Ajedrez peronista

(Columna de Joaquín Múgica)

Los distintos sectores del peronismo agrupan sus fuerzas y definen sus estrategias para las elecciones de 2017.

En el ajedrez hay que ser prudente, tener estrategia, saber esperar el momento”. Daniel Scioli, el último referente del peronismo que tuvo posibilidades concretas de acceder al mayor cargo de poder en Argentina, definió en pocas palabras que enseñanzas puede dejar el juego de mesa que más ama. Tanto él, como los que tienen uno de los dos pies puestos en territorio peronista, saben que para moverse en el laberinto partidario hay cultivar un espíritu paciente y un olfato perceptivo. Intuir hacia dónde va el viento y poder acomodar el cuerpo para que las ráfagas no los dejen al costado de la ruta. Hay que saber jugar.

El movimiento político que fundó Juan Domingo Perón atraviesa un momento de reestructuración. Diferentes corrientes luchan, con énfasis y constancia, por encabezar una renovación que, a esta altura, es más un nombre con buen impacto mediático que una verdadera transformación. La gran mayoría de los dirigentes que buscan lucir la chapa de renovadores fueron funcionarios o aliados del gobierno que condujo los destinos del país en los últimos doce años. Pese al curriculum vitae que tienen tatuado, los nombres de la nueva era ya no quieren escuchar el apellido Kirchner. Para ellos la letra K quedó sepultada en el pasado.

Los pocos fieles kirchneristas que quedan representan uno de los frentes internos del PJ. Son los que proclaman la vuelta de Cristina Kirchner con bombos y platillos, pero con heridas sangrantes que manchan el camino del regreso. La boleta que se imaginan en ese sector del peronismo tiene los nombres de la ex mandataria y Scioli muy pegados. Uno compitiendo por una banca en la Cámara de Diputados y otro en la de Senadores.

Cristina aún no dio señales claras de si va a jugar o no en los próximos comicios. Una foto con Scioli en el Instituto Patria es el único indicador de una alianza que parece tejerse desde las sombras pero a la que le falta consistencia. La exmandataria y el exgobernador bonaerense, junto a Aníbal Fernández, son las caras de la peor derrota del peronismo en las últimas décadas. Pese al golpe de nocaut que recibieron en 2015, en el kirchnerismo creen que aún miden bien en los sectores más populares y que tienen posibilidad de recuperar el caudal de adhesiones que se perdieron en el camino.

Los intendentes, gobernadores y dirigentes que conforman el denominado Grupo Esmeralda, el sector que proclama la renovación interna, dispersan la atención en el tablero de ajedrez. Quieren dejar a Cristina y el kirchnerismo fuera de juego. Reducirlos a una minoría, congelar sus movimientos y marginarlos en la carrera hacia las bancas que se pondrán en juego el próximo año.

Pero también están enfocados en encontrar el nombre que tenga capacidad de cambiar la ecuación en las urnas. Sergio Massa es la principal opción pese a que su estructura partidaria esté afuera del PJ y muchos dirigentes lo miran con desconfianza. El peronismo necesita ganar. Está acostumbrado a hacerlo y en poco tiempo sus dirigentes terminarán detrás del mejor postor. Puede ser el tigrense, si es que no decide sellar una alianza definitiva con Margarita Stolbizer, o Juan Manuel Urtubey, si su afán por ser un opositor racional no le resta atracción electoral y respaldo interno.

A los dos nombres con mejor imagen y capacidad de liderazgo, se le suma Florencio Randazzo. El exministro del Interior se mantiene en las sombras. Luego de que Cristina le quitará la posibilidad de ir a una interna con Daniel Scioli en las elecciones presidenciales, decidió bajarse del escenario político y caminar por detrás de las luces. En esa oscuridad, cada vez menos intensa, Randazzo evalúa su vuelta. Algunos de los intendentes de la provincia lo ven como un referente que podría encabezar la boleta o, eventualmente, ir como candidato a diputado, en una dupla en la que Massa iría como senador. Fórmulas con futuro ganador que, por ahora, son idílicas.

En otro sector del peronismo deambulan los ortodoxos. Liderados por José Luis Gioja, apuntan a que la renovación sea adentro del PJ. Es decir, no tienen al líder del Frente Renovador en sus planes. Creen que la clave para ganarle al oficialismo en el 2017 es la unidad del partido. Pero hoy en día es imposible pensar en un bloque de dirigentes aglutinados y con espíritu frentista. Para algunos que integran este espacio Scioli sigue siendo la mejor opción. El exgobernador no se queda quieto y recorre la provincia pero, fiel a su estilo, no define la dirección concreta hacia dónde quiere ir. Es cuestionado dentro del PJ y su poca audacia para romper esquemas lo aleja de sectores que pretenden quebrar todos los vínculos con el kirchnerismo. “Me votó la mitad del país hace menos de un año”, suele decir. Ese porcentaje del pasado es su mejor arma.

Este escenario en el que el peronismo está completamente fragmentado sigue beneficiando al gobierno de Mauricio Macri. El Presidente necesita al histórico partido lo más dividido posible. Sin un candidato de peso a la vista, el oficialismo precisa que las fuerzas políticas opositoras estén diseminadas. Una interna furiosa en el PJ, como ya sucedió en el 2015, puede dejarle buenos resultados en la antesala de la contienda electoral. Una pelea clave para pensar en una reelección en el 2019. El ala política del macrismo tiene mucho trabajo por delante. El Gobierno va a necesitar a los funcionarios con mayor pragmatismo para transitar el camino a las elecciones. Macri los tiene en su equipo pero los debe dejar actuar.

Es paradójico, pero la división del PJ no solo beneficia al oficialismo, también le deja réditos al kirchnerismo. La segmentación de fuerzas en la interna contribuye al regreso de Cristina, quién podría ser una amenaza para el Grupo Esmeralda y el PJ ortodoxo en una posible PASO. En el peronismo saben jugar partidas largas de ajedrez. Por eso no se apuran y miden cada jugada. Quieren volver a ganar pero no tienen en claro cómo lo pueden hacer. Quieren hacerle jaque mate al Gobierno pero aún deben ordenar las piezas y pensar la estrategia.

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