Aborto: tiene que debatirse poco y votarse rápido

 

Redacción de El Estadista

 

Frente a una marcha multitudinaria de la semana pasada reclamando aborto legal, seguro y gratuito, el Presidente sostuvo que no se opondría a que el tema se debata en el Congreso. Distintos sectores elogiaron esa decisión porque entienden que es necesario debatirlo más allá de cuál sea la posición de cada uno. Pero Mauricio Macri también dejó en claro que no quiere apurar el tratamiento parlamentario. Sin embargo, si el oficialismo no lo va a impulsar, tampoco tiene sentido que instale un debate que se prolongue en el tiempo generando una división en la sociedad. Si se quiere, en serio, abordar la cuestión, lo que corresponde es que en un plazo breve se vote en el Congreso. No tiene sentido crispar a la sociedad durante tanto tiempo en una discusión en la cual nadie escucha la posición del otro porque tiene tomada la propia desde hace mucho tiempo.

El tema de la interrupción del embarazo divide aguas y lo seguirá haciendo. Es uno de los pocos en los cuales no hay puntos intermedios.

¿Hay una vida humana que el Estado tiene la obligación de defender por sobre cualquier otra consideración o hay un derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo? ¿Cuál es el punto de encuentro al cual podrían llegar esas dos visiones luego de un largo debate? Ninguno, no existe.

Según el Código Penal, la mujer que se practicó un aborto “será reprimida con prisión de uno a cuatro años”. ¿Los legisladores están de acuerdo con mantener esa pena? No se les piden definiciones religiosas o filosóficas, sólo decisiones sobre el derecho positivo argentino. ¿Penalizar o despenalizar? Hay sólo dos respuestas posibles y, por eso, el tema polariza.

En Estados Unidos el tema se debate con intensidad desde el fallo de la Corte Suprema de 1973 en el caso “Roe vs. Wade”, y no se logró ningún avance. La sociedad continúa dividido al respecto y la política también porque los republicanos quieren restringir la posibilidad de interrumpir un embarazo y se definen como “pro life” mientras que los demócratas sostienen el derecho de la mujer y se definen como “pro choice”.

En Argentina las distintas posiciones que hay sobre este tema no tienen traducción en materia de alineamientos partidarios porque en casi todos conviven las dos visiones. Las grietas en Argentina son más políticas que culturales.

Las discusiones serán intensas y habrá distintos tipos de argumentos. Habrá quienes intenten sostener su posición invocando números incomprobables de abortos y de muertes de mujeres a causa de ellos. La exposición de este drama social no modificará la posición, como no lo ha hecho hasta ahora, de quienes pretenden mantener las penas. Tampoco alterará los puntos de vista introducir temas de corte más científico sobre concepción y viabilidad.

No tiene sentido generar una tensión prolongada en la sociedad en busca de un consenso que no va a llegar. Por lo tanto, si hay voluntad real de encarar el tema y se considera que es necesario, que se haga sin demoras y que los representantes del pueblo decidan. Pueden despenalizar o dejar todo como está y se seguirán practicando abortos con riesgos para las mujeres y sin que se registren condenas por ello.

Mientras tanto, se irá reduciendo el número de abortos porque hay más y más eficaces medios anticonceptivos, la situación social tenderá a mejorar y el contexto cultural será más tolerante de embarazos que en otro momento se hubiesen interrumpido.

 

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