Sindicalismo, unido… ¿para qué?

(Columna de Facundo Matos Peychaux)

La CGT proclamó su reunificación, aunque no está claro que vaya a tener una posición enteramente coordinada ni muy opositora al Gobierno como proclamaron algunos de sus dirigentes. El lugar de Massa y del peronismo.

Reunido el 22 de agosto, el Congreso de la CGT designó a Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento), Héctor Daer (Sanidad) y Carlos Acuña (Estacioneros) como integrantes del triunvirato que encabezará la nueva conducción colegiada de la central obrera. De este modo, confluirán las tres facciones que habían proliferado en los últimos años, bajo los liderazgos de Hugo Moyano (CGT Azopardo), Luis Barrionuevo (CGT Azul y Blanca) y Antonio Caló (CGT Alsina), cada uno de los cuales pudo elegir a uno de los integrantes del triunvirato.

Este paso, aunque fundamental, es más el primero que el último para asegurar la unidad de la conducción obrera, que se pondrá ponerse a prueba ante cada hecho político, económico o social que fuerce al sindicalismo a involucrarse. Es que, entre los líderes sindicales sigue habiendo estrategias y posturas muy distintas frente al Gobierno, el peronismo, el kirchnerismo, además de intereses políticopartidarios y de rama gremial contrapuestos.

En cambio, lo que los une es un mismo interés corporativo común a todos. Como advirtieron Fabián Bosoer y Santiago Senén González en la última edición de el estadista, los momentos en que la conducción del movimiento obrero se mantuvo unificada fueron la excepción antes que la regla. Entonces, ¿qué cambió ahora?

SINDICALISTAS, ¿A LA DEFENSIVA…

En primer lugar, cambió el Gobierno. Los primeros nueve meses de la gestión de Mauricio Macri significaron una importante pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores y una contracción del mercado laboral, dos cuestiones que van en contra de los intereses sindicales y de los logros que al gobierno anterior le habían permitido ganarse el respaldo del sindicalismo: la ampliación del mercado de trabajo, la recuperación del poder adquisitivo de los salarios –aunque en menor medida en los últimos años– y sobre todo, el aumento de la base de afiliados a los sindicatos, lo que dio lugar a “un proceso de recuperación del poder sindical y del salario de los trabajadores formales con pocos antecedentes en la historia reciente”, según el politólogo Andrés Schipiani.

Al menos en este primer semestre, con políticas que amenazan con derribar ese modelo, los gremios tuvieron que poner su grito en el cielo anticipadamente y lograr la reunificación para tener una posición de fortaleza frente al Gobierno, sostiene Schipiani. “Tiene que haber una propuesta del movimiento obrero hacia el Gobierno advirtiéndole lo que está mal, para que ellos empiecen a revertir esta situación urgentemente”, señaló Acuña en el acto de reunificación, en ese sentido.

Más aún, de un gobierno con una retórica a favor de los trabajadores, el cambio fue hacia uno con un discurso más favorable a los empresarios, con cuestionamientos a la movilización social y que puso en tema varios debates que generan resistencia en el gremialismo, como la discusión por la competitividad, la litigiosidad laboral y el ausentismo. Y con un programa económico que tiende a una mayor apertura de la economía a las importaciones y menos proteccionismo, lo cual afecta a las pequeñas y medianas empresas, cuyos intereses se alinean con los de los sindicatos dado que son las compañías que más trabajadores emplean.

Por otra parte, cambió también la forma de vinculación entre los sindicatos y el Gobierno. Del trato construido durante más de una década con el ex ministro de Trabajo, Carlos Tomada, pasaron al diálogo con su sucesor, Jorge Triaca, menos experimentado y menos respetado como interlocutor por parte de los gremios, como se vio cada vez que los líderes sindicales pidieron hablar con el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, o directamente, con el presidente Mauricio Macri, en lugar de hacerlo con Triaca.

…O EN OFENSIVA?

Pero en simultáneo, también hubo factores políticos que aceleraron la unión. Corrido el kirchnerismo de la escena, que alimentaba gran parte de los clivajes al interior del mundo gremial, la reunificación se volvía necesariamente más factible. “Desaparecido el liderazgo de Cristina Fernández, hay pocas razones ideológicas de fondo para que el sindicalismo de la CGT funcione dividido”, plantea Schipiani.

Por eso, además de un mensaje para el Gobierno, el acto del 22 de agosto también puede ser leído como un mensaje al interior del peronismo. Más aún, con las conocidas aspiraciones de Moyano de ver aumentar el lugar de los representantes gremiales en la política –y en el peronismo, en especial–, uno de los motivos detrás de la ruptura del camionero con el kirchnerismo.

En ese sentido, la ausencia de un liderazgo claro en el mundo peronista y la rediscusión del reparto de lugares en el justicialismo que se abrió luego de la derrota, ofrece una oportunidad clave para los líderes sindicales. No solo de cara al Gobierno, sino también en vistas a la discusión de las listas del peronismo en 2017, unidos son más, como reza la frase popular.

En términos políticos, a priori, uno con motivos para festejar es Sergio Massa. De los tres integrantes de la nueva conducción cegetista, dos son legisladores del Frente Renovador, y el tercero (Schmid) es cercano a Facundo Moyano, también legislador massista. No obstante, también es cierto que Acuña fue impuesto por el sector de Caló, el más cercano al kirchnerismo, y si bien Daer es diputado del Frente Renovador, no es menos cierto que es uno de los más díscolos del bloque renovador. A su vez, los nexos del moyanismo, representado por Schmid, no se agotan en el massismo. Por otra parte, todavía resta ver qué hara y qué éxito tendrá Massa para encolumnar al peronismo detrás suyo en los años venideros.

HACIA ADELANTE

Más que un cambio de nombres, la nueva cúpula esta vez anticipa cierta renovación sindical, advierte Ana Natalucci, investigadora del CONICET. “Este triunvirato tiene un perfil diferente, no tan pegado a experiencias pasadas, aún cuando sus nucleamientos de origen si lo sean, como en el caso de Daer y Acuña. En eso sí me parece que no es el triunvirato de 2004”, sostiene, en comparación al triunvirato que compusieron ese año Moyano, José Luis Lingieri y Susana Rueda.

No obstante, aunque entre bambalinas, es esperable que Moyano siga ejerciendo una fuerte influencia. Lejos de abandonar el sindicalismo por completo, en el reparto de las secretarías, el líder de Camioneros se quedó con la mayoría, y entre ellas, con varios espacios clave en términos de recursos y resortes de poder para seguir ejerciendo influencia a través de los suyos: la Secretaría Gremial quedó en manos de su hijo, Pablo Moyano; la Secretaría de Prensa será conducida por Jorge Sola; la de Cultura, Ciencia y Técnica fue para otro de sus hijos, Facundo Moyano; Omar Plaini será secretario administrativo; Amadeo Genta, secretario de Políticas Económicas y Sociales; y Abel Frutos, de Finanzas.

“Abandonando el sindicalismo, no (…) siempre se está. Hace poco (…) Schmid dijo que si bien ellos van a asumir los primeros lugares de la CGT, siempre van a estar haciendo alguna consulta conmigo. Uno siempre se tiene que brindar allí donde sea necesario. Y seguramente recibirán las críticas si veo cosas que no me gustan”, advirtió recientemente el camionero en una entrevista a la revista Crisis.

Por otro lado, hacia adelante, es esperable que la CGT reunificada lleve adelante un programa de distancia con el Gobierno, aunque probablememte no incurra en una férrea postura opositora. Las posturas todavía disímiles que existen en el semo de la central obrera, la exclusión de algunos gremios grandes (como el de taxistas, liderado por Omar Viviani, y el de bancarios, por Sergio Palazzo, centralmente) y la alineación de parte de la cúpula con el massismo –precisamente una de las ramas con varias coincidencias con el oficialismo–, tenderán seguramente a moderar las posiciones de la central obrera mientras sus intereses no se vean significativamente afectados.

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Sindicalismo, unido… ¿para qué? | Facundo Matos
4 años atrás

[…] (Publicada originalmente en la edición N°147 de El Estadista) […]

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