¡Es la economía (y su relación con la política), estúpido!

“7 ministros” explica y analiza las historias más importantes de la política económica de las últimas décadas.

En el mismo país en el que hace 10 años las cacerolas pedían “que se vayan todos” y el ministro de Economía había pasado de ser el salvador de la patria a enemigo público número uno en apenas semanas, el 23 de octubre Amado Boudou y Javier González Fraga, dos economistas, competirán por la vicepresidencia. En la ciudad de Buenos Aires, un contador, Roberto Feletti, y un economista, Martín Redrado, encabezarán sendas listas de diputados.

Esta megaoferta pone de manifiesto algo que no es novedad en el país: la cercanísima relación entre economía y política que ha venido configurando las grandes decisiones en la Argentina reciente, e incluso hace años también. En este contexto apareció “7 ministros. La economía argentina: historias debajo de la alfombra” (Planeta), el auspicioso primer libro del periodista económico Ezequiel Burgo en el que se detiene a contar y explicar cómo nacieron, se desarrollaron y murieron las grandes decisiones
económicas que tomaron los ministros de Economía de los últimos años y sus relaciones con los poderes políticos y gobiernos de cada época.

Las ambiciones, dramas y miserias de los hombres, cuadros técnicos o soldados políticos que condujeron las operaciones de política económica más importantes de los últimos treinta y cinco años. Se suceden así las historias secretas de los planes de Martínez de Hoz, Sourrouille, Cavallo, Machinea, Remes Lenicov, Lavagna y Lousteau.

“¿Quién diseñó la ‘tablita’ de Martínez de Hoz? ¿Por qué el gobierno de Reagan apoyó y gestionó la elaboración del Plan Austral? ¿Por qué Menem no impuso la convertibilidad en 1989 si Cavallo tenía listo el proyecto en febrero de ese año? ¿Cuál fue el rol de Estados Unidos en el blindaje? ¿Por qué Cristina Kirchner no votó a favor de derogar el 1 a 1 y de reformar la Carta Orgánica del Banco Central? ¿Cómo fue la negociación de la deuda 2003-2005 y qué roles ocuparon Lavagna y Néstor Kirchner? ¿Fue Kirchner el ministro de Economía luego de la salida de Lavagna? ¿Quién pensó la
resolución 125?”, son algunas de las incógnitas que pasan por el libro de Burgo.

Más allá de la gran cantidad de anécdotas que el autor va mechando, producto de sus casi 100 entrevistas (desde Martínez de Hoz a Martín Lousteau pasando por el resto de los protagonistas), el libro sobresale por desmenuzar y traducir siete de las decisiones económicas más importantes de la vida política argentina durante los últimos años, sin necesidad de apelar a gráficos o fórmulas inentendibles para el lector común. Porque si Bill Clinton popularizó el “Es la economía, estúpido”, el libro de Burgo pide permiso –y se le concede– para agregarle “…y la relación política que está detrás”.

Su idea, explicita, es “mostrar cómo un ministro elabora en un momento determinado una medida con su equipo económico y con un Presidente. Pero también de entender de dónde venían estas personas, quiénes eran, dónde se habían formado y las trayectorias de estos ‘expertos’”. Y vaya si lo logra. Porque mezclando teoría (el autor es economista ) con un ameno repaso por la historia política y económica, a lo largo de la obra se ve que en las últimas décadas hubo ministros para todos los gustos.

Y enumera: “Desde un representante de una familia tradicional de la oligarquía terrateniente como Martínez de Hoz, que permaneció incólume más de mil días en su cargo, hasta el ejecutivo de la cerealera multinacional Bunge & Born, como Miguel Angel Roig, que murió de un infarto a los seis días de asumir. Del famoso Domingo Cavallo a otro que jamás tuvo ni fama ni éxito, como Carlos Fernández. O una persona como Juan Sourrouille, que se retiró del debate público tras una experiencia intensa, y otra como Martín Lousteau, que pretende regresar a la política tras el escándalo de la
125. Y un economista como Roberto Lavagna, que subió al tren como un pasajero más y se bajó convertido en héroe”.

Pero el libro es también un análisis de la recepción y el feedback (o no) de los ministros y la sociedad y de su ascenso y caída a nivel político. Fueron 35 en 25 años, en los que Burgo cree, y demuestra con hechos, que muchas veces la clave para su buen funcionamiento (cuando lo hubo) fue combinar la pertenencia a un proyecto político o por lo menos identificación con los gobernantes con un plantel de equipos
técnicos adecuados.

Porque como anuncia en el prólogo, “la economía y la política siempre fueron de la mano”. Pero más allá de las anécdotas, el libro invita a reflexionar sobre el rol de los ministros de Economía y algunas “leyes” sobre su permanencia y tareas que explican por qué parece como si cada vez tuvieran menor peso específico. ¿Es su poder inversamente proporcional al ciclo económico? ¿Y al interés y conocimiento del Presidente por la economía? ¿Y qué hay de sus pesos relativos dentro del Gabinete?

Las respuestas a las tres preguntas parecen indicar que, como cita el libro que dicen la
mayoría de los entrevistados, “el perfil de los técnicos no volverá a ser el de la era de los zares de la Economía. Al menos por un tiempo”. Pero al mismo tiempo se muestra cómo la política económica parece ser una de las pocas políticas de consenso entre las distintas fuerzas políticas. Así, en un contexto de politización de las decisiones económicas que parece ir creciendo, libros como el de Burgo son imprescindibles
para terminar de comprender los “detrás de la cocina” que muchas veces las crónicas
diarias dejan a un lado, pero que muestran cómo detrás de cada decisión económica
puede haber de todo.

(De la edición impresa)

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7 años atrás

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