Fin de ciclo opositor

(Artículo del politólogo Lucio Guberman)

Desde qué espacios y bajo qué condiciones se perfilará la nueva oposición en el país.

Los resultados electorales nacionales y provinciales, la reunificación del Partido Justicialista bajo la conducción de Cristina Fernández, la disolución del peronismo federal, el desbande del acuerdo Alfonsín–De Narváez y la falta de vocación de Binner para construir un espacio de centroizquierda amplio son claros signos del final de época de la oposición argentina tal como la conocemos hasta ahora.

Las efímeras perspectivas innovadoras del sistema de partidos, que contaban con las fracturas y reagrupamientos de peronistas y radicales siguiendo líneas ideológicas más “puras”, se desvanecieron en el aire. El conflicto agrario terminó acelerando la prevalencia del Estado en la conformación de las ofertas políticas y no se alcanzó una dimensión refundacional de las identidades políticas argentinas a partir de la puesta en tensión.

Pasada esa coyuntura, el Gobierno comenzó a recuperarse y la muerte de Néstor Kirchner acabó con el punto de reunión simbólico de la oposición: oponerse al kirchnerismo ya no resulta suficiente para ofrecerse como alternativa. Tampoco parecen despertar mucho interés frente a un oficialismo exitoso los “liderazgos de popularidad” velozmente fabricados con ayuda de la televisión pero sin anclaje sectorial, ni aglutinantes de intereses de pelo en pecho.

A diez años de la crisis del 2001, que parecía poner a la sociedad civil como fuente de construcción de alternativas políticas, tampoco parece probable que sea dicha esfera social la que modele la oferta política. En la serie de frustraciones acumuladas en la marcha hacia una oposición sólida, debe tomarse nota de la postergación hasta nuevo aviso del dilema central del sistema de partidos de la Argentina: la fractura del peronismo. Reunificado el PJ al calor oficial, las “patas peronistas” disponibles para la constitución de alternativas son bastante flacas.

ESCENARIOS DE OPOSICION

La pregunta entonces es desde qué espacios y bajo qué condiciones se perfilará la construcción de una oposición de nuevo tipo en el país. Algunos escenarios podrían trazarse a partir de

1) Lo que Juan Carlos Torre describió como el comportamiento del justicialismo como un sistema político en sí mismo, con oficialismo y oposición compitiendo dentro del mismo espacio.

2) La autorreferencialidad de la política, su forma actual de funcionamiento por la cual se reproduce a sí misma inventando los conflictos y los actores que desempeñan los roles de turno sin que esos conflictos ni esos actores de su invención tengan una carga genética de intereses generalizables. Tomar muy seriamente esta hipótesis llevaría a una oposición a medida del ciclo oficialista, sin capacidad de condicionar sus principales decisiones ni de amenazarlo electoralmente.

3) La apuesta a la crisis: no faltan quienes hipotetizan que el final del “viento de cola” de la economía global desnudará las falencias del modelo K y lo hará volar por el aire. Generalmente complementada con la teoría del péndulo que presupone que luego de los excesos keynesianos del kirchnerismo a la oposición le corresponderá dar un giro a la derecha.

4) Prácticamente la contracara de 3: se puede ver a los problemas públicos como construcciones y postular que no son suficientes condiciones objetivas disfuncionales para que exista un problema, sino que se requieren juicios subjetivos que expresen la indeseabilidad de ciertas situaciones y esfuerzos sostenidos para que esa visión tome carácter público. Se visualizan los procesos de construcción -definición que los grupos sociales encaran para que situaciones sean percibidas como problemas por una parte importante del público. Sin embargo, instalar preocupaciones en la opinión pública no es tan sencillo, ni tan “democrático”. Las diferencias de poder son determinantes de qué se torna problema y qué no. Y si bien la participación tiene un lugar importante a la hora de intentar incluir temas en la agenda pública, y es el recurso esencial de quienes carecen de otros recursos de poder (dinero, saberes, armas, etcétera), los grupos de interés más consolidados detentan importantes ventajas. Es que el poder es un aspecto central de la construcción de problemas públicos, y si bien el poder no basta para hacer públicos intereses particulares, los grupos de poder tienen muy desarrolladas las capacidades de “empaquetar” sus demandas para convertirlas en públicas. Es una tarea de generalización que requiere información, diseño de opciones y elección de instrumentos. En síntesis, requiere una definición “vendible” de lo que está sucediendo. Esto abre posibilidades a una oposición que se juegue por un relato alternativo. Medios de comunicación disponibles tiene.

Esta última perspectiva es la más interesante para el sistema político en su conjunto.  Es muy posible que la depuración electoral de los liderazgos opositores abra un ciclo de esa naturaleza para la oposición argentina.

(De la edición impresa)

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