La desnacionalización (o no) del sistema de partidos en la Argentina

Juan Manuel Abal Medina compila una interesante serie de trabajos sobre la relación entre partidos locales y nacionales.

En un contexto en el que los resultados de las elecciones primarias del 14 de agosto mostraron un claro predominio del peronismo a nivel nacional, con tres candidatos que obtuvieron sumados más del 70% de los votos, y que invita a reflexionar sobre la pertinencia o no de continuar con los análisis que definen a la política argentina contemporánea a partir de un bipartidismo radical/peronista, el rol de los partidos provinciales y su relación dentro del sistema de partidos a nivel nacional ayuda muchas veces a explicar de abajo hacia arriba algunos procesos de representación política.

Es en ese marco en el que el secretario de Comunicación, Juan Manuel Abal Medina,
volvió al perfil académico y lanzó la compilación “La política partidaria en Argentina.
¿Hacia la desnacionalización del sistema de partidos?” (Prometeo), en donde, junto a un grupo de otros académicos, ofrece preguntas y posibles respuestas a esa relación entre las experiencias políticas locales y provinciales (o “subnacionales”, para utilizar el término politológico) que configuran el esquema nacional de partidos.

Los distintos artículos tratan de converger, desde ese enfoque, en la respuesta a una pregunta central: “¿Qué pautas de reformulación del sistema de partidos pueden identificarse desde 1983 hasta la actualidad?”. La columna vertebral del libro se basa
sobre tres ejes: primero, conocer las transformaciones recientes del sistema de partidos de la Argentina, para desde ahí evaluar el grado de nacionalización o desnacionalización que ha tenido; una vez dado ese marco, vincular esos procesos con, por un lado, las políticas de descentralización estatal de la década del ’90, pero también con la reconstrucción de las capacidades del Estado Nacional que los trabajos coinciden en reconocer desde mayo de 2003. Por último, cada trabajo intenta avanzar en modelos para comprender esas dinámicas relaciones que hoy subsisten entre los armados locales y nacionales, en un país extensamente federal como la Argentina,
en el que cada provincia tiene, incluso, sus particularidades en cuanto a legislación.

LOS EJES

Así, se suceden los ocho trabajos agrupados bajo cuatro ejes temáticos desde los que se analiza el ítem nacionalización/desnacionalización. Desde la perspectiva de la coparticipación federal, el trabajo de Santiago Bonifacio y Natalia Del Cogliano propone que la coexistencia de políticas de descentralización administrativa y fiscal es condición necesaria para la desnacionalización del sistema de partidos. Para eso presentan un repaso sobre el modo en que se articularon los gobiernos nacional y provincial en torno al régimen de coparticipación de impuestos, a la vez que repasan las políticas centralizadoras desde lo administrativo impulsadas a nivel nacional para relacionarlas con sus efectos sobre los partidos políticos.

En ese mismo tema, Gabriela Chelli indaga sobre las características que asumieron los procesos de descentralización dentro del Estado argentino, así como los efectos de esas reformas en términos económicos y fiscales para las provincias, para desde allí establecer relaciones con lo ocurrido desde 1983 en el sistema de partidos.

Poniendo la lupa en el análisis de los sistemas electorales, Abal Medina analiza junto a
María Celeste Ratto la forma en la que la dinámica partidista nacional influye en los sistemas partidarios subnacionales en función de los sistemas electorales existentes en las provincias, teniendo en cuenta el amplio abanico de institucionalidad que ofrece el federalismo electoral argentino. Así, estudian el número de partidos provinciales en cada uno de los 24 territorios entre 1983 y 2005 para evaluar cuáles son los factores nacionales y locales que inciden sobre la cantidad de partidos provinciales.

Bajo un tercer eje, María Laura Eberhardt analiza la “crisis de representación” en la ciudad de Buenos Aires desde el retorno de la democracia. Para ello analiza la postura que sus dirigentes y funcionarios adoptaron frente a la creación, reglamentación e implementación de mecanismos participativos semidirectos en la Constitución de 1996 y que algunos, como la elección por comunas, recién se implementaron este año. La tensión que subyace el capítulo es como un análisis del caso nacionalización/ desnacionalización en territorio porteño que muestra, por un lado, elementos cuya intención era descomprimir la tensión dirigida contra los organismos representativos clásicos, pero que a la vez pueden ser una competencia y amenaza latente para las estructuras políticas tradicionales, en tanto nucleadores y canalizadores de los reclamos de los habitantes.

Un último apartado nuclea los estudios de casos específicos sobre la relación entre el sistema nacional y algunos ejemplos subnacionales. Allí se suceden la CABA y la provincia de Buenos Aires, y dos casos que dan muestra del federalismo del libro: por un lado un análisis de Tucumán y Formosa y por el otro una mirada sobre la competencia partidaria en Neuquén.

El resultado es una suma de artículos que plantean básicamente que, desde el retorno democrático, el sistema de partidos nacional experimentó un cambio, “pasando de una coordinación nacional de tendencia bipartidista, a diversas formas de coordinación partidaria subnacional, que no responden necesariamente a formatos bipartidistas”.

Así, a través del estudio de los distintos casos mencionados y de las herramientas teóricas esbozadas principalmente en el artículo de Abal Medina y Ratto, aparece la idea de que la tendencia a una mayor desnacionalización “alcanzó su grado máximo a fines de los años noventa” debido a las transformaciones del Estado hacia una mayor descentralización que se dieron en esos años, y reforzada por la crisis fiscal y política en general que se dio entre 2001 y 2002.

Los autores, todos afines al pensamiento del oficialismo, no esconden –y argumentan
válidamente en esa dirección– que ven, sin embargo, un retroceso claro de la tendencia desnacionalizadora a partir de “el Estado Nacional sus capacidades estatales (económicas, institucionales y políticas)” con la llegada del kirchnerismo en 2003.

(De la edición impresa)

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