Septiembres de grietas

(Columna de Fabián Bosoer y Santiago Senén González)

Los golpes del ’30, el ’43 y el ’55 marcaron a sangre y fuego el ciclo autoritario en la Argentina del Siglo XX.

Entre el 6 de septiembre de 1930 y el 16 de septiembre de 1955 se traza una línea de tiempo que marcó a sangre y fuego el ciclo autoritario en la Argentina del Siglo XX. Entre ambas fechas, la del 4 de junio del ’43 introduce otra “cola del diablo” que dividió a las fuerzas políticas en campos antagónicos. Si el derrocamiento de Hipólito Yrigoyen mostraba el enfrentamiento irreconciliable entre radicales y conservadores, la revolución militar del ’43 introducía una nueva enemistad política irreductible entre nacionalistas y liberales. En la caída de Perón en el ’55, confluían las líneas divisorias preexistentes en una nueva partición tajante: peronistas y antiperonistas…

ANTAGONISMO IRREDUCTIBLE

Más de docientos mil personas se movilizaron el 11 de junio de 1955 en la celebración del Corpus Christi, que tuvo tintes más políticos que religiosos. Cinco días más tarde, aviones de la Marina bombardeaban la Plaza de Mayo y la Casa Rosada con la intención de asesinar a Perón, bajo el slogan “Cristo Vence”. Fue el ejercicio de violencia política más sangriento vivido hasta entonces, con un número nunca determinado de muertos, pero que casi todos los historiadores contabilizan en más de 300. La respuesta fue la quema de iglesias e incendio de varios edificios históricos. La Curia y el palacio arzobispal fueron asaltados. Luego de un pedido de pacificación del Gobierno, Perón le habló a una multitud en la Plaza de Mayo, el 31 de agosto, y advirtió que “a la violencia le hemos de contestar con una violencia mayor”. “Por cada uno de los nuestros caerán cinco de ellos”, arengó. Marcaba el final de una época. La división entre peronismo y antiperonismo llegó a su máxima expresión cuando el 16 de septiembre del ’55 se produce el derrocamiento de Perón. Quienes encabezaron el golpe de Estado lo denominaron “Revolución Libertadora”: tenían la convicción de que estaban liberando al país de una tiranía.

COMANDOS CIVILES

El general Eduardo Lonardi inició el levantamiento al sublevar la Escuela de Artillería de Córdoba. Ese mismo día a la 1:15, comandos civiles dejaban fuera de servicio varias radios de la ciudad de Buenos Aires para colaborar con la desestabilización y dificultar la difusión de noticias fehacientes, siguiendo la planificación del ingeniero Carlos Burundarena. Esta acción fue denominada como “La operación Santa Rosa”.

Los Comandos Civiles eran grupos de civiles armados de tendencias políticas divergentes (conservadores, radicales y socialistas), todos ellos opuestos al gobierno de Perón, que operaron entre 1951 y 1955. Tras los sesenta días de presidencia de Lonardi, que había proclamado que no habría “ni vencedores ni vencidos”, retornaron los comandos civiles a su accionar y comenzaron a ocupar los locales de algunos sindicatos, con el propósito de reponer a dirigentes desplazados durante el peronismo.

PROHIBICIONES

Con la llegada del general Aramburu y el almirante Rojas a la Casa de Gobierno, en noviembre del ’55, la llamada Revolución Libertadora se endurece e inicia una política de “desperonización” y proscripción, llegando a prohibir nombrar al ex presidente y a su fallecida esposa, Eva Duarte. Además, se ordenó remover cualquier retrato, imagen, busto o estatua ubicado en lugares públicos. Las plazas, calles, parques, ciudades y hasta provincias (territorios nacionales en aquella época), fueron renombrados para evitar mencionarlos con las denominaciones que se les habían puesto durante la década peronista. La “marchita” se convirtió en un himno a la resistencia y el “Viva Perón, carajo” se transformó en una contraseña de identidad. Se estaba de un lado o del otro.

“DESPERONIZACION”

El sector más marcadamente “antiperonista” estaba en el poder, y sus medidas de gobierno así lo manifestaron: disolución del Partido Peronista. 2) Intervención de la CGT y las sedes gremiales 3) Suspensión de las convenciones colectivas de trabajo. 4) Inhabilitación de todos los dirigentes políticos y gremiales que habían participado de la gestión de Perón. Dirigentes, delegados y militantes fueron encarcelados. 6) Prohibición de cualquier propaganda favorable al peronismo, así como la mención del nombre de quien, desde entonces, empezó a ser designado como el “tirano prófugo” o el “dictador depuesto”. 7) Derogación de la Constitución de 1949.

El 7 de octubre del’55, por medio del decreto-ley 479, se creó la Comisión Nacional de Investigaciones, con el objetivo de investigar la “corrupción” durante el gobierno peronista. Se trataba de tribunales especiales de dudosa legalidad, integrados por miembros del poder judicial y militares designados, cuyas conclusiones fueron publicadas en el llamado Libro Negro de la Segunda Tiranía.

ORIGEN DEL TERMINO “GORILA”

En 1955, comenzó a utilizarse la palabra “gorila” para referirse a una persona antiperonista. La expresión fue tomada de un cuadro humorístico creado por Aldo Cammarota  y puesto en escena por Délfor Amaranto en el popular programa radial La Revista Dislocada. Era una parodia de Mogambo, una película con Clark Gable y Ava Gardner, que sucedía en Africa. En el sketch había un científico que ante cada ruido selvático, decía atemorizado: “Deben ser los gorilas, deben ser”. La frase fue adoptada por la gente. Ante cada cosa que se escuchaba y sucedía, la moda era repetir “Deben ser los gorilas, deben ser”. Al ingenio popular le quedó picando la pelota: “Deben ser los gorilas, deben ser”. Los golpistas se calzaron gustosos aquel mote.

Poco antes del golpe del 55, espontáneamente, los antiperonistas comenzaron a llamarse a sí mismos “gorilas”. También lo hicieron los militares golpistas antiperonistas de la Armada. En las elecciones de 1963 un Partido de la Revolución Libertadora llevaba como lema electoral: “Llene el Congreso de gorilas”. Obviamente, se trataba de un acto testimonial. Mientras tanto, en la clandestinidad, las dispersas fuerzas del peronismo se organizaban en la Resistencia, en contacto con Perón en el exilio.

Esta entrada fue publicada en Edición 148. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

4 × 5 =