Las encuestas, iguales para todos pero para algunos más que para otros

Por Mariano Fraschini y Nicolás Tereschuk   

 

El punto de partida en términos de recursos de poder para un presidente peronista y para otro que no lo es, muestra muchas diferencias

 

Diciembre de 2017 dejó un dato político en el que coinciden oficialistas y opositores: el presidente Mauricio Macri sufrió una nítida caída en la consideración pública.

Un sondeo de este mes de IPSOS Argentina determinó que la aprobación de Macri (que incluye a quienes aprueban “mucho”,  “algo”  o  “se inclinan hacia aprobar”) se encuentra en un piso desde que asumió. La encuesta ubicó ese guarismo en un 44 %, lo que implica una caída de 10 puntos porcentuales desde su medición anterior, del cuarto trimestre de 2017. El Indice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Torcuato Di Tella evidenció, asimismo, una caída del 20,3% en diciembre. Otros sondeos difundidos en los últimos días ratificaron esta tendencia.

La situación fue reconocida por el oficialismo. El jefe del bloque de senadores del PRO, Humberto Schiavoni, explicó en una entrevista reciente que se trata de “una caída coyuntural”, que se debe al  “conjunto de reformas estructurales” encaradas por el Gobierno.  “Todas las reformas siempre tienen costos políticos”, indicó el legislador por Misiones, quien confió en que en el mediano plazo “la imagen de Macri se va a recuperar”. “ El Presidente está trabajando para resolver los problemas no para preservar una transitoria imagen política”, señaló el dirigente oficialista.

Los índices de popularidad que se registran en sondeos de opinión pública forman parte de uno de los recursos de poder que detenta un presidente en el ejercicio del poder político. Se los puede denominar como de “Apoyo Popular Ciudadano”.

La intención de estas breves reflexiones es llamar la atención acerca del hecho de que si bien se trata de un recurso de poder relevante para cualquier primer mandatario del mundo, y en particular para uno sudamericano (y en nuestro caso argentino), la cuestión de la “ aprobación” puede generar una serie de dinámicas determinantes para la suerte de un mandatario que no proviene del peronismo.

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué dicho recurso de poder resulta tan relevante en estos casos? ¿De qué forma impacta en la dinámica política local? Para responder a estos interrogantes resulta necesario primero dar cuenta de cuáles son los recursos de poder con los que suele comenzar la gestión un presidente peronista y uno que no lo es. En primer lugar, un primer mandatario oriundo de las filas justicialistas suele “arrancar” su gobierno con recursos de poder institucionales de suma importancia: 1) mayorías legislativas (sobre todo el dominio “casi hegemónico” de la Cámara de Senadores y en general de la primera minoría en Diputados) y 2) mayoría de los ejecutivos provinciales y de intendencias, ya que el peronismo suele gobernar, en el peor de los casos, cerca de las dos terceras partes de las provincias y las mayorías de los municipios. En segundo lugar, controla importantes recursos de poder sociales como son los sindicatos y los distintos movimientos sociales, ambos con capacidad de movilización y de alterar el juego político en favor de sus intereses, Por último, el peronismo suele ostentar un importante recurso de poder de apoyo popular ciudadano como es la capacidad electoral. A pesar de haber sido derrotado a nivel nacional en las últimas dos elecciones, el piso electoral del peronismo en sus distintas variantes resulta ser del 35% de los votos. Se trata de recursos de poder con los que cuenta un presidente peronista cuando inicia su gestión de gobierno, y que en general no tiene un primer mandatario ajeno a ese origen partidario. El detentar estos recursos les permite a los presidentes peronistas partir de un piso más alto de estabilidad que uno que no lo es. Asimismo, el dominio de esos recursos suele augurarles a los primeros mandatarios justicialistas un terreno más amigable para el ejercicio de su poder. Desde allí que para un primer mandatario no peronista resulte de suma importancia mantener importantes niveles de adhesión pública para neutralizar los recursos de los que carece desde el inicio de su gestión. Un presidente “popular”, en término de apoyo en la opinión pública, no sólo se muestra fortalecido hacia el sistema político, sino sobre todo hacia la oposición justicialista. Esa fortaleza le permite conquistar nuevos recursos de poder y resultar estable en su posición política institucional. En ese marco, una baja en los índices de apoyo puede resultar un “dolor de  cabeza” para sus aspiraciones de estabilidad presidencial.

Contar con una base de apoyo electoral que se ubica, sobre todo, en sectores urbanos de la mitad de la pirámide social hacia arriba, más vinculados con los debates y dinámicas propias de la “opinión pública” puede significar un tipo de respaldo menos sólido. En esta línea, Torcuato Di Tella solía explicar el fracaso de la Alianza al señalar que“ no hay condiciones para una alianza de centro que se asiente exclusivamente en un sector de las clases medias –por más amplio que sea– y en los intelectuales”. No es este el caso del macrismo, de fuerte vínculo con sectores muy dinámicos del poder económico “real”, pero aún así la cuestión del “apoyo ciudadano” resulta relevante en su esquema de respaldos.

Las últimas semanas fueron una muestra palmaria de esta dinámica. Las declaraciones del titular del Partido Justicialista José Luis Gioja demandando la“ unidad del peronismo” para “volver al gobierno en 2019”, las amenazas de Luis Barrionuevo al gobierno cuando
“recordó” el devenir esquivo de los presidentes que “atacaron al sindicalismo”, las reuniones privadas (nunca desmentidas) entre algunos dirigentes kirchneristas y del massismo y las voces que dentro del universo justicialista se alzan en forma cotidiana contra el gobierno, son algunas de las imágenes que el macrismo no pensó que llegarían tan rápido luego de su contundente victoria legislativa.

El año 2018 comenzó con nubarrones para el gobierno. El “episodio Triaca”, informaciones sobre beneficios millonarios para la familia presidencial en un pase de manos de parques eólicos, el aumento de los índices inflacionarios certificados a finales del año pasado que obligó al cambio de “meta”, los incrementos de los servicios públicos que se avecinan y que generaron desde su inicio un incipiente malhumor social, evidencian que no será un camino sencillo para el presidente volver rápidamente a los niveles de apoyo de los meses anteriores. Sin embargo, no creemos que esto signifique que el gobierno se haya debilitado y no cuente con recursos para poder revertir la tendencia, pero sí es un llamado de atención para la legitimidad de su programa de ajuste estructural de la economía. Si el Gobierno desciende más en sus niveles de apoyo público, probablemente el peronismo tenga más incentivos para acelerar coincidencias conceptuales y electorales. La debilidad de un presidente no peronista resulta ser el terreno más fértil para resolver las desavenencias justicialistas. Los años 1987 y 2001 son ejemplos paradigmáticos de esta ecuación.

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