El outsider mediático

por Ernesto Calvo, Tiago Ventura y Natalia Aruguete

Para que una figura relativamente ajena a la competencia política ingrese a ella con éxito deben reunirse varios requisitos

 

Primer acto: un pato es registrado en una riña de gallos. Segundo acto: hay una apuesta al pato. Tercer acto: el pato gana. ¿Cómo se llama la película?: “Jair Bolsonaro”. Podría titularse “Donald Trump” o llevar el nombre de cualquiera que integre la lista de outsiders de derecha que han arribado a la política del Norte global en los últimos años. Una lista que se alarga y, como se observa en Brasil, amenaza hoy al Sur global. Los políticos de la antipolítica han sorprendido al establishment, que no anticipó su ascenso como candidatos y, menos aún, su alto rendimiento electoral.

Ingresar a la política no es tarea fácil. Como en el cuento, hay que registrar a un pato en la pelea. Esto es, cultivar a un candidato que se vuelva viable y alinear apoyos políticos detrás suyo para registrar formalmente la candidatura. Ergo: no cualquier outsider ingresa a una contienda política, dados los significativos costos que supone su entrada, desde la obtención de firmas a la legalización de los equipos y estados de cuentas de los candidatos.En segundo lugar, hay que apostar al pato: financiar equipos, publicidad, notas periodísticas rentadas, reclutar militantes y cuadros técnicos. Todo ello requiere un esfuerzo significativo para obtener fondos de campaña provenientes de donantes del círculo íntimo del candidato,así como de donantes externos. Una campaña política representa una inversión cara y riesgosa –tanto monetaria como políticamente– que no está al alcance de cualquier candidato. Finalmente, el pato tiene que ganar,captar más votos que sus contrincantes.

La mayoría de los estudios sobre el ascenso de Trump o de Bolsonaro ponen el foco en este último evento: explicar el triunfo del pato. En un artículo reciente, María Victoria Murillo describe la “perturbadora autenticidad de Bolsonaro”, en referencia a este candidato que dice aquello que el establishment político no se atreve. El discurso misógino, xenófobo y violento, vedado a la política de los insiders, se constituye en una demostración del carácter irreverente de la anti-política en lugar de ser juzgado por la violencia y la marginación que presupone la implementación de su programa político. Al igual que en Estados Unidos, observa Murillo, el votante de Bolsonaro no es simplemente un ideólogo de derecha sino, ante todo, un miembro de los más favorecidos que se perciben como excluidos. Aquellos individuos que son parte de las categorías sociales dominantes y que, sin embargo, se ven como los perdedores de la política tradicional.

Detrás de los candidatos de la anti-política surgen mecenas de la antipolítica, operadores de la antipolítica y medios de la anti-política. Donantes como Sheldon Adelson y Robert Mercer financiaron parte sustantiva de la campaña de Trump. Los hermanos Koch –aunque mantengan la ambivalencia hacia Trump– financiaron a la mayoría de los candidatos republicanos que son la espina dorsal del trumpismo en Estados Unidos. Detrás de los candidatos de la anti-política se aloja la nueva red de operaciones políticas que incluye medios tradicionales como Fox News, medios no tradicionales como Breitbart News y outlets de noticias falsas como Infowars, a quienes se ha encomendado la guerra sucia mediática en apoyo a los candidatos de la nueva ultraderecha. La denominada alt-right o alt-light, con sus dos sabores para el consumo supremacista blanco o para el racismo tibio, han crecido en virtud de una extensa red de apoyo financiero y político. No solo hay un voto por el pato, hay apuestas al pato que han financiado el proceso político necesario para alcanzar el éxito.

No hay dudas: el pato gana porque los votantes lo eligen. Pero también gana porque existen outsiders que construyen una red política y una mediática y financian operaciones que permiten a la nueva ultraderecha integrar la lista de candidatos para las elecciones de sus países.

 

LA BATALLA MEDIATICA DE BOLSONARO

A tan solo unos días de la segunda vuelta en Brasil, la internacionalización de los movimientos de derecha es un hecho. En la última semana de campaña, desde el iLCSS de la Universidad de Maryland y el ICEP de la Universidad Nacional de Quilmesrealizamos una captura de 4,4 millones de tuits de la campaña de Bolsonaro en Brasil. A partir de un análisis de los hipervínculos insertados en dichos tuits, estudiamos la relación que se da entre los usuarios de la red y los medios más referenciados –tradicionales y no tradicionales– por quienes apoyaron a Bolsonarocomopor aquellos que compitieron contra él.

Al igual que con Trump, en la red social que apoya a Bolsonaro observamos un gran número de outsiders que incluye desprendimientos de medios tradicionales, como O Antagonista, operaciones de fakenews lideradas por Republica Da Curitiba, Conexao Politica y Gazeta do Povo, y organizaciones nacionales e internacionales de derecha como Movimiento Brasil Libre. La interacción entre medios y sus lectores/audiencias tiene implicancias según el tema tratado, su lugar en la red y la posición que dicho medio tome alrededor de una cuestión. Más aún si el diálogo se ha polarizado como ocurre en nuestro estudio. En el centro de la comunidad de Bolsonaro en las redes sociales, las noticias de medios no tradicionales han sido activadas por usuarios como el Movimiento Brasil Libre, con gran cantidad de videos circulando por YouTube y con cuentas coordinadas en Facebook, Whatsapp y Twitter. Se trata de las mismas noticias falsas que derivaronen la inhabilitación de más de 100.000 cuentas de WhatsApp en los últimos días.

La guerra cultural de la derecha financiada desde la opulencia corporativa –y cultivada por la crisis y la desigualdad–, se extiende exponencialmente en las redes sociales. No solo los militares brasileños apoyan a Bolsonaro en su lucha contra el PT, también lo hacen los hermanos Koch a través de la filial Brasil de su fundación Students for Liberty. Los sitios de fake news que distribuyen videos por YouTube tienen un alto parecido de familia con las operaciones de los servicios rusos en Estados Unidos, pero sus lazos institucionales no son con la temida FSB Rusa sino con una ultraderecha que lee a Gramsci y se pavonea de estar llevando adelante batallas culturales.

Gramsci definía al cesarismo como el surgimiento de un líder que resolvía autoritariamente la lucha de trincheras entre grupos dominantes, incapaces de afirmar su autoridad sobre sus competidores. En las redes sociales, el cesarismo de Bolsonaro se expresa en la utilización de operaciones política e identidades falsas para avanzar una guerra cultural contra la clase política brasileña y arrasar con el diálogo virtual. En pocos días comprobaremos la efectividad de estas operaciones,sabremos si la apuesta al pato es validada en las urnas.

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