¿Hay brillo en la estrella de Binner?

(Artículo de Lucio Guberman, director del posgrado en Comunicación Política de la Facultad de Ciencia Política de la UNR)

Su potencial segundo lugar en octubre difícilmente lo convierta en el líder de la oposición nacional.

Hermes Binner viene hacien do slalom con respecto al kirchnerismo desde aquel voto de los diputados nacionales del PS a favor de la ley de medios en el marco de una campaña electoral santafesina en la cual denunciaba hasta el hartazgo un “futuro pacto Kirchner-Reutemann”, como si Reutemann estuviera a punto de acercarse al demonio. Es que para Binner, efectivamente, Kirchner encarnaba al mismísimo demonio, aunque en algunos casos aparecían iniciativas parlamentarias a las cuales debía acompañar.

Así se le complicaron las explicaciones para el apoyo “por convicción” a las iniciativas legislativas K, más allá de que así haya sido en el caso de la ley de Servicios Audiovisuales o la reestatización de los fondos jubilatorios. Entiéndase: el problema no fue la ley de medios o de AFJPs, sino haber demonizado a Kirchner para luego apoyar sus medidas.

Ocurre que para el socialismo, desde el retorno a la democracia, el peronismo es el
gran mal argentino. En 1984 el socialismo empezó a sostener que estaba concluido el ciclo de los partidos radical y justicialista; el PSP afirmaba que ni la UCR ni el PJ tenían ya un proyecto nacional. Desde 1983 había confluido electoralmente con otras fuerzas socialistas: la Confederación Socialista Argentina, de Alicia Moreau de Justo y el Partido Socialista del Chaco y, en 1985, sumando al Partido Socialista Democrático, participó de las parlamentarias como Unidad Socialista dejando a un lado sus anteriores presentaciones frentistas para avanzar en una estrategia de reunificación socialista.

Esa es la estrategia de acumulación política que permite entender los movimientos
actuales de Hermes Binner.

BINNER Y SU ESTRELLA

El 20 de junio pasado en Rosario , durante el acto por el Día de la Bandera, Binner, parado al lado de la Presidenta, desistió de hacer uso de la palabra porque numerosos grupos de militantes K lo hostilizaban con cánticos y silbidos. De ese modo sobreactuó el paradigma “celeste y blanco” que marca la impronta del gobernador cuando sí hace uso de la palabra. Es un discurso extraño para un líder socialista, una concepción en la cual no hay puja de intereses. Más profundo aún: la despolitización es el modo de respetar los símbolos patrios, como si habitáramos una sociedad sin conflictos y sin diferencias políticopartidarias.

Hay sectores progresistas que critican este paradigma al que estigmatizan como la impronta conservadora de Binner. Aquel silencio del gobernador se inscribe en una seguidilla de actos del PS que intentan construir un relato maniqueo del disenso
político que reza así: hay un partido de convicciones, el PS, que enfrenta a un peronismo sólo interesado en el poder y sus privilegios; apunta a la naturaleza “incorregible” del PJ, opuesta a los principios socialistas.

Pero difícilmente el socialismo en el gobierno pase la prueba de pureza que tiene mediáticamente diseñada para los demás. Desde decisiones simbólicas como la utilización de una estrella del logo del Gobierno provincial para identificar al Frente Amplio Progresista hasta concesiones directas como las de la autopista Rosario-Santa Fe, o la polémica contratación del Estudio Niemeyer para la realización de un “Puerto de la Música”, generan dudas respecto a la transparencia y austeridad.

Hay una recurrente y cuestionable práctica en los gobiernos socialistas consistente en usufructuar herramientas de gestión como mero marketing político. Los pseudomecanismos de participación son un ejemplo de esto. Se utiliza la difusión de asambleas de vecinos de diferentes regiones de la provincia como estrategia de promoción de la gestión aunque no se trata en absoluto de un mecanismo de toma de decisiones con incidencia sobre el futuro provincial; las Asambleas del Plan Estratégico Provincial fueron una puesta en escena sostenida por la movilización de funcionarios estatales.

Algo similar ocurre con el “Gabinete Joven” que intenta disimular desde y a costo del
Estado lo que el PS no promueve: el ingreso de jóvenes a la toma de decisiones políticas relevantes. También las rendidoras políticas culturales del socialismo demostraron su faceta sectaria en el tratamiento de la Plaza Cívica, sede del gobierno provincial en Rosario, un espacio que durante la gestión justicialista fue transformado de oscuro sitio de detención clandestina en centro cultural activo, innovador y plural. El socialismo, con una clara intención de monopolizar en Rosario las iniciativas públicas en materia cultural, borró la Plaza Cívica de la agenda y la utiliza como parking de la flota de coches oficiales.

En materia educativa la administración no cumplió con las expectativas de convertir la educación en prioridad y no alcanzó ni siquiera la promesa de 180 días de clases que reiteró durante la campaña electoral. Una de las áreas en la que más claramente se comprueba el cambio de prioridades entre la gestión del PJ y la de Binner en la provincia de Santa Fe es en la de Comunicación Social, la cual incrementó treinta veces su presupuesto.

En síntesis, Binner no constituye un “modelo” de gestión y tiene una escasa predisposición para realizar alianzas políticas, especialmente con sectores peronistas, por lo cual su potencial segundo lugar en las elecciones del 23 de octubre difícilmente lo conviertan en el líder de la oposición nacional.

(De la edición impresa)

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2 Comentarios
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Adrián
9 años atrás

Muy K Lucio para mi gusto.

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7 años atrás

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