China vuelve a dar esperanzas

Por Julio Burdman

 

La importancia del Gigante Asiático es creciente en la región y esa tendencia se profundizará en la medida en que EE.UU. se aleje

 

Dado que las últimas noticias provenientes de Chile estuvieron centradas en las repercusiones de la visita del papa Francisco -narrada con notoria crispación por parte de algunos grandes medios de comunicación-, pasó casi desapercibida la Cumbre China – Celac que tuvo lugar en Santiago desde el lunes 22 de enero.

 

La Celac es la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños. Una iniciativa de integración regional impulsada por México y Brasil en 2011 para contar con un espacio latinoamericano que reúna a estos dos grandes países de la región, sin la presencia demasiado gravitante de Estados Unidos. Recordemos que las principales  estrategias de inserción de México y Brasil pasan por espacios subregionales -el Nafta  en el primer caso, Mercosur/Unasur en el segundo- y ambos estados no contaban con un canal de diálogo y negociación propio o suficientemente representativo. Tuvo también la Celac otro objetivo fundacional, que fue promover un acercamiento de los pequeños países caribeños a los estados latinoamericanos; el entonces presidente dominicano, Leonel Fernández, fue el gran “armador” de esta comunidad de países. No obstante, desde su fundación, la Celac no tuvo demasiado impacto regional y comenzó a ser considerada como “una más” de las múltiples redes de relaciones interestatales que existen en las Américas.

¿Por qué, entonces, es relevante esta segunda reunión del canciller de China, WangY i, y 24 de sus pares de América latina y el Caribe? Porque las expectativas sobre el rol de China en la economía regional han vuelto a moverse.  Y el Gigante Asiático, siempre interesado en profundizar lazos comerciales, logró reunir en una misma mesa a todos los países al sur del muro antilatino de Trump. Justo cuando Trump está profundizando en 2018 su vocación por los límites y las barreras.

El crecimiento de China en 2017 superó sus propias expectativas: cerró el año con una tasa de 7,0% y el comercio exterior en expansión. Esto explica, en parte al menos, el optimismo en el mundo de las commodities que produce América latina.

Recordemos que la tonelada de soja, que diciembre de 2012 había tocado un pico de 680 dólares, experimentó un declive pronunciado a partir de fines de 2013, alcanzando en 2015 y principios de 2016 sus valores más bajos; desde el segundo semestre de 2017 hay una modesta recuperación y expectativas de suba moderada para mediados de 2018, que se ven  reflejadas en los precios de futuros. En el caso del precio del cobre, la clave del país anfitrión de la cumbre, la cosa va mejor. Sus techos se habían logrado en 2010 y 2011, luego también experimentó una caída pronunciada en el lustro posterior con pisos a principios de 2016, y tras un año de oscilaciones tiene curva ascendente a partir de mayo de 2017. En el petróleo, siempre más inestable que alimentos y metales, hubo también tendencias a la alza a fines de 2017 y casi todos los pronósticos para el primer semestre de 2018 son de suba. Es decir que hay algunas esperanzas para los países mencionados, dependientes de la demanda mundial y los precios de sus productos primarios exportables.

Para China, la relación con América Latina sigue siendo importante, y este tipo de cumbres sirven para expresar prioridades y concretar proyectos. El comercio anual entre China y América latina supera los 200.000 millones de dólares por año y hay más de 2.000 empresas chinas operando aquí. En la Cumbre se habló de superar esos números y de ampliar los cupos de exportables hacia productos de más valor agregado que salen desde América latina. Hasta ahora, todos los países de la región tienen déficit comercial con China. Salvo el superavitario Chile y el equilibrado Perú.

Para estos dos países y para México, que tienen fuertes alianzas con Estados Unidos y formaban parte del Acuerdo Transpacífico que Trump dinamitó en 2017, es hora de recalcular una inserción económica menos dependiente de Estados Unidos. China ve el vacío y aprovecha la Cumbre en Santiago para invitarlos a sumarse a su propio proyecto de comercio global, ahora denominado “Ruta para la Cooperación Internacional”.

En el cono sur, las relaciones con China se profundizaron durante los gobiernos de Lula, Bachelet y el kirchnerismo. Chile firmó meses atrás una “ampliación” del Tratado de Libre Comercio que tiene con China desde 2006, Argentina hizo lo propio con el Acuerdo de Cooperación Estratégica bilateral y Brasil convirtió a China en su principal socio comercial. Los gobiernos de Macri, Temer y ahora Piñera, que asume en marzo, buscan profundizar esa estrategia. Que hoy es un driver fundamental de las expectativas para 2018 y 2019y

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