La crisis y el control de daños

Con el despliegue de distintas mesas para coordinar políticas, el Gobierno anticipa que intoducirá cambios en su modelo de gestión

Por Mario Serrafero

 

No se ha superado todavía la crisis cambiaria, la más ostensible. Y siguen todavía otras turbulencias que el Gobierno desea que se vayan ajustando. En todo caso, un poco más de realismo deberá imperar en el discurso oficialista.Y a no podrá plantearse la meta del 15% de inflación que tanto Marcos Peña como Nicolás Dujovne señalaban que“ no es un pronóstico, sino orientativa” (singular tesis que importa una innovación imaginativa respecto de lo que es un presupuesto). Las revisiones de paritarias no podrán ser rechazadas pues el retraso salarial es un hecho irrebatible.

Quedan interrogantes a resolver y dudas por despejar, por ejemplo el llamado a un gran acuerdo. Cabría decir también que este tipo de convocatorias en democracia es un clásico de manual del gobierno que sufre algún traspié importante, sea de origen electoral o de gestión. Cabe recordar por ejemplo el llamado al“ diálogo amplio” hecho por Cristina Kirchner luego de la derrota electoral de 2009. Fue sólo un gesto para la foto y la tapa de los diarios. Ahora el oficialismo, al menos, ha sido más concreto. Ese acuerdo debería reflejarse en el presupuesto 2019 y con el objetivo de bajar el gasto público. Las provincias ya han adelantado que no están dispuestas a resignar recursos que impliquen sacrificios para la población. El anuncio genera expectativas que, de alguna manera, deberían satisfacerse.

El oficialismo ha insistido en temas que parece han sido tomados y comprendidos por sectores importantes de la población. Nadie duda ahora de que las tarifas subsidiadas al extremo fue un error y que había que corregirlas. Tampoco parece estar en mayor discusión la necesidad de bajar el gasto público. Pero el gran tema y el principal problema es cómo hacerlo. Se necesita un buen diagnóstico respecto del peso que cada sector podría soportar y una verdadera cirugía de precisión para llevar a cabo la implementación. Hasta ahora el oficialismo no se lució por desarrollar diagnósticos sofisticados y mostró pulso de carnicería para realizar ajustes tarifarios. La calidad de la gestión se mide en el diseño de las políticas y su concreción en la realidad. El Gobierno debería prestar también atención a la crítica de la ausencia de un plan económico. Salvo que piense que con sólo equilibrar las cuentas públicas se logrará el crecimiento económico y el desarrollo. Si ello fuera así, estaríamos frente a otra fuente de incertidumbre. La tarea prioritaria del ordenamiento fiscal no exime de una respuesta cuando son numerosos quienes se interrogan por qué plan y sendero pretende guiarse a Argentina.

Alguna nota ha tomado el gobierno respecto a su modo de gestión. El ministro Dujovne ha sido encargado de la coordinación del gabinete económico y el ministro Rogelio Frigerio se encargaría del área política. Al menos se sabrá a quién responsabilizar en caso de ocurrir nuevas situaciones inquietantes. Parece que la crisis ha expuesto a la jefatura de Gabinete y a los vicejefes como factores que han jugado un papel destacado en el desarrollo de los eventos que, hasta el propio presidente, puso como fecha clave el 28 de diciembre de 2017. Pero Peña prefiere decir que“ no planteamos pérdidas y derrotas: planteamos trabajo en equipo, que se va a seguir reforzando”.

Con el despliegue de distintas “mesas” el oficialismo da a entender que modificaría su esquema de gestión. Funcionaría una mesa más amplia con la presencia de Peña, Frigerio, Emilio Monzó, María Eugenia Vidal, Horacio Rodríguez Larreta, Alfredo Cornejo y Gerardo Morales. También ha comenzado a reunirse la mesa del gabinete económico bajo la coordinación del ministro Dujovne, con una multitudinaria concurrencia de ministros. Lo cierto es que la conformación de distintas mesas sólo trascenderán las meras fotos si varía el mecanismo de toma de decisiones y si estas mesas se reflejan de algún modo en el organigrama funcional de la estructura del gobierno. Poco dice el presidente sobre el modo de funcionamiento del Gobierno y hasta tanto no lo haga seguirá la poderosa imagen de la jefatura de Gabinete –y de sus vicejefes- como “sus ojos y su inteligencia”, una de las frases menos felices pronunciadas por el Mandatario. Más allá de los resultados de la “operación mesas”, se estaría dando respuesta a la crítica del manejo disperso de la economía. Quedaría todavía decir algo sobre la supuesta crítica de parte de economistas y fuerzas opositoras sobre la falta de un claro plan económico.

La oposición ha estado bastante moderada en los días de zozobra cambiaria. Tiene claro que un desencadenamiento aún mayor de crisis paralelas no haría más que agravar la situación política y social del país. Entiende que tiene que cooperar en momentos de difícil tránsito pues sino puede ser vista como corresponsable de eventos dañosos para todos. Asimismo no debe olvidarse el papel y la responsabilidad que le cabe a la anterior administración por la situación actual, pues tuvo un manejo irresponsable de las cuentas públicas. Por otra parte, todavía el peronismo se encuentra en un proceso de confusión pues no se sabe quién o quienes llevaran las riendas de las próximas disputas electorales. Está claro que desde el kirchnerismo la única candidata es Cristina y son varios los que se debaten para el liderazgo del resto del peronismo. Cristina da a entender que no sería candidata. Pero no cabe retirarla antes de tiempo. El Presidente ha tenido una importante baja de popularidad, pero todavía es quien mejor se perfila en las elecciones presidenciales de 2019. Aunque todo dependerá de los resultados de la gestión que tendrán que ver con los cambios que deberán operarse de aquí en más

 

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