Provincias ricas, ¿gobernadores fuertes?

(Columna de Facundo Matos Peychaux)

Con los acuerdos recientes con la Nación y una eventual reactivación económica el año que viene, los jefes provinciales podrían ganar autonomía, tanto económica como política.

Para fin de año, las provincias habrán recibido $ 37.000 M adicionales en giros de coparticipación y préstamos por parte de la Nación gracias al acuerdo al que llegaron con el Ministerio del Interior para el reintegro del 15% de los recursos coparticipables que cedían para el financiamiento de la Anses desde un pacto fiscal de 1992.

De este modo, según el consenso de los economistas, el acuerdo entre los gobernadores y el Ministerio del Interior que conduce Rogelio Frigerio permitirá compensar –o al menos matizar– la caída en la coparticipación como consecuencia de la caída de la recaudación nacional por el desplome de la actividad económica y la modificación de algunos tributos como el impuesto a las Ganancias o el IVA a jubilados, pensionados y beneficiarios de asignaciones. Así, si las provincias no saldrán ganando este año en el reparto de recursos nacionales, al menos no perderán, o lo harán en una magnitud poco significativa, un dato clave para gobernadores con cuentas públicas ajustadas y elecciones a poco menos de un año.

Todavía más, si continúa la tendencia que registraron hasta ahora los envíos nacionales -con las transferencias discrecionales en caída y las automáticas en crecimiento (nominal)-, entonces los jefes provinciales recibirán recursos de manera más automática, previsible y no atada a la voluntad política del Poder Ejecutivo. Con fondos frescos obtenidos con deuda en mercados internacionales -colocaron US$ 5.850 M desde marzo y todavía sumarían otros US$ 2.000 M- y si finalmente se produce la reactivación económica esperada para 2017, los recursos de las provincias seguirán en tendencia alcista.

Como resultado, los gobernadores llegarán a las elecciones de 2017 -y más aún a las de 2019- con más recursos que los que tenían en los años electorales recientes y sobre todo, con una mayor autonomía que la que tenían en tiempos pasados. ¿Qué impacto puede tener esto en términos políticos? ¿Es esperable un fortalecimiento de los gobernadores, al interior de sus partidos o en el escenario político en su conjunto?

Desde el aspecto económico, hay razones para creer que sí, aunque con matices según el caso. Desde lo político, el proceso de renovación de liderazgos en el peronismo y el respaldo popular que obtenga el macrismo, serán clave para definir el rumbo que tomen los gobernadores.

En lo que va de su gestión, el gobierno de Mauricio Macri tuvo en los gobernadores un pilar clave de apoyo: como facilitadores de mayorías en el Congreso, donde Cambiemos deberá aumentar sus bloques si quiere dejar de depender de los gobernadores; como garantes de consensos en torno a ciertas políticas públicas; y como “socios” de cara a la población, en cada visita de funcionarios nacionales a las provincias o de gobernadores a Casa de Gobierno. Una sociedad posibilitada por la desmoronamiento del kirchnerismo, la dispersión del peronismo, una agenda común en muchos casos, y por la concentración económica que le permitió al macrismo negociar con los gobernadores en una situación asimétrica (concentración que, paradójicamente, el kirchnerismo le dejó a Cambiemos).

Pero, no en menor medida, una sociedad por una mutua conveniencia. En ese sentido, señala Carlos Fara, “que la situación social se desmadre en las provincias crearía un clima de mal humor que no le conviene a Macri, de modo que en esa paz social son socios”. Para los gobernadores, por su parte, la foto con el Presidente, el ministro del Interior u otros funcionarios nacionales, ya es un activo en sí mismo. Intervenir en la escena nacional, mostrarse llevando reclamos de sus coprovincianos a Casa Rosada son puntos valorados en las provincias.

Pero en ese sentido, también, recientemente los gobernadores mutaron por momentos a una postura más crítica, ejerciendo también como actores de veto, con las objeciones a la reforma electoral y el rechazo a la suba de las tarifas -en un primer momento, al menos- como ejemplos más cabales. ¿Seguirán ocupando ese rol central -a favor o en contra del Gobierno- en los próximos años? ¿Se intensificarán las resistencias a medida que el peronismo inicie su recuperación y se aproximen las elecciones de medio término?

Según Fara, puede suceder, aunque hay que ser cautelosos. En primer lugar, porque el 15% que se les retribuirá a las provincias dista de ser suficiente para que puedan afrontar sus proyectos de obra pública, para los que seguirán necesitando del Gobierno Nacional. En segundo lugar, porque dada la situación “negativa” de la cual parten las provincias, con los fondos adicionales “estarían más cerca de salir a flote que de llegar a ser gobernadores más fuertes políticamente”. Pero además, porque el devenir del gobierno de Macri sigue siendo lo que determinará el accionar de los gobernadores opositores. “Depende cómo le vaya al Gobierno: si la actual gestión se deteriora, es claro que los gobernadores peronistas no van a desaprovechar la posibilidad; pero si se recupera, el Gobierno tendrá otra capacidad de maniobra”, apunta.

Por lo pronto, el año que viene en varias provincias los candidatos de Cambiemos deberán competir contra las listas que patrocinen los gobernadores peronistas o de terceras fuerzas, con los que hoy Macri mantiene una buena relación (el MPN, el Frente Cívico de Santiago, Juntos Somos Río Negro), lo que generará tensiones en varios distritos, como ya sucede en Córdoba.

En muchos casos, presumiblemente en aquellos donde la presión de radicales competitivos sea mayor, el Gobierno pondrá sus candidatos y tensará la relación con los gobernadores. En cambio, en otros bajo la órbita de gobernadores que cooperen con el oficialismo en el Congreso, según Fara, podría haber listas de Cambiemos poco competitivas, como ya se está conversando en algunos casos. “La gobernabilidad estructural es más importante que un diputado más o menos; sobre todo en esas provincias chicas en donde la distribución de bancas no varía tanto en función del porcentaje de votos”, sostiene. Para eso, también, habrá que esperar a 2017.

 

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