Pimienta

Macri puede tener un temperamento moderado, pero tiene un asesor picante

Por Julio Burdman

Hay oscuros nubarrones en el horizonte de Mauricio Macri. Los voceros del Gobierno, afectos a las metáforas que se valen de fenómenos de la naturaleza, hablan de tormenta. Algo que sucede fuera de nuestro control. Pero yendo a los efectos, todo indica que en el segundo semestre los costos del ajuste serán mayores.

Hay aumentos de combustibles y tarifas domiciliarias por delante, el consumo y el poder de compra van a caer, el clima social se va a tensar. ¿Hay 2019 para Macri? Todo dependerá de cómo salga de ésta, porque Cambiemos prometió beneficios que su electorado aspiracional no olvida. Hay, sin embargo, un elemento insoslayable, y es que el Gobierno conserva una efectividad en el manejo de la agenda pública. Tiene una habilidad: logra poner temas sobre la mesa que sirven para que la agenda se distraiga de la economía. Se vale, para eso, de la confrontación. De poner a la opinión pública a discutir los temas controversiales.

Algo que se le escapó a Ernesto Laclau, tal vez por desconocimiento de ese mundo, es que los asesores de campañas electorales recomiendan polarizar. La teoría centrípeta del votante medio, según la cual el buen candidato se ubica en el centro para atrapar más votos, no siempre funciona. Macri puede ser de un temperamento moderado, pero tiene un asesor picante.

En el debate por la interrupción voluntaria del embarazo no se puede ignorar la influencia del movimiento social de las mujeres y de las perspectivas de género. Y sobre todo, que se trata de un debate que se había resuelto -en términos legislativos, al menos- medio siglo atrás en Europa y Estados Unidos, que son una suerte de norte para buena parte de nuestra sociedad. El tema tenía peso propio, sin dudas. ¿Pero cómo olvidar que fue el propio Macri quien lo planteó en la apertura del año legislativo, en los umbrales de una crisis económica? ¿Con un Papa argentino, acusado de opositor, y con el desacuerdo de su propia línea sucesoria? Las encuestas anticipaban que medio país estaba a favor y el otro medio en contra, y que el debate iba a ser intenso. Bien asesorado por el picante, Macri no sólo se declaró neutral, sino que insistió en que no fue él quien lo motorizó. No sabemos aún si el Senado lo aprobará, sí sabemos que algún día lo hará, y podemos dejar constancia de que este tema lleva meses ocupando los medios y las redes sociales.

Ahora, el Presidente asesorado puso otra controversia sobre la mesa: los militares. Muchas de las cosas que se han planteado -apoyo logístico, asistencia en catástrofes, protección de activos estratégicos y el famoso Escudo Norte- ya se venían haciendo o discutiendo durante el kirchnerismo. Pero sin anuncios. Ahora se han invertido los términos. No hay chance de reequipar a las Fuerzas Armadas en el marco de un acuerdo con el FMI, ni demasiada vocación por hacerlo -como no la hubo antes-, pero se puso al anuncio por delante. Macri habló el lunes 23. Y ese mismo día, en el prime time de los programas políticos porteño-nacionales de las 22 horas -”Desde el llano” (Joaquín Morales Solá) en TN, “Ronda de Editores” (Clara Mariño) en la TV Pública, “Intratables” (Santiago del Moro) en América TV, “Desafío 2018” (Marcelo Zlotowiazda) en C5N, “Odisea Argentina” (Carlos Pagni) y “4 Días” (Facundo Pastor) en A24- todo el periodismo televisivo hablaba de la reforma del famoso decreto reglamentario. La única excepción fue “La mirada de Roberto García”, emitido por el Canal 26 del partido de La Matanza, a la sazón conducido por Edgar Mainhard. Allí, los economistas Javier Milei y Diego Giacomini hablaban de riesgo de hiperinflación.

¿Habrá otros temas picantes sobre la mesa? Revisando los grandes clivajes argentinos, todavía hay petróleo para extraer en unitarios vs. federales, Iglesia vs. Estado o Redondos vs. Soda. Uno de los grandes descubrimientos de la estrategia política picante, que comparte con el kirchnerismo, es el valor político y moral del progresismo criollo. Los progresistas tienen pocos votos y carecen de un partido político definido, pero tienen una gran incidencia en la organización del debate colectivo. Son los custodios de las grandes tradiciones de la argentinidad. Somos una nación progresista, y nuestra Constitución de 1853 también lo es. Pinchando un poco ahí, siempre se arma revuelo.

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