Peronismo sin rostro

por Joaquín Múgica Díaz 

El año fue pródigo en reuniones y fotos pero se acerca la época de las definiciones y las dudas no son pocas

Hace poco más de un año un grupo de diputados empezó a tejer en los pasillos del Congreso una alternativa política nueva. Estaba terminando el invierno del 2017 y Cristina Kirchner protagonizaba una campaña electoral sostenida por Unidad Ciudadana, el sello político que había creado para no competir con Florencio Randazzo en la interna del PJ. Mientras las luces apuntaban a la expresidenta, legisladores de estrecho vínculo con siete gobernadores peronistas negociaban la conformación de un interbloque en Diputados para sostener el armado que planeaban.

En aquella negociación amplia tallaron los gobernadores Juan Manuel Urtubey, Juan Schiaretti, Sergio Casas, Juan Manzur, Sergio Uñac, Domingo Peppo, Carlos Verna, Hugo Passalaqua y Gustavo Bordet. El acuerdo federal fue una buena excusa para marcar distancia del kirchnerismo, tener peso propio en la Cámara baja e impulsar un armado político diferente con ambiciones nacionales y electorales. Todos esos gobernadores, salvo Carlos Verna, ya mostraban diferencias con los últimos años de la gestión K y la utilización del poder que había hecho Cristina en su segundo mandato presidencial. Por eso, la conformación del interbloque generó interés en mandatarios que habían formado parte de la gestión o que habían llegado al poder impulsados por exgobernadores vinculados al kirchnerismo.

A ese armado incipiente se sumaron más tarde Sergio Massa y Florencio Randazzo, dos dirigentes con peso en la provincia de Buenos Aires pero que estaban golpeados por los resultados electorales y la superioridad territorial que había demostrado Cristina con su nuevo esquema. No era difícil especular con la posibilidad de esa convergencia. Distanciados del abroquelamiento K, los exministros tenían este nuevo espacio como la mejor opción para no perder visibilidad y poder de fuego en un mapa peronista extremadamente fragmentado.

El 2018 es el año de las reuniones en distintos puntos del país con el objetivo de mostrar ante la sociedad que existía una opción nueva respaldada por un grupo de gobernadores. Esos movimientos federales estuvieron coordinados especialmente por los diputados Pablo Kosiner y Graciela Camaño, los jefes de bloque de Argentina Federal y el Frente Renovador. Primero fue Gualeguaychú, después Córdoba, San Juan y Tucumán. En cada provincia fueron recibidos por los gobernadores. A cada lugar se sumó un diputado o un senador que antes no había estado.

Por último, llegó la foto de los cuatro, como llaman en el peronismo al retrato que protagonizaron Sergio Massa, Juan Schiaretti, Juan Manuel Urtubey y Miguel Pichetto. Esa imagen fue un nuevo punto de partida en el diseño del espacio. Pero después de la foto, que generó impacto mediático y resquemores internos, no hubo más actividades en conjunto. El globo se desinfló rápidamente y la poca identidad que habían ganado se diluyó rápidamente.

“La falta de identidad es uno de los puntos débiles de este armado. Tenemos que fortalecernos y solidificar la propuesta”, reflexionó en los últimos días de noviembre uno de los diputados que participa activamente de la conformación del espacio. Esa falencia está reflejada en la gran mayoría de las encuestas que se publicaron en los últimos meses. La sociedad aun no distingue una alternativa consistente y seria que tenga posibilidades de ser competitiva en el 2019. En gran medida, ese fenómeno se produce porque los principales dirigentes trabajan por separado y no tiene un mensaje unificado.

Massa es ambiguo. Si bien desde un primer momento dejó trascender que su lugar estaba lejos del kirchnerismo y luego hizo pública su pertenencia al esquema de los gobernadores peronistas, mantiene charlas mensuales con Máximo Kirchner. El hijo de la expresidenta lo quiere convencer de generar un acuerdo electoral que lo incluya y que les dé el suficiente volumen para derrotar a Mauricio Macri dentro de un año. Ninguno de los dos está convencido, pero se necesitan. Por eso especulan, se miden.

La idea que tiene el exintendente de Tigre quedó expuesta el último 17 de octubre, cuando respaldó el mensaje de unidad sin Cristina Kirchner que emitió el tucumano Juan Manzur y que detrás del escenario respaldaron la mayoría de los dirigentes que asistieron. Pero ese destino cambia permanentemente. Se modifica por las apariciones públicas de Massa y la falta de claridad en sus respuestas. Si bien asegura que Cristina cumplió su ciclo, no aporta luz sobre si cree o no en la unificación de todos los sectores del peronismo, incluso el kirchnerismo. Su futuro inmediato siempre es incierto. Lo que está claro es que los impulsores de la unidad hoy están parados en la vereda K del barrio peronista. Desde el Movimiento Evita hasta Felipe Solá y Facundo Moyano, desde José Luis Gioja, como presidente del PJ Nacional, hasta Hugo Moyano, al mando del Frente Sindical. El pedido de unidad es múltiple pero difuso porque no hay propuestas concretas, ni soluciones claras para la compleja situación económica que hoy atraviesa el país. Es un discurso motivador pero sin consistencia.

Los únicos que hasta el momento tienen un discurso lineal son Juan Manuel Urtubey y Juan Schiaretti. Ambos gobernadores mantienen la idea de construir una opción de poder sin Cristina y sin Unidad Ciudadana. Una tercera vía para romper la grieta pero con mayor volumen político y territorial que la que lideró Massa en el 2013. Los mandatarios representan el ala dura del armado y son los más claros en lo que respecta a la dirección que pretenden tome el espacio. El cordobés con pocas palabras, el salteño con un sinfín de apariciones mediáticas.

A Urtubey y Schiaretti suele sumarse Miguel Pichetto, el hombre que le impide a la exjefa de Estado cosechar mayor cantidad de adhesiones en el Senado. Un límite para la multiplicación de su poder. El rionegrino es de los más entusiastas en la construcción de una alternativa pero también el que más se fastidia con el acercamiento permanente que tiene el gobernador de Salta al Gobierno. Quizás por eso se mueva más cerca de Massa y utilice su pragmatismo y su poder de negociación para que Massa quede en el centro de la escena política.

En las próximas semanas se multiplicarán las reuniones del peronismo federal con la idea de sumar gobernadores al armado. Cada encuentro generará una foto. Cada reunión un punto de acuerdo para conformar el programa de un proyecto político. Si el plan se encamina como lo tienen ideado los primeros cuatro integrantes de Alternativa Argentina, en los primeros meses del 2019 habrá un espacio con mayor solidez de argumentos y con una idea definida con respecto al papel que jugarán en los comicios. Esa claridad es la que necesitan para poder mostrarse ante los ojos de los argentinos como una opción razonable y con potencial. Por el momento son nombres propios que acordaron trabajar bajo el mismo techo pero que el único mensaje público que enviaron en conjunto fue una foto. Y una imagen, a veces, no vale más que mil palabras.

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