¿Aguanta Massa?

(Columna de Nicolás Tereschuk y Mariano Fraschini)

Transitar la amplia avenida del medio es una estrategia difícil de sostener de cara a un proceso electoral.

La estrategia opositora diseñada por el líder del Frente Renovador Sergio Massa, puede mantenerse incólume por todo el periodo de gobierno de Cambiemos? ¿”La amplia avenida del medio” como punto equidistante de los polos macrista y kirchnerista es una estrategia política opositora viable? ¿Existe en las democracias de baja institucionalización como las sudamericanas una “oposición responsable” como suele gustarle caracterizar su posición política al FR? Cuando en Sudamérica en las últimas dos décadas casi un 40% de las oposiciones han llegado a una estrategia, si se quiere extrema de motorizar o apoyar la destitución de presidentes legítimamente elegidos ¿Es factible sostener esta tipo de oposición durante mucho tiempo?

Vamos por partes: Desde el inicio de la gestión de la alianza Cambiemos, Sergio Massa viene sosteniendo una posición equidistante entre el pasado kirchnerista y el actual gobierno. Caracterizó a la administración anterior como un gobierno autoritario, no republicano y reñido con la legalidad, mientras al actual por ser muy poco sensible a la ciudadanía (“Entraron al quirófano con una motosierra” a raíz del “tarifazo”), por no apostar al mercado interno y por “no escuchar”. Sin embargo, el concepto que mejor define la posición del líder del Frente Renovador es la de ejercer “una oposición responsable”. Ambos términos le permiten a Massa mostrarse como un dirigente que se opone al gobierno actual, pero que lo hace de una manera “constructiva”, aportando “soluciones” para el país. Una vez más, y como si estuviera en campaña electoral, el líder del FR vuelve a ubicarse en el espacio que más cómodo se siente: el del medio. Así ha sido durante la última parte del gobierno anterior, del que Massa formó parte y abandonó en junio  de 2013, y desde los nueve meses que viene gestionando Macri.

“La amplia avenida del medio”, como suele graficar el ex intendente de Tigre su posicionamiento político, le ha servido para mostrarse omnipresente a lo largo de estos meses, a pesar de contar con una bancada poco numerosa, pero decisiva a la hora de darle “gobernabilidad” al gobierno. Esta estrategia ha resultado “exitosa” en términos de la valoración obtenida en la opinión pública, pero esta posición de “opositor responsable” podría tener fecha de vencimiento a medida que el gobierno de Cambiemos no logre encontrar la llave del crecimiento económico. ¿O mantendrá esta posición si es que la alianza Cambiemos pierda el crédito en términos de aprobación de sectores de la opinión pública que aún conserva?

En una nota reciente discutíamos con cierto “sentido común” que indica que el Partido Justicialista (PJ) encarna siempre una oposición irresponsable y agresiva. La imagen que nos brinda un análisis más detallado indica lo contrario: el justicialismo ha sido desde el retorno a la democracia la verdadera “oposición responsable”, entendiendo como tal a la bancada que garantizó en el Congreso gobernabilidad a los dos gobiernos radicales. ¿En qué condiciones ocurría esto? Siempre y cuando que el propio peronismo careciera de un liderazgo indiscutido y que no se “tocaran” leyes que afectaran las posibilidades de acceso a ciertos recursos de poder tanto al partido como a la dirigencia sindical.  Sin embargo, cuando estos gobiernos entraban en una fase descendente en la valoración ciudadana y en las performance de sus políticas públicas, el peronismo viraba hacia una oposición “menos responsable” en búsqueda de recuperar el poder político. Es decir, las oposiciones locales en general, suelen elegir estrategias “cooperativas” cuando el gobierno de turno aún mantiene recursos de poder que le permiten garantizar gobernabilidad. Cuando estos se pierden -y concomitantemente la oposición va ganando en claridad, por ejemplo con un liderazgo más definido- la confrontación es el sendero por el cual transitan todas las oposiciones argentinas.

Por ello, arriesgamos, el posicionamiento de Massa parece ser más producto de una etapa en la que se encuentra el gobierno de Cambiemos que una táctica posible de ser llevada hasta las últimas consecuencias.  Las oposiciones sudamericanas, y la argentina en particular, se mueven al calor de la fortaleza y debilidad del presidente de turno, y se muestran más contestatarias cuando huelen las “heridas” del mandatario. No es ilógico, entonces, predecir el comportamiento futuro de Massa. Ubicarse como la “oposición responsable” en este contexto, le permite al dirigente del FR diferenciarse de la “oposición dura” ejercida por el kirchnerismo, y acariciar políticamente al votante de Cambiemos. A medida que se acerque el electoral año 2017, y si al Gobierno nacional le cuesta mostrar resultados concretos de sus políticas, esta posición podrá variar. La “ancha avenida del medio” tiene el gran riesgo de que a la hora de contar los porotos, los votantes de Cambiemos decidan apoyar la propuesta original, y los simpatizantes kirchneristas decidan hacerlo por una oposición dura. Desde allí que Massa deberá resolver los riesgos de mantener esta apuesta por una oposición moderada, o jugar más decididamente a una oposición más fuerte que seduzca al votante antimacrista (ergo filo-kirchnerista) y menos a quien se siente más cerca del gobierno. Este último siempre estará más tentado a acompañar las políticas de la administración nacional en pos de fortalecer la coalición Cambiemos, que votar a quien no se define en totalidad en su apoyo al gobierno. La alianza PRO-UCR, asimismo, pondrá en el 2017 todas sus fichas en el objetivo de generar una mayoría parlamentaria de la que carece hasta el momento. Los votantes de este núcleo ideológico, entonces, tendrán suficientes razones para acompañar esta opción, en detrimento de quienes expresan una “oposición responsable”. ¿Qué estrategia tendrá entonces Massa con respecto al voto más opositor, el que quiere una alternativa real y más nítida del elenco gobernante? Es decir, el votante que antagoniza con el gobierno,  que desdeña las “medias tintas” y que evalúa favorablemente al gobierno anterior.  Allí el ex intendente de Tigre, deberá elegir si realiza algunos guiños hacia el electorado (y/o hacia los dirigentes de ese espacio) para ganarse una porción de los mismos o si mantiene su ubicación de tercero entre los dos extremos. Ambas jugadas tienen sus riesgos. Hasta hoy el dirigente del FR se mantiene en la lógica aristotélica del justo medio, que le permite un discurso flexible, sin grandes costos a la vista.

¿Estará dispuesto Massa a un discurso con una partitura que incluya al kirchnerismo? ¿Evaluará el líder del FR la posibilidad de jugar en el 2017 con una parte de los partidarios del gobierno anterior? ¿La ancha avenida del medio seguirá siendo la estrategia mientras alcance para conquistar una bancada poco numerosa pero decisiva en el “poroteo” parlamentario? ¿Se correrá Massa por izquierda o por derecha achicando esa amplia avenida del medio? ¿Ese medio garantiza ganar elecciones de medio término o presidenciales?

 

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