El mundo, una cuenta pendiente

por Nicolás Creus (*) y Esteban Actis (**)

Las políticas y estrategias desplegadas por los distintos jugadores globales son un input insoslayable para cualquier policy-maker

 

La semana pasada tuvo lugar en la ciudad de Mar del Plata el 54° Coloquio de Idea, un espacio de intercambio y debate orientado a la promoción del crecimiento y la competitividad de las empresas del país, con el objetivo de contribuir al progreso económico y social. El prestigioso evento reúne a especialistas y expositores de diversas áreas, contribuyendo de este modo a un más que interesante diálogo interdisciplinario. En esta edición hubo diversos paneles con politólogos, sociólogos, especialistas en temas educativos, cineastas e inclusive hasta un espacio dedicado a la filosofía. No obstante, hubo un dato saliente y llamativo: la ausencia de un panel con internacionalistas abocados a reflexionar sobre el hipercomplejo mundo en el que vivimos. Este hecho revela, una vez más, la cuenta pendiente de mirar el mundo y pensar a la Argentina desde una perspectiva global y no parroquial.

La referida particularidad no debe pasar inadvertida por diversas razones, vinculadas tanto a la dinámica propia de la globalización como a los objetivos y desafíos de la Argentina. La fuerte interconexión global que caracteriza al mundo actual hace que para cualquier Estado resulte imposible abstraerse de lo que ocurre en el plano internacional. Las políticas y estrategias desplegadas por distintos jugadores globales -sean estos actores estatales o no estatales- constituyen un input insoslayable para cualquier decisor, en tanto que condicionan los niveles de aversión al riesgo y en consecuencia los flujos comerciales y de capital (tanto financieros como de Inversión Extranjera Directa), afectando decididamente el clima de negocios en todo el mundo.

Esta premisa se torna aún más relevante para los Estados periféricos y en desarrollo, puesto que su vulnerabilidad a los condicionantes externos es sustancialmente mayor que la de aquellos actores que disponen de un mayor poder relativo, al tiempo que su capacidad para influir sobre el curso de los acontecimientos que ocurren más allá de sus fronteras es escasa o más bien nula.

La realidad descripta es sumamente válida para Argentina, sobre todo en el contexto actual. Desde el inicio de la gestión del Gobierno de Mauricio Macri, el país ensayó un decidido retorno al mercado internacional de capitales –luego de haberse mantenido al margen por un tiempo–, aumentando así su grado de integración con el mundo pero también su vulnerabilidad externa. Esta particularidad, exige estar atentos a la evolución de los asuntos internacionales en pos de diseñar estrategias apropiadas para cada contexto.

Tanto para el desarrollo socioeconómico del país como para el desarrollo empresarial, resulta indispensable diagnosticar asertivamente el devenir del orden internacional. ¿Son las tensiones entre EE.UU. y China coyunturales o representarán una nueva dinámica que perdurará en los próximos años? ¿Se reducirán las mismas a temas comerciales o abarcarán toda la agenda económica internacional? ¿Están en retroceso la globalización y el libre comercio? ¿Cuáles son los escenarios de riesgo político a nivel global que pueden alterar la dinámica de los mercados? Las respuestas a cada una de estas preguntas implican distintos cursos de acción.

Determinar en qué momento resulta conveniente aumentar o reducir la exposición externa constituye un tema no menor tanto para los Estados como para las empresas e inversores. Durante 2016 y 2017, el gobierno argentino aprovechó un contexto internacional ciertamente favorable para la colocación de deuda a tasas relativamente bajas en términos históricos. Sin embargo, pareció subestimar los riesgos derivados de un cambio en las condiciones favorables, en tanto no se tomaron las medidas ni los recaudos necesarios para reducir el impacto de eventuales shocks externos al tiempo que tampoco se avanzó de manera decidida en la corrección de los desequilibrios domésticos.

Hacia finales de 2017, existía suficiente evidencia que indicaba que el contexto favorable no perduraría eternamente. Los riesgos globales estaban latentes, la política de normalización monetaria de la Fed y las tensiones geopolíticas presagiaban un clima internacional más complejo y restrictivo. La mayor rigidez en las relaciones entre EE.UU. y China aumentó la aversión al riesgo y empujó a los inversores hacia una mayor selectividad en 2018. Este nuevo escenario encontró a la Argentina desarmada, la confianza se disipó y los desequilibrios internos ya no eran tolerados del mismo modo por los actores del mercado.

Lógicamente, las empresas no permanecieron ajenas a la nueva realidad. El cambio en las condiciones internacionales modificó súbitamente el apetito por el riesgo argentino, así lo demuestran los fallidos lanzamientos de oferta pública inicial (IPO por sus siglas en inglés) de papeles en el exterior por parte de varias firmas locales. Además, las restricciones comerciales del mundo desarrollado condicionaron el devenir de diversas empresas con sesgo exportador.

Si bien el mundo se volvió ciertamente más restrictivo para los mercados emergentes en general, lo cierto es que no todos respondieron del mismo modo y algunos dieron muestras de una mayor resiliencia política y económica. Tal es el caso de aquellos con equilibrios macroeconómicos más sólidos y estructuras exportadoras más sofisticadas. He aquí nuevamente la relevancia del factor externo. La planificación de una nueva estrategia exportadora (el plan Argentina Exporta) -además de promover la competitividad local- requiere de una estrategia de inserción internacional.

Por todo lo dicho, resulta evidente la necesidad imperiosa de mirar al mundo no solo desde las esferas estatales sino también desde los actores no gubernamentales. No hacerlo es indudablemente una muy mala Idea.

(*) Se desempeña como Gerente de Estrategia Global en la firma Terragene. Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario y Doctorando en la misma casa de estudio. Además se desempeña como profesor en la Cátedra de Política Internacional Argentina @creusnicolas

(**) Doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario, Argentina, donde se desempeña como profesor de la cátedra de Política Internacional Latinoamericana. Además, ha sido Becario Doctoral y posdoctoral por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la Argentina (Conicet) @actis_esteban

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