¿Qué futuro le espera a Bolsonaro?

Por Miguel De Luca y Andrés Malamud

El Mito, como se lo conoce en Brasil, ganó contra todos los pronósticos. ¿Será su futuro igualmente sorpresivo?

La historia de América Latina está repleta de presidentes inesperados. Y a veces, quien ex ante nos parecía imposible, ex post nos parece inevitable. ¿Cuál será el caso de Jair Bolsonaro: un hipo o una bisagra en la historia? Para analizar al animal conviene primero entender al género y la especie. ¿A cuáles pertenece Bolsonaro?

El politólogo Miguel Carreras, de la Universidad de California, clasifica a los candidatos presidenciales en función de dos dimensiones: si están vinculados con un partido establecido y si tienen experiencia política (ver cuadro). Cuando se dan ambas condiciones, estamos frente a un insider: un político profesional. Si faltan ambas se trata de un outsider puro: alguien que viene de afuera de la política y entra enfrentando a los partidos establecidos. En el medio hay dos categorías híbridas: quien viene de afuera pero llega apadrinado por un partido existente se denomina amateur; y quien tiene carrera política pero rompe con el establishment y crea su propio partido es llamado maverick, cuya traducción más aproximada sería disidente o rebelde.

En Argentina son comunes los amateurs para cargos legislativos y provinciales, pero no para presidente. Los casos más resonantes han sido Palito Ortega, Carlos Reutemann y Daniel Scioli, que fueron legisladores nacionales y gobernadores. Los tres fueron presidenciables y dos llegaron a integrar las fórmulas más tarde, cuando ya habían consolidado su militancia dentro de un partido establecido, o sea, cuando ya eran insiders. Casos menos prominentes incluyen a Aldo Rico, Antonio Bussi (militares), Nito Artaza (espectáculo) y Eduardo Borocotó (divulgación). También hay casos fallidos como el de José Corzo Gómez (periodista), Martha Mercader (escritora) y Juan Carlos Blumberg (justiciero).

La experiencia muestra que los apadrinados (amateurs) tuvieron carreras más exitosas que los cuentapropistas (outsiders). Que el peronismo apadrinó más que el radicalismo. Y que, en su fase de expansión territorial, el PRO recurrió al apadrinamiento en masa (Baldassi, Del Sel, Mac Allister, Orly Terranova): algo previsible para un partido liderado por Macri, un outsider subnacional con el tiempo devenido en insider nacional.

Mientras en Argentina, como en Chile y en Uruguay, los candidatos presidenciales más comunes son los insiders, Bolsonaro es de otro palo: en veintiocho años como diputado pasó por nueve partidos políticos, la mayoría de ellos marginales o “de alquiler”. Estamos frente al arquetipo del maverick.

¿Qué futuro le espera a Bolsonaro? Para anticiparlo podemos revisar las situaciones de otros presidentes amateurs, outsiders y disidentes. Los politólogos dicen que estas especies suelen comportarse diferente cuando se relacionan con el congreso y con los partidos políticos.

Los presidentes amateurs –como Eisenhower y Trump– cuentan con partidos establecidos que funcionan a la vez como soporte y como limitante. Los partidos transcienden a los presidentes y, por eso, están interesados en que éstos no choquen la calesita. Porque un mal gobierno dura cuatro años, pero el daño al partido puede extenderse por décadas. Esta experiencia siempre tiene cortocircuitos, pero es raro que termine mal. La organización predomina sobre el liderazgo.

Con los presidentes outsiders, la cosa es más peliaguda. No suelen llevarse bien con el congreso, al que identifican con el establishment, los partidos tradicionales que prometieron combatir. Con algunos de estos outsiders, la democracia suele estar en riesgo independientemente de la situación parlamentaria: con mayoría, Chávez utilizó al congreso para clausurar la democracia; en minoría, Fujimori fue menos sutil: simplemente clausuró el Ccongreso. Con otros outsiders las instituciones democráticas prevalecieron, pero sus gobiernos fueron fallidos.

Bolsonaro pertenece a la especie menos frecuente. Es un disidente, que por trayectoria política (extendida pero zigzagueante), base partidaria (endeble), campaña electoral (antiestablishment) y situación parlamentaria (ultraminoritaria) se asemeja a la presidencia de Collor de Mello (19901992) y a la segunda de Rafael Caldera (1994-1999). Una terminó en juicio político y destitución, la otra en el ascenso al poder de Hugo Chávez.

Por sus antecedentes y su discurso, no se avizora una política centrada en compromisos o coaliciones. Lo más probable es que sea un gobierno basado en decretazos (allá llamados medidas provisorias) y fuerte delegación en el presidente.

Lo mejor que se puede esperar de Bolsonaro es que sea como Trump, su modelo, y ejerza una presidencia más caricaturesca que autoritaria. Su base de de apoyo militar, sin embargo, justifica peores augurios. Brasil (venia), decime qué se siente.

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