Las elecciones y la política exterior

Por Tomás Múgica

El lugar de la política exterior en la campaña será limitado y girará sobre su impacto sobre la situación económica interna.

 

Cerraron las listas y CFK será candidata a senadora nacional. Esa es la noticia más destacada del proceso electoral que comienza. No sólo para la opinión pública doméstica, también para gobiernos e inversores externos.

Como suele suceder en las elecciones de medio término, en las presidenciales adquiere algo más de relevancia, la política exterior tendrá un rol limitado en el debate previo a las elecciones. Estará presente fundamentalmente a través de su impacto sobre la situación económica doméstica. Con diversidad de matices, los candidatos de la oposición señalarán el impacto sobre el empleo de una mayor apertura comercial en el sector de bienes de consumo; mencionarán los potenciales efectos sobre la industria local de los acuerdos comerciales que el gobierno quiere firmar, especialmente el que se está negociando entre el Mercosur y la UE; señalarán los escasos resultados obtenidos en materia de inversión extranjera directa; y expresarán su preocupación por el creciente endeudamiento externo. También criticarán el polémico comunicado conjunto con el Reino Unido por la cuestión Malvinas, como prueba de una posición equívoca del gobierno en cuanto a la soberanía. CFK, quien será acompañada en la boleta por su ex canciller Taiana, denunciará el ingreso del país a la OCDE como un corsé externo impuesto a nuestro país, que deberá ajustar sus políticas públicas a los requerimientos de la organización.

Macri y sus candidatos, por su parte, reivindicarán el“ regreso al mundo” que se expresa en  el acercamiento político a las potencias occidentales, la adopción de posiciones críticas frente al eje bolivariano y la implementación de reformas para atraer inversiones externas- como parte de sus logros en la primera mitad de la gestión de Cambiemos. Mencionarán los encuentros del presidente, aquí y en el exterior,  con los líderes de las grandes potencias y destacarán el interés, hasta ahora más declamado que concreto, de los inversores externos en nuestro país.  Aunque las cuestiones internacionales no ocupen un lugar destacado en el debate electoral, el resultado de los comicios, especialmente en la provincia de Buenos Aires, será decisivo para la credibilidad de la política exterior del gobierno. Una política centrada en la agenda económica, con la búsqueda de inversiones y la apertura de mercados externos como objetivos dominantes de su acción internacional.

Hasta el momento, la relativa debilidad política del gobierno a nivel doméstico ha condicionado si no el rumbo, sí la efectividad de su política exterior, que no logra que las buenas intenciones se traduzcan en recursos invertidos en la economía argentina. Gobiernos e inversores valoran las intenciones del presidente y algunas de las reformas realizadas, pero dudan de su fortaleza política. La salida del cepo cambiario, el retorno a los mercados financieros internacionales y el intento de acelerar la concreción de postergados acuerdos comerciales figuran en la lista de decisiones valoradas. El persistente déficit fiscal y la alta tasa de inflación se apuntan en el debe.

Pero por sobre todo se señala la incertidumbre del escenario político. Al igual que sucede con gran parte de las clases medias urbanas a nivel local, la posibilidad de un retorno de Cristina Fernández de Kirchner al poder es el gran fantasma de gobiernos e inversores externos. Para confirmarlo basta leer algunos de los grandes medios vinculados a las finanzas internacionales.

Días atrás, el banco de inversión Morgan Stanley dio una señal clara en este sentido al negarle al país, contra las expectativas del gobierno nacional que ya festejaba por anticipado, la categoría de “mercado emergente” que incluye 24 países que representan el 10% de la capitalización mundial.  Entre ellos se  cuentan Brasil, Chile, Colombia, México y Perú, es decir cinco de las seis mayores economías de la región; Argentina es la única ausente. La decisión frenó decisiones de inversión en el mercado bursátil local. La razón de la exclusión es clara: se estima que la sustentabilidad política de las reformas de Macri, “la irreversibilidad de las reformas” en el lenguaje de Morgan,  no está asegurada. El corolario lógico es que sólo un resultado electoral favorable al presidente comenzaría a asegurar el rumbo.

Un triunfo en octubre –a nivel nacional pero principalmente en la provincia de Buenos Aires- brindará al gobierno un respaldo significativo para avanzar en su agenda externa. Cambiemos continuará siendo minoritario en ambas cámaras del Congreso y deberá seguir apostando a la negociación con la oposición más dialoguista –en el legislativo y con los gobernadores- para llevar adelante su programa. Seguirá enfrentando otros límites, más permanentes y menos visibles que el apoyo a CFK en el conurbano profundo, desde el poder de centrales empresarias y sindicatos a una opinión pública favorable a un Estado fuerte en materia económica.

Pero lo cierto es que contará con más bancas y sobre todo, con el capital simbólico derivado de derrotar a CFK, a la que el macrismo presenta como la encarnación del pasado populista que hay que dejar atrás. Así, si Macri gana, intentará acelerar la concreción del acuerdo entre el Mercosur y la UE, profundizar el acercamiento con la Alianza del Pacífico y multiplicar los tratados comerciales en los cuales participa Argentina. A nivel interno, emprenderá reformas, como la tributaria, mediante las cuales buscará dar nuevas señales a los inversores externos y los gobiernos que respaldan su llegada.

Si pierde, y especialmente si CFK resulta la ganadora en la provincia de Buenos Aires, no habrá cambios sustantivos en materia de política exterior, pero el gobierno estará en dificultades para profundizar el rumbo. Su credibilidad externa se verá minada y deberá rebajar sus expectativas respecto al impacto de la IED en la reactivación de la economía local. El discurso de la administración de Macri continuará siendo atractivo para el capital externo, los gobiernos de los países desarrollados y los demás gobiernos de centro-derecha de la región. Pero su capacidad para garantizar el camino adoptado será fuertemente cuestionada.

La política exterior, como el resto de las políticas públicas, demanda legitimidad social. Se construye“ desde adentro hacia afuera”, a partir de necesidades y consensos internos. Si no queda reducida a un conjunto de visiones e intenciones de quienes gobiernan, sin llegar a concretarse en resultados tangibles, tal como el gobierno de Mauricio Macri ha venido comprobando hasta el momento

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