Gobernar con recursos devaluados

Las condiciones políticas son más adversas para Macri pero la centralidad de los presidentes en Sudamérica le otorga herramientas para revertir la situación

Por Mariano Fraschini y Nicolás Tereschuk

 

A partir de la corrida cambiaria, el presidente Mauricio Macri entró en un escenario de merma más pronunciada en sus recursos de poder y asoman dudas sobre cómo podrá recomponerlos de cara al plan de reelección que había dado a conocer el oficialismo.

Como hemos referido en distintas notas en el estadista, en un contexto de institucionalidad “baja” o “débil” la figura central del sistema político es el Presidente y su suerte depende de la capacidad que tenga para sostener y acrecentar los recursos de poder que es capaz de controlar durante el ejercicio del poder.

Luego de haber acrecentado esos recursos tras los comicios legislativos de octubre pasado, la estrategia del Presidente viró hacia el anuncio de un plan de reformas de explícito corte neoliberal, que fueron plasmadas en el discurso del Centro Cultural Kirchner, en el que diagramó su idea de un “reformismo permanente”. Los tres ejes de los anuncios presidenciales se asentaron en una reforma previsional, que hará mermar este año los ingresos de jubilados y de los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, una reforma laboral que no cuenta con el aval de la CGT y apunta a flexibilizar convenios de trabajo históricos, y una reforma impositiva en línea con los pedidos del FMI. A estas tres reformas, se le sumó un pacto fiscal con las provincias que busca una reducción del gasto público en los gobiernos subnacionales, que en su mayoría son del signo político opositor al Gobierno.

Sin embargo, una vez ejecutado en su primera parte el plan reformista (previsional) encontró muy serios obstáculos en el Congreso y en las calles, lo que marcó el inicio de un, a esta altura, relativamente largo período de pérdida en los niveles de aprobación presidencial. Este recurso de poder deviene central para los presidentes no peronistas, ya que éstos no cuentan con las ventajas (en recursos sociales, institucionales y de movilización) que sí detentan los mandatarios justicialistas En ese marco, el control del recurso apoyo popular, que tiene en la popularidad una de sus principales aristas, es una estrategia insoslayable para los ejecutivos que no provienen del peronismo

El problema de esta caída de la popularidad presidencial es que a ella se suman algunos recursos de poder que el Presidente parecía tener bajo control y que ahora están en duda. Y que, como se evidenció en el marco de la corrida cambiaria, una de las más intensas en términos de pérdida de divisas de la última década, cuando se registran este tipo de episodios los tiempos políticos se aceleran y los escenarios cambian. Los recursos de poder son, en ese sentido, dinámicos y de suma cero: mutan en el tiempo y los tiene el oficialismo o la oposición. Desde allí es que se tornan centrales para poder comprender la posición política institucional de un Presidente y las posibilidades concretas de la oposición de cara al próximo turno electoral. Si el jefe de Estado había lanzado a principios de marzo la idea de que iría por su reelección junto con María EugeniaV idal y Horacio Rodríguez Larreta, a dos meses de ese momento los planes del oficialismo se ponen entre paréntesis.

Esto no quiere decir que la suerte del Presidente esté echada, pero sí que tiene una serie de señales de alarma a las que prestarle atención. Observemos más de cerca. La baja de la popularidad es la más evidente, pero a esta debemos sumarle los movimientos hacia la unidad del peronismo en el campo legislativo y partidario (el justicialismo suele hacer esas movidas cuando olfatea que puede convertirse en opción de cambio), las desavenencias internas en el gabinete, el aumento de las protestas sociales en todas las esferas, las críticas abiertas en los medios de comunicación a su política económica (un recurso de poder con los que cuenta el Presidente desde el inicio de su gestión), algunas decisiones judiciales que no están en línea con los deseos oficiales, y las “desconfianzas” que empiezan a surgir en el mercado, el recurso más importante de sostenimiento de las políticas económicas del macrismo.

Como dijimos, el control de los recursos de poder de un presidente es dinámico. No son para siempre. Hay que cultivarlos, cuidarlos y en lo posible, acrecentarlos. En nuestra región, una pérdida de recursos esenciales puede hacerle perder a un primer mandatario una posición política institucional ventajosa en un corto tiempo. La baja institucionalización obliga a los presidentes en la región a estar atentos a las pérdidas de recursos, ya que nada, ni nadie le puede asegurar al primer mandatario una posición de estabilidad política permanente. Los presidentes las ganan (o las pierden) en el propio ejercicio del poder.

El Gobierno se encuentra ante un nuevo escenario. Novedoso en términos de pérdidas de recursos, en baja de popularidad y en cuestionamientos a su programa económico. La dinámica política regional es impredecible (se mueve a velocidades muy diferentes a los países del cuadrante norte del mundo) y esto obliga los presidentes a estar atentos a estas mutaciones sociales, institucionales e internacionales.

La experiencia histórica y empírica, asimismo, no es muy amigable para los primeros mandatarios que aplican políticas neoliberales con minorías parlamentarias. Un 23% de los que se movieron con esa estrategia no pudieron culminar sus mandatos y el 40% ellos fueron desafiados en su estabilidad entre 1985 y 2003.Y la mayoría de ellos, ganó las elecciones con guarismos superiores al 50% y gozó durante un tiempo de un importante apoyo popular que les permitió caminar con comodidad en el sistema político. Ahí están los ejemplos de Collor de Melo, Carlos Andrés Pérez, Abdalá Bucarán, Fernando De la Rúa, Sánchez de Losada, por mencionar lo más emblemáticos.

Hoy el Presidente se encuentra una situación original, que nunca antes tuvo durante estos primeros dos años y medio de mandato. Los primeros mandatarios sudamericanos, sin embargo, cuentan con recursos subjetivos para poder enfrentar situaciones complejas. Las mismas requieren de destreza y habilidad (virtú, expresó cinco siglos atrás un pensador florentino) para poder recuperar recursos perdidos o generar nuevos. La centralidad para poder mantener una posición política institucional estable aún está en manos de Macri. Y de él también dependen los trazados electorales de cara a 2019.

El juego sigue abierto para el Primer Mandatario. El camino comenzó a inclinarse cuesta abajo, pero las herramientas para enderezar la dirección continúan estando en la recuperación y en la generación de recursos de poder por parte de Macri. Como siempre en Sudamérica son los liderazgos presidenciales los que dotan de eficacia y estabilidad al sistema político

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