerdo en el peronismo que abarque a sectores que estuvieron enfrentados entre sí hasta hace poco. Siempre se repite que al Gobierno le conviene la confrontación Cristina porque genera resistencia en muchos sectores, divide al peronismo y porque la mayoría de la sociedad no quiere volver al pasado. Pero la vigencia electoral de la expresidenta no es una construcción de Jaime Durán Barba sino del apoyo que conserva en varios sectores de la sociedad y del deterioro de los indicadores económicos. Pero un escenario de excesiva polarización también borra a otras alternativas opositoras y entonces la fragmentación entre todos los que cuestionan a Cambiemos puede reducirse. Es difícil imaginar un peronismo unido pero sí es posible que su división sea menor a la esperada y consecuentemente constituya un desafío electoral mayor para el oficialismo. Para el cual muchos consideran que hay que prepararse con nuevas iniciativas.

De todas maneras, el origen de todo este debate es el deterioro de los indicadores económicos que afectó la imagen del Gobierno y alimentaron la imaginación. si eso no se revierte, el oficialismo corre riesgo en 2019 más allá de cualquier ingeniería electoral creativa. El desafío del Gobierno es atacar las causas. En la Casa Rosada piensan que se está atravesando el peor momento en materia de ingresos pero que en los próximos meses, de la mano de una menor inflación, del bono y de la reapertura de algunas paritarias, la situación mejorará. Si a ello se le suman algunas señales de reactivación a partir del segundo trimestre de 2019 como consecuencia de una mejor cosecha, el empuje de Brasil y el mayor dinamismo en los sectores a los que favorece el tipo de cambio más competitivo, la imagen del Gobierno nacional recuperará terreno y una de sus consecuencias será que se desactiven distintas construcciones electorales que hoy se discuten.

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