Un mundo difícil: política exterior y emergencia económica

por Tomás Múgica 

En Estados Unidos, Macri ratificó su visión del escenario internacional y de la ubicación en él de Argentina a partir de sus recurrentes necesidades de financiamiento

Mauricio Macri realizó una nueva visita a Estados Unidos, con el propósito ostensible de asistir a la 73ª Asamblea General de las Naciones Unidas, pero también –o sobre todo– como parte de una especie de road show presidencial, destinado a convencer a Wall Street y a los líderes de las principales potencias económicas de la sustentabilidad de sus políticas, algo que incluye su propia supervivencia en el poder.

La política exterior del actual gobierno –dominada por los imperativos económicos- tiene tres objetivos principales: atracción de inversiones extranjeras; diversificación e intensificación de los vínculos comerciales externos; y recomposición de los lazos políticos con los países occidentales. En la visión de la administración Macri, el primer y el tercer objetivos están estrechamente vinculados: la conjunción de un posicionamiento geopolítico en sintonía con Occidente y de las políticas adecuadas que reviertan el “populismo” de la gestión anterior garantizará –más temprano o más tarde– el acceso a las deseadas inversiones. Ello más allá de la decisión pragmática de estrechar lazos económicos con potencias de diverso pelaje ideológico y posicionamiento en el sistema internacional, como Rusia y China.

La lógica subyacente de la política exterior de Cambiemos es conocida. Fue aplicada en los ’90 por Carlos Menem: alineamiento político con Occidente –lo cual supone privilegiar el vínculo con Estados Unidos– a cambio de una expectativa de recompensas económicas. Para algunos estamos ante el retorno del “realismo periférico”; para otros, como Juan Gabriel Tokatlián, se trata de un “unilateralismo periférico concesivo” [1]. Se pueden discutir los matices, pero el núcleo teórico de la política internacional del Gobierno es nítido. Para comprenderlo basta repasar las posiciones argentinas sobre temas como la situación en Venezuela o el estatus de Jerusalén.

Los resultados económicos, como es conocido, no han estado a la altura de las expectativas del gobierno. La “lluvia de inversiones” no llegó. Tampoco se produjo una repentina apertura del mercado norteamericano a las exportaciones argentinas, sino apenas algunas tímidas concesiones en el marco del proteccionismo de Trump. El TLC entre el Mercosur y la UE no se cerró hasta el momento. Luego de tantas esperanzas frustradas, lo que se busca en la actual coyuntura es, al menos, una respuesta a la emergencia económica.

A esa tarea se ha abocado la acción externa del gobierno argentino en los últimos meses, concentrando su acción política en un número reducido de gobiernos e inversores institucionales, cuyas decisiones –a juicio de la actual administración– tendrán un impacto determinante sobre el futuro inmediato de la economía argentina. La voluntad política de los primeros es necesaria para que la Argentina disponga de los recursos –vía FMI– que deberían convencer a los segundos acerca de la viabilidad del modelo económico. Se busca, en suma, lograr un salvataje financiero que traiga certidumbre a la economía argentina.

 

CONVENCIENDO A LA POLITICA, SEDUCIENDO AL CAPITAL

En esa línea, durante las últimas semanas el Gobierno ha intentado obtener renovados gestos de apoyo de los líderes políticos de las mayores economías globales. Durante el mes de septiembre Macri sostuvo conversaciones telefónicas con Donald Trump y Angela Merkel, buscando respaldos para una ampliación del programa argentino con el FMI (en el Directorio del Fondo Estados Unidos posee un poder de voto de 16,52% y Alemania de 5,32%). Si Merkel aparece como más reticente, Trump se muestra sólido en su apoyo, considerando la experiencia de Cambiemos como un baluarte a defender para evitar un retorno del populismo en América Latina. Al populismo el presidente norteamericano lo prefiere para consumo doméstico. America First.

Ante la Asamblea General, otro escenario político de alto nivel, el Presidente destacó nuevamente su proceso de reformas. Allí también reiteró sus posiciones sobre política regional y global: condenó la situación de derechos humanos en Venezuela, al anunciar que promoverá una presentación ante la Corte Penal Internacional; defendió el sistema multilateral de comercio y los acuerdos de París sobre cambio climático; y señaló el rol del G-20, bajo la presidencia argentina, como ámbito de búsqueda de consensos.

Pero no basta con los políticos. El otro público, más difícil de seducir, son los grandes inversores institucionales y otros actores principales del mundo financiero (consultoras de riesgo, medios, etcétera). Durante su visita, Mauricio Macri transitó por las redacciones de dos de los mayores medios financieros internacionales: Financial Times y Bloomberg, dónde sostuvo encuentros con representantes de bancos y fondos de inversión y brindó una entrevista televisiva. También acudió al Council of the Americas, entidad que agrupa empresas norteamericanas con intereses en América Latina. El objetivo de sus intervenciones en todos los casos fue el mismo: brindar seguridades a los inversores, actuales y potenciales, acerca de la trayectoria futura de la economía y la política argentinas. En su entrevista con Bloomberg, Macri afirmó que la posibilidad de un default es “cero”; destacó el apoyo externo, fundamentalmente de Estados Unidos, a su Gobierno; pronosticó que Argentina se convertirá en una potencia petrolera y gasífera a través de la explotación de Vaca Muerta; aseguró que no habrá cambios en las reglas del juego; y anunció que irá por la reelección. Verdad de Perogrullo que debe, sin embargo, ser recordada, estos encuentros ponen de relieve la importancia del capital financiero como actor de primer orden en la política internacional de nuestro tiempo. Los “mercados” cuentan con una capacidad de coacción muy considerable, especialmente frente a economías con altos nivel de vulnerabilidad externa como es el caso de Argentina.

 

UN MUNDO DIFICIL

Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de Macri y su equipo –tanto en el tablero de los gobiernos como en el de los mercados– las primeras señales no han sido positivas, o al menos no han respondido a lo que el Gobierno espera. La ampliación del acuerdo con el FMI –que por cierto ya alcanza una cifra muy elevada para los estándares del organismo– rondará los US$ 7.100 millones como máximo, contra los US$ 20.000 millones sobre los cuales se especulaba inicialmente. Hay apoyo político, especialmente norteamericano, pero también límites.

Más allá de cual sea el resultado final, la actual crisis argentina pone de manifiesto una vez más el carácter jerárquico de las relaciones entre estados. A las indudables y notorias vulnerabilidades propias se suma el impacto de las decisiones de otros, especialmente de Estados Unidos a través de la Reserva Federal, cuya alza de los tipos de interés desató el primer episodio de volatilidad cambiaria en abril de este año. Lo que resulta claro, analizando tanto esta experiencia como otras anteriores, es que –al menos por ahora– las grandes potencias económicas no están dispuestas a resignar soberanía en materia de política monetaria –a través de una mayor cooperación– para atenuar los golpes
que sus decisiones puedan generar en los países emergentes [2]. A lo sumo, los grandes jugadores de la economía internacional pueden apoyar el acceso al crédito externo –a través del FMI– para quienes estén en problemas. En algunos casos, también pueden ofrecer ayuda bilateral (como el swap de nuestro país con China, cuya ampliación se anunció días atrás).

El corolario práctico de esta dinámica es claro: al final del día cada país está –básicamente– librado a sí mismo. Prevalece la lógica de autoayuda. Un escenario complicado para los más frágiles, en el cual –como se dice en el famoso Diálogo de los Melios recogido por Tucídides en el Siglo V A.C. en su Historia de la Guerra del Peloponeso–“los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben”. Un mundo difícil, alejado del perseverante optimismo de Cambiemos.

 

[1] “Relaciones con Estados Unidos: ¿nueva etapa?”, Clarín, 02/02/2018.

[2] Debo esta observación a la intervención de la economista Paola Subacchi en el Panel “International Economics and Finance”, Cumbre T-20, Buenos Aires, 18 septiembre de 2018.

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