El futuro de las primarias

El sistema electoral que debutó el 14 de agosto recibió apoyos y críticas, pero es inevitable que se inicie un debate sobre la necesidad de hacerle modificaciones.

Sobre las primarias que se efectuaron el 14 de agosto se hicieron distintos balances en las diferentes fuerzas políticas. Más allá de la elevada participación popular que lograron (y que fue uno de los ejes que el Gobierno más destacó), en todas los partidos quedaron abiertos puntos de debate sobre su implementación.

El primer dilema es si quienes las cuestionaban o dudaban que fuesen a ponerse en
práctica las van a incorporar como un mecanismo que llegó para quedarse, al menos por un tiempo. Es decir si van a comenzar a diseñar sus futuras estrategias electorales basándose en la existencia de las Paso, ya que desde el propio oficialismo consideraron en su génesis que no podrían ser usadas más que en tres o cuatro elecciones dado que suponen un alto nivel de injerencia estatal en la vida de los partidos.

Si las primarias llegaron o no para quedarse, es una pregunta que incidirá mucho en el escenario político para los próximos comicios. Las primeras voces de aprobación del oficialismo sugieren que se mantendrán los lineamientos generales por lo menos en el
ciclo que lleva a 2015. Pero el debate será inevitable. Los que tienen una valoración positiva las quieren extender mientras que los críticos procuran hacerle cambios.

Entre los primeros está la Presidenta, que quiere que todas las provincias elijan a sus candidatos con ese mecanismo. Pero hay quienes cuestionan, entre otras cosas, la imposibilidad de recomponer fórmulas, o que el plazo de nueve semanas entre las primarias y las generales es muy escaso y no hay tiempo para restañar las heridas que suelen dejar los procesos internos. Pero la propuesta de la Presidenta no es fácil de instrumentar en la medida en que en la Argentina conviven los más diversos sistemas electorales.

Más allá de que continúen o no, aún es prematuro evaluar si las Paso –y los cambios que ellas introdujeron en la vida política– lograrán organizar a los partidos y enraizarse en una cultura política que, como se demostró en la selección de precandidatos, no las adoptó de inmediato como método para dirimir las candidaturas más importantes.

Uno de los modelos en los que se inspiró la ley de reforma política – la legislación uruguaya de internas– es distinta en estos dos aspectos: por un lado, las primarias ponen a discusión candidatos y no fórmulas, por lo que hay posibilidades de hacer acuerdos entre las distintas facciones internas para conformar la fórmula presidencial; y por otro, hay casi cuatro meses entre una etapa y la otra, lo que permite cicatrizar heridas y blindar de unidad partidaria el tramo final.

Porque para la oposición, más allá de estos reclamos puntuales, el resultado parece haber sido más que negativo. Es que se había esperanzado en poder transformar a las primarias en una suerte de primera vuelta, luego de la cual reorientaría sus estrategias para fortalecer al candidato que pudiera polarizar mejor con el Gobierno. Si bien por ahora sólo en algún sector de la UCR ha asomado la autocrítica por no haber elegido candidato presidencial en agosto, fortaleciendo el aparato partidario y sumando votantes en la primaria, la mayoría de las críticas del resto de la oposición pasa por la supuesta posición dominante que el oficialismo tiene en el esquema de primarias.

Pero ese argumento toma validez sólo en una de cada dos elecciones presidenciales: cuando el Presidente tiene reelección. En ese caso es muy poco probable que sea desafiado por un candidato de su partido y por lo tanto la confrontación se da exclusivamente en el campo opositor que sufriría, así, un mayor desgaste. Nuevamente, como el modelo de la reforma política en general y las Paso en particular
se tomó de Uruguay y Santa Fe, en donde no hay reelección para Presidente y Gobernador respectivamente, hay algunos puntos que dejaron flancos abiertos para la oposición.

Otro de los puntos del marco de la ley, el requisito de alcanzar el 1,5% de los votos para poder así competir en las generales, también fue logrando mayor consenso tras una serie de reclamos en contra.

(De la edición impresa)

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