España: Las tres sombras de Brey

(Columna de Patricio G. Talavera)

De “disparate” o “peor escenario”, la convocatoria a unas terceras elecciones crece en fuerza.

Luego de ganar con 137 escaños y un tercio del electorado las elecciones del 26 de junio, Mariano Rajoy parecía estar abocado a reeditar, como todos los gobernantes españoles desde 1978 (salvo Lepoldo Calvo-Sotelo, en 1982) su gobierno por otra legislatura. Al conquistar 14 escaños más que en los comicios del 20 de diciembre, la ecuación que parecía enfrentar el Partido Popular lucía sencilla y su contexto, más que favorable. Su aliado natural, Ciudadanos, de Albert Rivera, había padecido un severo revés (más por la distribución del sistema electoral que por el voto en si mismo) y había pasado de 40 a 32 escaños. De todas maneras, la sumatoria daba 169, o 170 si se sumaba a la siempre predispuesta voluntad de la regionalista Coalición Canaria, dejando a Rajoy a tan solo seis votos de la mayoría absoluta, y con la alternativa de ser investido en segunda votación ,cuando ya no existiera el requisito de mayoría absoluta. Enfrente, los partidos relacionados con propuestas más progresistas, como el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Unidos Podemos, la sumatoria de Podemos e Izquierda Unida, aparecían golpeados y desmoralizados. En el caso de UP, sin el sorpasso al PSOE, y habiendo sumado tan solo 71 escaños (exactamente lo sumado por separado el 20-D y por debajo de lo que los sondeos marcaban), la estrategia de polarización para emerger como principal contingente del centroizquierda parecía agotada. El PSOE, por su parte, quedaba ambientalmente situado como ganador, al no cumplirse los vaticinios apocalípticos que lo daban ya como derrotado frente a la coalición rojimorada de Iglesias y Garzón. Pero eso no es suficiente: la representación lograda por Pedro Sánchez hoy es la peor de toda la historia democrática desde 1978, por debajo de las peores caídas: Felipe González en 1977 (29.3% y 118 diputados), y Alfredo Pérez Rubalcaba en 2011 (28.7% y 110 diputados). Incluso es aùn más baja que la lograda por el mismo Sánchez en diciembre, pasando de 90 a 85 bancas, dejándose por el camino otros 100 mil votos, que se suman al millón y medio de electores perdidos en 2015.

Todo parecía dado para que Mariano Rajoy Brey, con asistencia de partidos moderados regionales, como Coalición Canaria y el Partido Nacionalista Vasco, de extracción democristiana, desembarcara sin inconvenientes nuevamente en Moncloa. En ùlitma instancia, el duro golpe propinado al PSOE, hacía factible su abstención, lo que allanaba la investidura. Pero lo que fue imaginado como un paseo triunfal hasta la votación consagratoria, comenzó lentamente a emponzoñarse, surgiendo básicamente, tres sombras a la entronización del líder del Partido Popular como presidente del gobierno:

1) NO ES NO. “Señor Rajoy, No es No. ¿Que parte del No no ha entendido?”. Tajante, Pedro Sánchez se negó durante un semestre a pactar con quien había llamado “indecente” durante la campaña, y contra mucho pronóstico, continùa haciéndolo, con un refuerzo: el Comité Federal del PSOE ratificó la decisión de su líder, logrando Sánchez el favor de los siempre esquivos barones territoriales, por lo menos en esta decisión. La andaluza Susana Díaz, aspirante in pectore a la sucesión de Sánchez, decidió no abrir aùn el contencioso por el sillón de la sede de Ferraz, y alejar su imagen de cualquier eventual pacto con el PP. La tesis de Felipe González sobre una “Gran Coalición”, implícta o explícita con el PP, fue derrotada, y Sánchez viene resistiendo presiones de distinto tipo para cambiar la directriz marcada: No en primera y en segunda votación. Sin su abstención, y con el voto negativo seguro de Unidos Podemos, y los nacionalistas más radicales de Esquerra Republicana de Catalunya y los vascos de Bildu, el voto por la negativa emergía como una amenaza fuerte: 167 sufragios “antimarianistas”. Entiéndase el matiz: “antimarianistas”, no “antipopulares”. La “Operación Menina”, centrada en reemplazar a Rajoy con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamarina, nunca fue enfáticamente descartada por los referentes socialistas. La especulación gira en torno a si, luego del primer No, el PSOE resistirá y mantendrá su negativa en la segunda votación, cuando no exista el requisito de mayoría absoluta para elegir gobierno.

2) LAS VIUDAS DE RAJOY. Sin dudas, los representantes partidarios de los “nacionalismos periféricos” de Euskadi y Cataluña, hoy casi no tienen estímulos para reelegir a Rajoy presidente. Con el conflicto catalán escalado a alturas inéditas, la nueva Convergencia de Artur Mas y Jordi Pujol, ahora refundada (y refundida, tanto electoral como económicamente) como Partit Democrata Catalá intentó, en la votación de autoridades del Congreso, un acercamiento: votó las vicepresidencias propuestas por el PP, con la esperanza de que Rajoy facilitara el otorgamiento del grupo parlamentario propio, mediante una interpretación del reglamento, y facilitara así su financiamiento por más de 2 millones de euros más que saludables para la contabilidad del principal partido soberanista. La experiencia fue desastrosa: PDC no recibió contraprestación, y su jugada fue agriamente criticada por sus aliados radicales en Barcelona, nucleados en las Candidaturas de Unitat Popular (CUP), de los cuales depende la coalición soberanista Junts pel Sí (que integra PDC) para lograr estabilidad en el Parlament de Cataluña. Humillada por el PP y acosada por la CUP, difícilmente la bancada nacionalista, con 8 votos, esté tentada a darle ahora el premio mayor. Menos aùn el PNV, el cual enfrente un difícil examen en octubre, cuando Iñigo Urkullu busque la reelección como presidente vasco, en una comunidad donde Podemos amenaza su victoria, y Bildu le quita voto nacionalista. Un pacto PNV-PP sería el plan de campaña ideal en Euskadi para Podemos, Bildu e incluso el PSOE. Con ambas negativas, el juego se cerraría: la suma da 180 voluntades contra Rajoy, en un bloqueo imposible de superar, aùn con la abstención de uno de estos dos actores.

3) MUCHO CON POCO. Rajoy, Malquerido, luego de semanas donde fiel a su estilo, esperó a que el desgaste entregara a la resignación a sus rivales, facilitando su investidura, se abocó a buscar tardíamente apoyos, y logró establecer un dialogo con Ciudadanos, y su líder, Albert Rivera. Consciente de que sin el apoyo del PSOE su voto vale poco, Ciudadanos se dedicó a un doble juego: negociar como si su apoyo fuera fundamental, y presionar al PSOE por la abstención, buscando, hábilmente, construirse como articulador entre las fuerzas. Varias medidas parecen aprobadas, pero el Contrato Ùnico de Trabajo, propuesta estrella de Ciudadanos, ha empantanado las negociaciones, con un PP que se niega a sacrificar su propia Reforma Laboral. Las medidas contra la corrupción son otro foco de divergencia, con un PP asediado por sus propios escándalos.

Con el correr de los días, cada vez se acerca más la fecha de investidura, fijada para el 2 de septiembre, y más se aleja la posibilidad de una investidura. Rajoy, consciente de ello, se ha reservado el derecho a no comparecer, y renunciar a su nominación, algo que no prevee la constitución y abriría una crisis institucional sin precedentes. De “disparate” o “peor escenario”, la convocatoria a unas terceras elecciones crece en fuerza. Por primera vez, España se vería abocada a las urnas por tercera vez en menos de un año, entre villancicos y frío invernal.

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