Mauricio en su laberinto

por Javier Zelaznik (*)

En un contexto con distintos actores que plantean sus demandas, el Presidente tiene por delante la tarea de superar la crisis, terminar su mandato y ser reelecto

A fines de octubre de 2017 se abrían las apuestas sobre la construcción de una nueva hegemonía política en Argentina tras el triunfo de Cambiemos en las elecciones nacionales y, en particular, frente a Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires, lo que casi garantizaba la reelección presidencial. Menos de un año después, crisis mediante, varios funcionarios ya han salido a aclarar que el gobierno de Mauricio Macri va a concluir su mandato en diciembre de 2019, ante un coro electoralmente poco representativo de voces que auguran, y hasta desean, la salida anticipada del gobierno. Superar la crisis, terminar el mandato, reelegirse…., en ese laberinto parece deambular Mauricio Macri.

 

LA GENTE Y LOS MERCADOS

El cambio de escenario estuvo jalonado por dos grandes rupturas. La primera, respecto de “la opinión pública”, se dio poco después del triunfo electoral, producto del debate y sanción de la reforma previsional en medio de importantes movilizaciones. Eso no sólo horadó la imagen del gobierno sino que hizo renacer en la desarticulada y recientemente derrotada oposición peronista la idea de que“ el 2019 era posible”. La segunda ruptura, respecto de“ los mercados”, empezó algunos meses después, con el agotamiento de la estrategia económica “gradualista” del Gobierno. Eso generó una brusca devaluación de la moneda con consecuencias negativas sobre la inflación y la actividad económica, y la adopción de una estrategia de “shock”, en el marco de un acuerdo con el FMI, que adelanta para 2019 la meta del déficit primario cero.

Ambas rupturas se retroalimentaron creando un círculo vicioso. El descontento social por la reforma jubilatoria llevó a la idea de que a Mauricio Macri se le escapaba de las manos la reelección y, en la medida en que “hay 2019” para la vuelta del “populismo”, el gradualismo deja de ser atractivo para“ los mercados” y las reformas económicas deben acelerarse. Mientras “la opinión pública” manifestó su descontento movilizándose en las calles, “los mercados” se manifestaron jugando con el dólar. Entre noviembre de 2017 y septiembre de 2018, la cotización del dólar pasó de 18 a 40 pesos, la expectativa oficial de inflación pasó de 8% a 42% anual, y la de crecimiento pasó de +3,5% a -1%. En el mismo lapso, los valores del Indice de Confianza en el Gobierno que elabora la Universidad Torcuato Di Tella pasó de un pico de 2,97 puntos (sobre un máximo de 5) a 1,75 puntos, el valor más bajo de la era Macri.

 

EL MENSAJE

En parte, los problemas de confianza se deben a problemas de comunicación del Gobierno, en particular, continuar utilizando una estrategia que le había sido exitosa en el pasado en un contexto diferente. Esa estrategia se basa en hablarle a la gente que está fuera del “círculo rojo”, estos es, ciudadanos con baja atención e interés por la política, haciendo uso de un discurso vacío de contenido sustantivo, pero cargado de elementos que movilizan las esperanzas y expectativas. Esa estrategia comunicativa fue central para sus triunfos electorales de 2015 y 2017, pero mostró sus limitaciones en el nuevo contexto. Respecto de la “opinión pública”, la limitación es que las apelaciones a las esperanzas dejan de ser relevantes cuando entran en contradicción con la“ realidad” que viven los receptores del mensaje, especialmente cuando el deterioro de esa realidad es atribuido a quien emite el mensaje. Respecto de los “mercados”, la limitación se derivan de utilizar una estrategia comunicacional diseñada para quienes están fuera del círculo rojo respecto a un sector que, que claramente está dentro, muy dentro, del círculo rojo.

 

EL CONGRESO

La comunicación del Gobierno con “los mercados”, sin embargo, va más allá de los discursos directos, e incluye cuestiones prácticas tales como acordar con el FMI, y obtener la sanción del Presupuesto 2019 en el Congreso, en donde está plasmada la nueva hoja de ruta del gobierno. Dada la ausencia de mayorías oficialistas, la sanción del presupuesto cobra una importancia adicional: envía una señal acerca de las posibilidades de que la nueva estrategia económica pueda mantenerse a partir de 2019, con o sin la reelección de Macri. De allí la crucial importancia de la creación de acuerdos con fracciones del peronismo en el Congreso y en las provincias.

Seguramente ayudará a ese fin los intereses compartidos en evitar la profundización de la crisispor parte de quienes tiene responsabilidad de gobierno, a nivel nacional y provincial. Ayuda también la aparente predisposición del gobierno en contentarse con la aprobación de la ley presupuesto sin exigir que quienes contribuyan desde la oposición salgan a dar la cara por la misma para compartir los costos.

 

LA CALLE

Mientras esto ocurre la situación socioeconómica se deteriora, y seguirá haciéndolo en el corto plazo aún en caso de que el gobierno sea exitoso en sortear la crisis. Ello se traduce no sólo en el empeoramiento de índices sociales sino también en el aumento de la conflictividad, encabezado por los movimientos sociales que representan a sectores postergados, así como por el movimiento obrero organizado.

Aunque el gobierno no parece haber desplegado una estrategia comunicativa respecto de esos sectores, si ha acusado el impacto de esa realidad. Por ello ha mantenido y fortificado en los presupuestos las partidas dirigidas a sectores sociales vulnerables, a la vez que se ha jerarquizado en la última reorganización del gabinete al Ministerio de Acción Social, encargado de distribuir esos beneficios y de mantener el diálogo con los líderes de las organizaciones sociales.

La contracara de esa política, sin embargo, debe ser la moderación y prudencia por parte de las fuerzas encargadas de “contener” esas movilizaciones, a cargo del Ministerio de Seguridad. En otros términos, que la sobreactuación de la defensa del espacio público, tan importante como es, y tan preciada por el electorado núcleo del PRO, no derive en alguna tipo de situación que lleve el conflicto a un nivel más alto que el que naturalmente surge de situaciones de carencias social, propias de la crisis.

 

LOS OJOS EN 2019

Además de solucionar problemas (para bien o para mal), los políticos tiene los ojos en las elecciones. Falta más de un año para las presidenciales pero el tiempo corre, y se acelera con las PASO. Es probable que durante la segunda quincena de junio ya deban oficializarse las agrupaciones y precandidatos, y para eso faltan apenas nueve meses.

En el oficialismo las cosas parecen claras: Cambiemos es una fija ya que ninguno de sus socios tiene mucho que ganar en otro marco coalicional. Pero a diferencia de 2015, en que Macri ganó el balotaje por una diferencia mínima a pesar de llegar con la mochila vacía, en 2019 Cambiemos llegará con la mochila llena, y un tanto pesada. De allí que su suerte electoral dependa, primero, de la capacidad de recuperar el terreno perdido en los niveles de confianza social, lo cual implica ir resolviendo los problemas del presente, y segundo, de cuál sea la característica de la oferta electoral que presente la oposición peronista. Sin lo primero, lo segundo puede llegar a ser irrelevante para el destino de Cambiemos; con lo primero, lo más probable es que el ballotage se decida a favor de quien tenga menor imagen negativa.

 

¿Y EL LABERINTO?

Así las cosas, Macri debe encontrar el camino de salida de su laberinto, que lo lleve a superar la crisis, terminar su mandato, y ser reelecto. Leopoldo Marechal hace mucho señaló que “de todo laberinto, se sale por arriba”. Por lo menos, mirar al laberinto desde arriba ofrece una perspectiva para ver cuáles son los diferentes caminos, y cuál de ellos es el indicado aun sin contar con las alas de Dédalo, el hilo de Ariadna o el mejor equipo de los últimos cincuenta años. El liderazgo consiste precisamente en la capacidad para enfrentar el desafío, y superarlo.

(*) Universidad Torcuato Di Tella

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