Las urgencias y la política

(Columna de Mauricio Maronna)

El tema de la inseguridad atraviesa la provincia y motivó que Macri y Lifschitz llegaran a un acuerdo.

Como un rayo transversal, la inseguridad atraviesa a Santa Fe, pone en jaque a los gobiernos locales y la Justicia y comienza a interpelar a la Casa Rosada por la ausencia de agentes federales. Como en la canción de Andrés Calamaro: nadie sale vivo de aquí.

Las impactantes movilizaciones de miles de rosarinos en demanda de seguridad y justicia sacaron de la escena los movimientos de la política, amortiguaron las repercusiones del lanzamiento de Cambiemos en la provincia y dejaron a los dirigentes en “mute” respecto de cualquier otro tema que no sea el de la agenda cotidiana.

La escalada de asesinatos, violencia y robos en el Departamento Rosario (23 muertos en 30 días), ocurridos en los días previos a la movilización del 25 de agosto, generó un malestar social palpable en todos los sectores, y que se convirtió en una pulimentada demostración de lo que reflejan los sondeos. El 70,3 por ciento de los rosarinos, consultado por los dos principales problemas de la provincia de Santa Fe, mencionó la inseguridad en primer lugar. Cuando se auscultó por los dos principales problemas de la ciudad, la inseguridad tuvo valores similares. Casi el 90% evaluó “mala o muy mala” la lucha contra la inseguridad.

El sondeo que realizó la empresa Nueva Comunicación dejó relegadas las preocupaciones socioeconómicas y mostró un dato llamativo, casi un oxímoron local: la institución mejor valorada por los habitantes de la única ciudad gobernada por una alianza progresista es la Gendarmería.

Ese dato tiene una explicación: durante la última etapa del gobierno kirchnerista, el entonces secretario de Seguridad, Sergio Berni, desembarcó en Rosario con casi 3.000 gendarmes que generaron un clima social de normalidad. A la inversa del respeto de los rosarinos por los gendarmes, las instituciones menos valoradas son la policía local y la Justicia provincial. Los jueces fueron repudiados en las dos marchas, acusados de liviandad a la hora de disponer salidas transitorias y acortamiento de penas. También de “poca acción” en la lucha contra el narcotráfico.

Esta nueva realidad impacta directamente en los históricos postulados del progresismo. Pero el gobierno provincial decidió ir a fondo con la propuesta de endurecimiento de las penas y salidas carcelarias, la puesta en marcha del Código Contravencional _declarado inconstitucional de manera insólita hace algunos años_ y la creación de nuevas fiscalías.

A la par de la crisis por la inseguridad, el gobierno de Miguel Lifschitz mantiene una mala relación con la Casa Rosada, que quedó evidenciada con la descalificación del propio Mauricio Macri hacia el gobernador, cuando dijo que era el que “menos vocación” tenía para trabajar en equipo. Pero toda crisis también supone la posibilidad de mejorar. Tras una extensa saga de acusaciones cruzadas y polémicas, que tuvo a la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, como la vocera más intemperante, debió intervenir el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, casi una especie de “cardenal Samoré conjetural”.

Al tiempo que el gobierno provincial decidía aumentar los patrullajes, y la Municipalidad de Rosario activar controles de autos y motos, la gestión política de Frigerio logró que Macri y Lifschitz se vean cara a cara primera vez. Se intercambiaron algunas facturas, pero lograron un acuerdo que debería traducirse en lo inmediato en llegada de agentes federales y puesta en marcha de un comando conjunto. Un laberinto con salida por arriba, como recomendaba Marechal.

Bajo esta realidad urgente, al fin la única realidad, la política quedó en el “freezer”. No hay forma adecuada de lograr que los santafesinos internalicen como prioritaria, por ejemplo, la reforma de la Constitución provincial, proceso que el gobierno sacó a la cancha reuniendo a politólogos, políticos y referentes universitarios.

El único episodio que se corrió de la escena fue la conformación de Cambiemos en la provincia. La creación del colectivo macrista impacta de lleno en la UCR santafesina, que cobra por dos ventanillas: es socia nacional del PRO y comparte el gobierno del Frente Progresista con el socialismo. A la hora de mantener ese status quo, a los radicales no les falta originalidad: quieren ir como Cambiemos a las elecciones de diputado nacional, mantener la coalición provincial en los comicios comunales y mantenerse como UCR a concejal en Rosario. Los correligionarios se quieren dar todos los gustos.

Los radicales macristas tienen como principal referencia al intendente de Santa Fe, José Corral, y al diputado nacional Mario Barletta, a quienes el vicegobernador Carlos Fascendini amenazó con echarlos de sus cargos. Debió interceder Lifschitz, quien desautorizó a Fascendini. La Casa Gris no está en condiciones de perder ni un solo aliado, atento al escenario de tres tercios que dejaron las elecciones de 2015, en las que el Frente Progresista se impuso sobre Miguel Del Sel por apenas 1.400 votos.

Corral, presidente de la UCR nacional, es el dirigente en quien convergen todas las miradas macristas.

Para convertirse en candidato a diputado nacional debería renunciar a la Municipalidad de Santa Fe. Las candidaturas testimoniales ya no gozan de buena prensa. En caso de una nueva convocatoria electoral en la capital de la provincia, nada garantiza que el radicalismo gane. El peronismo domina el Concejo Municipal y el socialismo tiene en Emilio Jatón, un periodista extrapartidario, a un buen candidato para derrotar a Cambiemos.

Cuando pase el temblor por los efectos de la inseguridad, socialistas, radicales, macristas y peronistas deberán reordenar un tablero confuso, repleto de contradicciones y sin luz visible a la salida del túnel.

Curiosamente, el que menos ruidos genera es el PJ, quien busca un candidato capaz de unificar posiciones electorales. Sí lograron los peronistas conformar una lista de unidad para conducir al partido. Como cada vez que se avecina un proceso electoral comienza a sonar el nombre de María Eugenia Bielsa, quien renunció a su banca de diputada provincial tras haber resultado, en 2011, la más votada. Se parece al mito del eterno retorno.

Pero los únicos que están pensando proyectivamente en el 2017 son los políticos. Para la sociedad es una música que suena abstracta, lejana e inútil. Los santafesinos están pensando en el aquí y ahora. Y esa urgencia se llama seguridad.

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